CONTRAPORTADA

El 84% de la población, orgullosa de ser española

“Para quienes participan de la «leyenda negra» de España y confunden el sometimiento al Eje franco-alemán con la «vuelta al corazón de Europa», el Latinobarómetro del CIS arroja unos resultados entre incomprensibles e indeseables”

La inmensa mayoría de la población, como no puede ser de otra manera, está orgullosa de ser española. De nuestra historia, de nuestro presente y de un futuro en común, compartido con los pueblos hermanos y el resto de pueblos del mundo.

¡Qué provocador es el pueblo cuando se pone! Casi tanto como crueles son los niños. El CIS ha presentado los resultados del Latinobarómetro, una encuesta que realiza anualmente y que ha sacado a la luz que el 84% de los españoles se declara «orgulloso o muy orgulloso de serlo».

En una situación normalizada, en «los países de nuestro entorno» como les gusta decir a los políticos; es decir en países como Francia, Alemania o Estados Unidos, esto no tendría mayor interés ni causaría tanta sorpresa, como no hay razón para enorgullecerse de ser mamífero, primate, de Massachussets o de San Benito de la Contienda. Aunque sólo un escaso 2% de españoles responde que no lo es –español, no orgulloso–, como el ornitorrinco, que no sabe si es pato o rata.
Los resultados de esta encuesta habrían enloquecido al mismísimo Napoleón –otra vez–: revelan que las instituciones de más confianza de los españoles son la policía y el ejército, y las menos afectas la Iglesia y la televisión. Lo que apunta a una sabiduría popular que no aprecia lo menos bueno sino que abomina lo peor.

Los datos revelan que la obsesión de las fuerzas políticas por la vertebración –o más bien desvertebración– del Estado y del país es un debate alimentado y magnificado por intereses ajenos a las preocupaciones y, sobre todo, a los intereses populares, –que son al parecer el paro y el terrorismo–, y que sólo la intervención interesada de fuerzas ajenas al pueblo intentan poner en peligro la convivencia, la solidaridad y la cohesión nacional de España.

Otro aspecto a resaltar de la encuesta es que, a la hora de enumerar los países miembros de la Unión Europea, los encuestados comienzan por Francia y Alemania –91% y 83%– (el Eje) antes que España –70%. Fruto posiblemente de la infausta campaña gubernamental que confunde el sometimiento a los intereeses del Eje con la «vuelta al corazón (de las tinieblas) de Europa. Los países más ricos serían Alemania e Inglaterra, los más representativos de Europa –cómo no– Alemania y Francia, pero España sería el más democrático.

Para quienes hacen del odio a España o de la constante reivindicación insolidaria contra los demás su bandera política, los sentimientos del pueblo español, de Cádiz a San Sebastián y de la Coruña a Barcelona, son a partes iguales incomprensibles, molestos e indeseables. Ornitorrincos.

J. P.


El orgullo y la responsabilidad de ser españoles

“El sentimiento de pertenencia a un grupo o nación está hoy indisolublemente ligado a una cuestión de clase: el nacionalismo de cualquier signo es parte integrante del proyecto de construcción nacional de la burguesía por acotar su mercado, su posesión, tanto en territorio, riquezas y medios de producción como en cuota-parte de mano de obra explotable.

Sobre este interés de clase erigen glorias pasadas, héroes y padres de la Patria, y por supuesto enemigos, reales o ficticios –mayormente los vecinos más inmediatos–, que cohesionen a la población dominada.

Población, y no pueblo, pues aunque los Estados tienden en ese proceso a formarse abarcando a la nación y en base a una misma lengua, es la lucha, el enfrentamiento y la correlación de fuerzas entre cada burguesía «según su capital, según su fuerza» la que delimita en última instancia las fronteras de los Estados. En ninguna parte del mundo, ni siquiera en Europa, las fronteras coinciden con ningún «pueblo originario» sino con el sanguinario bisturí de las guerras o los tratados imperialistas (éstos a veces más ignominiosos que las propias guerras).

El cuarteamiento de Hispanoamérica por los imperialismos inglés y estadounidense, la sajadura del continente africano a manos de las potencias europeas, incluso las amputaciones periódicas de las naciones de Europa tras cada convulsión bélica son el origen real de las fronteras y no la lengua, la cultura o las afinidades culinarias.

Pero mientras la burguesía restringe la humanidad al estrecho margen de la organización nacional, el proletariado la expande y la libera en una perspectiva global, internacionalista. El proletariado no tiene país. No es nacionalista sino patriota en la medida en que es antiimperialista: en la medida en que lucha contra la opresión y la explotación de las burguesías más fuertes del planeta, que no sólo explotan y oprimen a sus pueblos sino a otros pueblos y países del mundo, se realiza en un marco estatal históricamente determinado. En sus manos, las lenguas y las culturas unen y no dividen. Y unen contra la opresión de los enemigos comunes, de los que azuzan el enfrentamiento entre los pueblos y las naciones para debilitarlos y someterlos mejor.

Que el 84% de la población se declare orgullosa de ser española es una excelente noticia para todos excepto para quienes hacen de la diversidad que nos enriquece un arma arrojadiza contra nuestos vecinos, contra nuestros hermanos.

Pero no es suficiente. España forma parte de una comunidad iberoamericana, que constituye ya una resplandeciente plataforma de lucha antiimperialista. Los ibero-americanos formamos una comunidad histórica de más de 400 millones en continuo fluir, ir y venir, en ambas orillas del Atlántico. Y nuestro país, la orilla oriental de esta comunidad, constituye un poso y fusión de milenarias culturas mediterráneas. Nos acompañan seis siglos de impregnación y mestizaje con la cultura y tradiciones árabes –y judías– y otros tantos con las naciones de Europa Occidental; de cuyo despegue como civilización no fueron los reinos de España comparses sino vanguardia.

Una realidad no sólo antagónica a los nacionalismos excluyentes sino también a la España enclaustrada y servil que ansían Washington, París y Berlín.

Joaquín Pascual

Que el 84% de la población se declare orgullosa de ser española es una excelente noticia para todos excepto para quienes hacen de la diversidad que nos enriquece un arma arrojadiza contra nuestos vecinos, contra nuestros hermanos.