INTERNACIONAL EEUU “Bush ha conseguido “cuatro años más” para desarrollar un proyecto que en su conjunto constituye una auténtica dictadura terrorista mundial” |
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Las primeras
reacciones de Bush tras su reelección no admiten dudas: “he
ganado un capital político y pienso gastarlo para lo que dije”. Por eso los llamamientos a la “moderación” de Bush no dejan de ser ilusiones peligrosas. El triunfo de Bush es una amenaza para la paz, la libertad y la independencia. No ya por el carácter belicista de la administración Bush, sino porque detrás de ella se esconde el proyecto de instaurar una auténtica dictadura terrorista mundial, sostenido por los sectores más agresivos y aventureros de la burguesía norteamericana. Planes que sólo pueden imponerse a sangre y fuego, que sólo pueden deparar un grado mayor de barbarie. Un proyecto meditado Se ha caricaturizado a Bush hasta la saciedad. Y eso ha impuesto una visión superficial que impide comprender la realidad. Los peligros de la administración Bush no provienen del alocado belicismo de un cow-boy irresponsable, ni de una corte de halcones aventureros. La amenaza está en que representan a los sectores más negros de la superpotencia estadounidense, los más ligados al complejo militar industrial, y por ello más agresivos y aventureros. De todas las acciones que han desplegado desde su irrupción en la Casa Blanca, ni una sola ha sido fruto de arrebatos belicistas o fundamentalistas. La guerra de Irak, el asesinato político de la ONU, el recorte de libertades, son elementos que ya encontramos en informes estratégicos elaborados por los Rumsfeld y Cheney mucho antes del primer mandato de Bush. Y están integrados dentro de un proyecto general que obedece a motivos más fríos: como mantener la hegemonía mundial durante las próximas décadas. La línea Bush es una respuesta al inexorable declive norteamericano, convertido en un gigante con pies de barro donde su omnímodo poder político y militar está absolutamente desproporcionado respecto a un peso económico en el mundo que paulatinamente decrece. Una situación que obliga a la burguesía norteamericana a ejecutar “golpes preventivos” con el fin de detener desesperadamente una pendiente que amenaza, en el largo plazo, su situación hegemónica. Este es el centro del proyecto político que encarna la línea Bush: la respuesta de los núcleos más duros del complejo militar industrial para asegurar que EEUU mantiene la hegemonía mundial en las próximas décadas. Aplicando una receta que se centra en el único campo donde EEUU no atisba un competidor serio en el horizonte: la superioridad militar, especialmente en el terreno tecnológico. Utilizar esa superioridad para conseguir un poder incuestionable y levantar un muro infranqueable para sus rivales se ha convertido en el objetivo de estos sectores de la burguesía norteamericana. Por eso, los presupuestos militares norteamericanos, el tamaño elefantiásico del entramado del complejo militar industrial, crece hasta proporciones desmesuradas. Un proyecto que se plasma
en la imposición de un estado de guerra y excepción permanente,
bajo la cobertura de “la guerra contra el terrorismo”. Y donde
EEUU se auto otorga la capacidad para intervenir militarmente en cualquier
lugar del planeta, remover gobiernos o instaurar bases militares. Primero
en Afganistán, luego Irak, mañana… Imponiendo al resto de potencias
la exigencia de renunciar a cualquier tipo de hegemonía, siquiera
regional, por las buenas o por las malas. Bush reclamó “cuatro años más” para desarrollar este proyecto, que en su conjunto constituye una auténtica dictadura terrorista mundial. Sólo a sangre y fuego Un proyecto que por su propia naturaleza sólo puede imponerse a sangre y fuego. Necesitan imponer un estado de guerra y excepción permanentes, que coloque la fuerza militar como única guía de las relaciones internacionales. Precisan golpear permanentemente a sus posibles rivales imperialistas –desde cerrar un cerco a China que controle su expansión, hasta paralizar la hegemonía política del eje franco-alemán sobre la UE-. Están obligados a imponer un drástico recorte de libertades, jibarizando la democracia para que no sea un obstáculo en los planes del imperio. Encuadrando al pueblo y la sociedad norteamericana, sometiéndola al dictado del miedo para que acepte las aventuras belicistas. Quieren alcanzar, redoblando los bombardeos y la represión, un dominio estable sobre Irak. Y Bagdad no va a ser la última etapa de la hegemonía norteamericana en Oriente Medio, que conocerá nuevos episodios agudizando las presiones sobre Irán o Siria. Necesitan aprovechar su triunfo electoral para intentar desplazar a los sectores que dentro de la burguesía norteamericana se han opuesto a la línea Bush, y apostaron cerradamente por Kerry. Esta es su naturaleza. Tanto del complejo militar industrial como del proyecto hegemonista que arrojaron contra el planeta tras el 11-S. El resultado de la batalla por la Casa Blanca les ha fortalecido, y ahora se disponen a “gastar el capital” que han ganado para imponer sus intereses. ¿Se puede esperar otra cosa? Habrá más Iraks,
habrá más 11-M, habrá más recorte de libertades. Primero la pugna en el mismo seno de la burguesía norteamericana. La polarización de estas elecciones evidencia que los intereses entre los dos sectores de la clase dominante estadounidense, reflejados en la disputa entre Bus y Kerry, son irreconciliables. El desarrollo de la línea Bush amenaza con desplazar a los sectores más dinámicos, en beneficio de los núcleos más duros del complejo militar industrial. El reordenamiento mundial que propugna la línea Bush va a agudizar la disputa interimperialista en cada rincón del planeta, azuzando las ambiciones de hegemonía de las diferentes potencias sobre sus áreas de influencia. Tras unos meses donde el eje franco-alemán ha aprovechado la disputa en la burguesía norteamericana para avanzar en su dominio sobre Europa –aprobando la constitución europea, empujando hacia un cambio de gobierno en España, neutralizando a Polonia…-, es inevitable que esta disputa se refleje en Europa, a pesar de la “moderación” que Chirac y Schröeder ofrecen a Bush. Las pretensiones de la administración
Bush para forzar la renuncia de cualquier proyecto de hegemonía,
siquiera local, choca frontalmente con la naturaleza de esta disputa imperialista,
y contribuye a enconarla. No se puede esperar del lobo que se convierta en una oveja. Las ambiciones hegemonistas que representa la línea Bush sólo pueden ofrecer más agresiones, guerras y recorte de libertades. Los bombardeos intensivos de Faluya a las pocas horas de la reelección de Bush son un indicativo de lo que podemos esperar. Francesc Ten |
Habrá
más Iraks, habrá más 11-M, habrá más
recorte de libertades.
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