NACIONAL Las
nuevas revelaciones sobre el 11-M “La UCO de Félix Hernando, implicado en la trama de los GAL, acaba por aparecer siempre en la trama del 11-M, ¿qué intereses defendía?” |
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| Las investigaciones sobre el 11-M se han convertido en un pozo sin aparente fondo de revelaciones inquietantes, un mapa sombrío de los caminos turbios que determinan, siempre en la sombra, el rumbo político. Los últimos datos vuelven a sacar a la luz la persistencia de algunos aparatos del Estado por archivar los numerosos indicios y avisos de la matanza de Atocha recibidos. Mientras unos se empecinan en aferrarse a la autoría de ETA, otros despachan la turbia y omnipresente presencia de las “cloacas del Estado” hablando únicamente de negligencias y descoordinación entre la policía y la guardia civil. Ni la comisión parlamentaria ni la judicatura parece interesada en investigar la pista de la intervención de los servicios secretos marroquíes –documentada por múltiples indicios-, ni el hilo que coloca en Francia el origen de la financiación del 11-M. Las “cloacas del Estado” Una cinta de cassete, encontrada en un pequeño cuartel asturiano, ha abierto una nueva vía de investigación en la trama del 11-M. En ella, un confidente policial, Lavandero, revelaba a un agente de información de la guardia civil que Trashorras –el contacto que proporcionó la dinamita de los atentados, y también confidente de la guardia civil- intentaba ya en 2001 montar bombas activadas a través de teléfonos móviles. Lavandero avisó ocho veces más a los mandos intermedios de la benemérita asturiana. Insistiendo en que Trashoras, junto a su socio Antonio Toro, tenían previsto dirigirse a Marruecos para “prepararlo todo”. La guardia civil no sólo no hizo nada, sino que llegó a un acuerdo con Trashorras y Toro para camuflar un delito de tenencia ilícita de armas. Cuando el pasado16 de octubre, con la investigación judicial y parlamentaria en marcha, el agente de la guardia civil volvió a insistir ante sus superiores en la existencia de la cinta, éstos volvieron a ocultarla. ¿Por qué no se desarticuló la banda de Avilés, con estrechas conexiones con la guardia civil? Pero es todavía más inquietante saber que la guardia civil de Asturias creó, con presencia de la Unidad Central Operativa (UCO), una unidad que investigó a Trashorras y Toro durante meses. La UCO –al mando de Félix Hernando, implicado en el entramado de los GAL, y según todos los indicios, contacto en la guardia civil de Vera– había sido avisada por Zouhier de que Trashorras trataba con grupos de marroquíes. ¿Por qué no actuaron a pesar de tantos indicios? Después de septiembre de 2003, la unidad de vigilancia de la UCO sobre la “banda de Avilés” permaneció “durmiente”. ¿Qué papel cumplió desde las sombras? Es difícil aceptar las versiones que hablan de negligencias y descoordinación. Hay demasiadas coincidencias: casi todos los integrantes del comando ejecutor estaban fichados y vigilados, los que proporcionaron los explosivos eran confidentes y colaboradores de la guardia civil, varios confidentes como Zouhier y Lavandero avisaron de un tráfico de explosivos donde estaban implicados grupos de marroquíes, que evidentemente sólo podían ser terroristas islámicos… Si tras todos esos indicios no se hizo nada, no estamos ante una cadena de errores, sino ante un plan consciente. Revisando los pasos previos al 11-M dados por la policía y la guardia civil, acabamos por encontrarnos, casi siempre, un agujero negro, la UCO de Félix Hernando, una de las unidades de carácter más turbio. Una especie de sumidero que tapona cualquier posible respuesta. ¿A qué intereses obedecían? La pista franco-marroquí Algunas veces resulta más revelador lo que no se hace. El SUP, sindicato de policía, afirmaba en un reciente comunicado que “hay otras hipótesis que deberían investigarse. Por ejemplo la apuntada por Casimiro García Abadillo en su libro “La Venganza” sobre la implicación de servicios secretos extranjeros en los atentados. ¿Qué gobierno reconocería tal implicación, aun con prueba, ante un vecino apoyado por la mayor potencia militar? ¿No sería ese hecho motivo de una política de ocultación, que en lenguaje político sería “de interés de Estado”, para evitar la inestabilidad consiguiente”. ¿Por qué no se investiga la pista marroquí? Hay otros hilos internacionales que estirar en el 11-M. El servicio francés de contraespionaje (la Dirección de Vigilancia del Territorio) acaba de destapar una trama de financiación en territorio galo vinculada al Grupo Islámico Combatiente Marroquí, que financió los atentados de Casablanca contra la Casa de España, y que también se encuentra relacionada con el 11-M a través de la figura de El Egipcio. Amer el Azizi, hombre de confianza del jefe de Al Qaeda en Europa, y contacto con las células del 11-M, residía en París. Lo mismo ocurre con David Courtailler, conocido como Daoud tras su conversión al Islam, considerado una pieza clave en los atentados de Casablanca, y relacionado con Jamal Zougam, uno de los miembros del comando del 11-M. Es detenido en