PERFIL

Desaparición de Yasser Arafat
Un pueblo llora a su líder

“Con Arafat muere no sólo un líder político, sino el auténtico «padre» de la causa palestina”

Coincidiendo prácticamente en el tiempo con la reelección de Bush, la muerte de Arafat añade una nueva pieza al tortuoso puzzle de Oriente Próximo. Deseada por unos, temida por otros y llorada por la totalidad del pueblo palestino, la desaparición de Arafat abre un cúmulo de nuevas contradicciones e incógnitas de cuya resolución depende en gran medida el futuro del pueblo palestino y la paz y la estabilidad para la zona.

Con Arafat muere no sólo un líder político, sino el auténtico “padre” de la causa palestina. Cuando ahora muchos presentan su trayectoria vital y política como un juego contrapuesto de luces y sombras, en el balance histórico de su obra siempre perdurará, como aspecto esencial, su condición de líder abnegado e infatigable de la causa del pueblo palestino y de luchador antiimperialista por el que, justamente, se ganó el inmenso cariño de su pueblo y el respeto y el reconocimiento de los pueblos oprimidos del mundo.

Con la ayuda de su dirección y de su línea (y a pesar de algunos graves errores de principio como la utilización durante un período de tiempo del terrorismo como medio de lucha o el alineamiento incondicional con el socialimperialismo soviético), el pueblo palestino ha conseguido tras seis décadas de innumerables padecimientos provocados por el imperialismo, el hegemonismo y el sionismo, mantener viva la llama de su derecho a poseer un Estado independiente y a ver su causa reconocida internacionalmente. El nuevo reto al que se enfrenta el pueblo palestino y los sucesores de Arafat es, perseverando en los aciertos y aprendiendo de los errores, hacer realidad los objetivos por los que Yasser Arafat entregó toda su vida. Reto que se va a enfrentar, en lo inmediato, a nuevas dificultades tanto internas como externas.

En el plano interno, la muerte de Arafat es, al mismo tiempo, la desaparición de uno de los pocos símbolos dotados del prestigio y la autoridad necesarias para mantener, mal que bien, el imprescindible cemento de unión entre las distintas facciones políticas y militares que dividen al pueblo palestino. Los sucesores de Arafat al frente de la Autoridad Nacional Palestina y de la OLP deberán redoblar sus esfuerzos por lograr un campo común de entendimiento con el resto de organizaciones populares palestinas. Los confusos incidentes durante el entierro de Arafat, así como el anuncio de Hamás y la Yihad islámica de no concurrir a las elecciones presidenciales de enero no son ningún buen augurio. A mayor división en el seno de las fuerzas palestinas, mayor fortaleza para que el hegemonismo norteamericano y el sionismo israelí impongan sus designios para el futuro del pueblo palestino.

En el plano externo, las negociaciones para la aplicación de “la hoja de ruta” diseñada por Colin Powell y la creación del nuevo Estado palestino se van a enfrentar, muy probablemente, a unas nuevas condiciones de agresividad y dureza por parte de Sharon y Tel Aviv.

La reelección de Bush es una muy mala noticia para el pueblo palestino. Pues aun cuando Bush necesite imponer una cierta ralentización en el conflicto palestino-israelí (o al menos rebajar algunos grados sus manifestaciones más antagónicas) a fin de poder concentrarse en la pacificación y estabilización de Irak –requisito imprescindible para acometer el reordenamiento de todo el Gran Oriente Medio–, lo cierto es que su victoria electoral da nuevas fuerzas al lobbie pro-judío sólidamente instalado en muchos de los puestos claves de su Administración. Ya que parece imposible impedir el surgimiento de un Estado palestino independiente, la actuación de Sharon y de Bush se dirigirá a que éste nazca debilitado, raquítico, enfermizo y atomizado desde un principio.

Sea como sea, lo único seguro en este complejo proceso que se avecina tras la muerte de Arafat es que la indoblegable voluntad de resistencia del pueblo palestino acabará, más tarde o temprano, haciendo finalmente realidad el viejo sueño de Arafat: la creación de una Estado palestino independiente asentado sobre un territorio propio y libre.

A. Beloki

Primera visita de Yaser Arafat a España en septiembre de 1979, donde fue recibido con honores de jefe de Estado por el entonces presidente del gobierno español, Adolfo Suárez.