INTERNACIONAL

Israel-Palestina
El penúltimo crimen de Ariel Sharon

“¿El plan de Sharon es miel con un poco de veneno o veneno con un poco de miel? (Elías Zananiri, Portavoz palestino)”

Para vergüenza del mundo, Sharon, el genocida del pueblo palestino, se ha convertido en el enterrador de Arafat, símbolo al mismo tiempo de la lucha y la tragedia de Palestina, oponiéndose radicalmente a que se pudiera cumplir la última voluntad de Arafat de ser enterrado en Jerusalén, en la Explanada de las Mezquitas.

La misteriosa enfermedad de Arafat (los médicos aún no han podido explicarla) y su desaparición de la escena política, ha sido convertida por Sharon en otra de sus “operaciones quirúrgicas” contra el pueblo palestino.

Reforzado por la elección de Bush, pretende convertir la muerte de Arafat en una bomba de relojería que estalle en el seno mismo de las organizaciones palestinas. Con su negativa a enterrarlo en Jerusalén, aparte de impedir que se convierta en un centro de peregrinación, quiere que el enfrentamiento entre las diferentes fuerzas palestinas, acabe por desgastar aún más a la Autoridad Nacional Palestina, y llevarla a negociar una “nueva hoja de ruta” en condiciones de máxima debilidad que le permita imponer un mínimo Estado palestino.

Los intentos del actual primer ministro palestino, Abu Ala, y del secretario general de la OLP, Abu Mazen, ampliamente apoyados por los sectores más progresistas, por llevar a las fracciones de Hamas y la Yihad Islámica, a reconocer los Acuerdos de Oslo y abandonar las acciones terroristas, son torpedeados diariamente por Sharon con nuevos asesinatos de militantes de estos grupos radicales, y con su oposición al entierro de Arafat en Jeruslén, empujándoles a que sigan manteniendo la intifada armada.

Mientras Sharon y Bush imponen su “nueva hoja de ruta” centrada en debilitar la ANP, la Europa del eje sigue sin utilizar la única baza que podría trabajar a favor de la paz y los derechos del pueblo palestino, la presión decidida en todos los terrenos, político, económico (bloqueando los acuerdos con el gobierno de Sharon) y diplomático en la ONU (para imponer el envío de una fuerza de paz de cascos azules).

M.M.


Retirada israelí de los territorios ocupados:
Otra operación venenosa

“El ejército israelí seguirá controlando las fronteras de Gaza, tanto los 30 Km. de costas, como su espacio aéreo”

El pasado 26 de octubre la Knesset, el parlamento israelí vivió una jornada histórica, y al mismo tiempo paradójica. Sharon, con el motín del ala más ultraderechista del Likud, y con el apoyo de los partidos de la oposición laborista, aprobó un “Plan de Desconexión” para la retirada de la Franja de Gaza.

El ejército israelí, después de casi un mes castigando sangrientamente al pueblo palestino en la operación Días de Penitencia, que se ha saldado con 134 muertos -de ellos 30 niños- y más de 300 heridos, se retiraría así de los territorios ocupados, desmantelando la totalidad de los 21 asentamientos judíos establecidos en Gaza desde su conquista en 1967, además de cuatro asentamientos del norte de Cisjordania. En total, se calcula que unos 8.000 colonos israelíes serán evacuados de sus casas. Con este plan de retirada, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), recuperará el control terrestre en los 340 kilómetros cuadrados de la Franja de Gaza, y unos 860 kilómetros cuadrados de Cisjordania. El plan, que cuenta con el apoyo norteamericano, ha sido calificado por el Departamento de Estado como “una verdadera oportunidad de avance y de retorno al proceso político”.

Sharon, el mismo que años atrás impulsó los asentamientos, y que subió al poder con el eslogan “no entregar ni una pulgada”, impulsa la primera retirada de colonos en 37 años. ¿A que responde esta iniciativa? ¿A un gesto de buena voluntad?

Mientras Sharon pronunciaba su discurso en la Knesset, el Ejército israelí se retiraba de la ciudad de Jan Yunes, en la franja de Gaza, ocasionando la muerte de 17 palestinos y cerca de un centenar de heridos.

La ANP se ha apresurado a calificar con recelo este “plan de desconexión”como una “retirada parcial”, ya que el ejército israelí seguirá controlando férreamente las fronteras de Gaza (un trozo de tierra de apenas 10 km de ancho), y seguirá violando impunemente su espacio aéreo y su 30 km de costa. El viceministro de Defensa israelí, Zeev Boim, ha declarado que “La operación ha golpeado duramente a los comandos terroristas, y volver siempre es posible”, “La operación continúa sólo que de forma más reducida, hay otros medios para neutralizar la amenaza aparte de las fuerzas de infantería”. El portavoz palestino, Nabil Abu Rudeina, añadió también que el plan de Sharon “es un engaño” para eludir las negociaciones y el plan de paz conocido como la “Hoja de ruta”, auspiciado en su día por Colin Powell.