Francia, pero los servicios secretos galos no informaron de todo esto al CNI español, y sí a sus homólogos marroquíes. Intoxicando la verdad Para estar en condiciones de llegar hasta la verdad es necesario librarse primero de las intoxicaciones. En la investigación del 11-M, algunas espesas cortinas de humo impiden poder siquiera vislumbrar el contorno del bosque, arrojadas tanto desde la derecha como desde la izquierda. El PP insiste empecinadamente en encontrar alguna evidencia de la implicación de ETA en los atentados de Atocha. Cuando desde la Unidad Central de Inteligencia de la Policía hasta jueces independientes como Garzón, han descartado por completo la participación de ETA en la preparación o ejecución del 11-M, la derecha intenta sembrar la confusión para esconder debajo de la alfombra la manipulación del gobierno de Aznar. Pero las maniobras del PP son demasiado burdas, no consiguen engañar a casi nadie. Existen otras intoxicaciones más sibilinas y peligrosas. Como la que intenta descalificar como “una posición que le hace el juego a Aznar” cualquier intento de elevar las responsabilidades del 11-M por encima del comando de terroristas islámicos que lo ejecutaron. Y que llaman a cerrar el caso, aceptando a lo sumo una cadena de negligencias por parte de la policía y la guardia civil, intentando cerrarnos los ojos ante el cúmulo de inquietantes evidencias que se han revelado. ¿Cómo que empeñarse en saber toda la verdad es hacerle el juego al PP? ¿Cómo va a ser el cerebro de una operación de tantas repercusiones políticas como el 11-M una célula marginal de Al Qaeda? Como algunos se empeñan en difundir hoy, también ayer existieron voces que descalificaron como “teorías conspirativas” cualquier referencia a que detrás del golpe de Pinochet en Chile se encontraba la mano del hegemonismo norteamericano. Siempre, las denuncias contra “teorías conspirativas” cumplen la función de evitar que aparezca la implicación del imperialismo. No se podrá desentrañar la verdad si no partimos de que el 11-M no fue sólo la respuesta de un grupo de terroristas islámicos al apoyo de Aznar a Bush, sino sobre todo un golpe político pensado y diseñado para influir, no sólo en la situación nacional, sino en el equilibrio de fuerzas del tablero mundial, debilitando a Bush y desbloqueando el frente de oposición a los planes franco-alemanes en Europa. Y que quien tiene el poder y la capacidad para ejecutar golpes de este calibre, son las potencias imperialistas. La trama de Al Qaeda “Existen indicios que implican en el 11-M a los servicios secretos marroquíes, y pistas que relacionan la financiación de los atentados de Casablanca y Atocha con Francia. ¿Por qué no se investigan?” La comisión no sólo no se puede cerrar, sino que ha de abrir todas las vías de investigación posibles y ponerlas al servicio de los jueces y policías que llevan la investigación. No está todo claro. Pero sí hay ahora muchas más vías abiertas, lo que es una situación mucho más favorable para avanzar en las investigaciones hacia el centro o centros de poder que decidieron, consintieron o colaboraron con el atentado terrorista más grave de nuestra historia reciente. Y, por eso mismo, cualquier intento por impedirlas es aún más despreciable. La comisión no puede seguir siendo el escenario donde se enfrentan PP y PSOE, tiene que seguir abierta para investigar las vías abiertas y establecer, sobre todo, qué potencia o potencias hay detrás del 11-M. Con todas sus consecuencias. La importancia de las últimas revelaciones sobre el 11-M, que ponen de manifiesto la relación de Al Qaeda con los terroristas, una de las tramas que convergieron el 11-M, tiene importancia porque pone de manifiesto lo equivocados que están quienes ya “lo saben todo” y descartan vías que aún no están investigadas. Es el caso del ex-director del CNI, Jorge Dezcallar, del ministro del Interior Alonso, o del fiscal general Pumpido, que han hablado del comando de Leganés, como un comando inspirado en Al Qaeda pero sin una vinculación con su dirección. Ahora se empieza a saber, según El Mundo y la prensa italiana, que un importante imán radical saudí, Salman Al Aouda, amigo personal de Bin Laden, financió a Mohamed El Egipcio, detenido en Italia y que sería el contacto con El Tunecino, jefe del comando suicidado en Leganés. Y que según la policía, algunos de los implicados en la matanza han reconocido contactos con el emir Abu Mudad al Suri, considerado uno de los jefes de Al Qaeda en Europa. Francesc Ten |
Existen demasiadas pruebas de implicación de algunos aparatos del Estado en la trama del 11-M como para que puedan ser explicadas como simples negligencias o descoordinación.
No se podrá desentrañar la verdad si no partimos de que el 11-M no fue sólo la respuesta de un grupo de terroristas islámicos al apoyo de Aznar a Bush, sino sobre todo un golpe político pensado y diseñado para influir, no sólo en la situación nacional, sino en el equilibrio de fuerzas del tablero mundial, debilitando a Bush y desbloqueando el frente de oposición a los planes franco-alemanes en Europa.
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