Otras retiradas de Israel

Esta no es la primera vez que Israel se retira de territorios previamente dominados a sangre y fuego. En sus cortos 50 años de existencia, el Estado de Israel ha protagonizado varios repliegues, según lo aconsejase la coyuntura. El 5 de junio de 1967 estalla la llamada “ Guerra de los Seis Días “ donde el ejército de Israel ataca a Egipto, Jordania y Siria provocándoles una gran derrota y ocupando la península del Sinaí de Egipto y los Altos del Golán de Siria, además de Jerusalén Oriental que se encontraban bajo soberanía de Egipto y Jordania. Estos países árabes pusieron en jaque a Israel cinco años más tarde lanzando un ataque sorpresa durante la festividad hebrea del Yom Kippur. En 1978, luego de arduas negociaciones patrocinadas por la Administración Carter en Camp David, Israel accede a retirarse del Sinaí a cambio de la paz unilateral con Egipto, que rompe la coalición de sus vecinos contra él.

Cuatro años después el ejército israelí, dirigido por el coronel Ariel Sharon, invade Líbano para eliminar a la guerrilla de la OLP que operaba desde el sur del país. La ofensiva israelí llega hasta Beirut, dejando tras de sí un reguero de miles de muertos y las principales ciudades arrasadas. Israel se retira poco después, dejando una guerra civil en el país y masacres como las de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila, en los alrededores de Beirut, donde, al mando de Sharon, se ejecuta a 3000 mujeres, niños y ancianos. Israel se anexiona una “zona de seguridad” de unos 1000km cuadrados en el sur de Líbano como parte de su “estrategia defensiva”.

La estrategia de Sharon

El propio Sharon en su discurso ante la Knesset hizo algunas declaraciones que dejaron boquiabiertos a algunos diputados de su partido: “Israel no quiere controlar a millones de palestinos. Un Israel democrático no puede permitírselo”, y manifestó estar dispuesto a hacer “concesiones dolorosas y apoyar la creación de un Estado palestino”. “Ya en 1988 dije en una reunión de los ministros y diputados del Likud que hay que dividir nuestra tierra”.

Para concluir, añadió que “Oriente Próximo es una región que no tiene piedad para los débiles”, y predijo que su “la espada no determinará el futuro”. Varios ministros votaron en contra del plan y otros cuatro, entre ellos el anterior primer ministro Benjamin Netanyahu, han amenazado con dimitir si no se convoca un referéndum para aprobar el Plan de Desconexión. La pregunta es: ¿podría Sharon enfrentarse a su propio partido sin haber recibido el respaldo del otro lado del Atlántico?

Tanto EEUU como Israel saben que es imposible impedir para siempre que los palestinos se doten de un estado propio y completamente soberano. Y en esta perspectiva, lo que trata es que el futuro Estado palestino nazca todo lo débil, fragmentado e intervenido posible.

Para empezar fragmentando y atomizando su territorio en dos partes incomunicadas entre si, Gaza y Cisjordania, y además atomizando aún más estos territorios. Sharon se retira de Gaza al mismo tiempo que anuncia que seguirá ampliando su muro, que dividirá de facto a Cisjordania en dos enclaves palestinos incomunicados entre sí. Seguido de practicar su tradicional política de hechos consumados, consintiendo la ocupación de colonos israelíes de las tierras más rentables y productivas, tanto económica como militarmente. El muro de separación consagra el control israelí de las zonas de Cisjordania con acceso al agua del río Jordán, que juega un papel estratégico importantísimo. Retirarse de la franja de Gaza, la parte más pobre de los territorios ocupados, no supone absolutamente ningún inconveniente si, además de dejarla sitiada por tierra, mar y aire, sirve para negociar que los asentamientos de Cisjordania, y por supuesto Jerusalén, la parte del león, se quedarán casi como están.

Pero la parte más importante de su estrategia consiste en doblegar al pueblo palestino desde dentro. Tanto EEUU como Sharon buscan dejar a los sectores más proyanquis de Al Fatah al frente del gobierno, sobre la base de ir eliminando (físicamente incluso) a los sectores más independientes, sean o no terroristas.

No en vano dice Elias Zananiri, portavoz palestino que “La pregunta que hay que hacerse es si el plan de Sharon es miel con un poco de veneno o veneno con un poco de miel”

P.M.Escanciano

Bush y Sharon utilizan la desaparición de Arafat para enfrentar a los palestinos.