EDITORIAL INTERNACIONAL

Primeros pasos de Bush: ataques y amenazas
Mal acaba lo que mal empieza

“Aumento del genocidio en Irak, amenazas directas a Irán, hegemonía de los sectores más duros de la línea Bush… los primeros pasos de Bush no pueden ser más inquietantes”

Mientras cancillerías y medios europeos suplicaban “un segundo mandato de moderación”, la administración Bush se ha encargado de dibujar con sus primeros pasos un panorama inquietante. Han bastado unos pocos días para confirmar lo evidente: la reelección de Bush supone un redoblamiento de las amenazas hacia la paz y la libertad.

Pocas horas después de que Bush estrenara nuevo mandato afirmando que “hemos ganado un capital político, y pienso gastarlo para lo que dije”, las bombas en Irak se encargaban de dar contenido a sus palabras. Las tropas norteamericanas han emprendido una nueva ofensiva militar, arrasando ciudades como Faluya, elevando el número de muertes, que según organizaciones médicas se eleva hasta las 100.000.

Estabilizar Irak a golpe de tierra quemada, rápido y al precio que sea, para poder avanzar en su proyecto del Gran Oriente bajo hegemonía norteamericana. Porque las amenazas nada veladas al régimen de Teheran anuncian que las ambiciones del complejo militar industrial no se detienen en Bagdad.

El gobierno iraní ha anunciado la paralización del programa de enriquecimiento de uranio, accediendo a todas las peticiones de la Organización Internacional de la Energía Atómica. Pero, tal y como ya hizo en Irak, la administración Bush no está dispuesta a que la realidad altere sus planes bélicos. Bush arrojó durante la cumbre de la APEC amenazas públicas contra Irán, mientras el mismo Powell afirmaba que “ciertas informaciones sugieren que los iraníes trabajan activamente en sistemas de lanzamiento de misiles con carga nuclear (…) no tengo ninguna duda de que están interesados en un arma nuclear que tenga una utilidad”.

En los informes donde Rumsfeld y Cheney anunciaban, meses antes del 11-S, las guerras de Afganistán e Irak –como medio para asentar el dominio norteamericano en Oriente Medio y Asia Central–, Irán era señalado como un objetivo más. Dados los precedentes, la reactivación de las amenazas a Teheran no anuncia nada nuevo.

Si la dimisión de Powell era una noticia ya anunciada, el nombramiento de Condolezza Rice como secretaria de Estado –ejecutiva petrolera y directamente relacionada desde la guerra fría con los sectores más agresivos del Pentágono- rompe el equilibrio en la línea Bush a favor de los sectores más duros.

La batalla entre el sector de Cheney y Rumsfeld frente a Powell –partidario de limitar el aventurerismo, y someter el ritmo y las formas a la construcción de alianzas lo más amplias posibles, como sucedió en Afganistán– se ha decantado, anunciando un endurecimiento, si cabe, de la política exterior.

Fuentes norteamericanas están denunciando una “purga” dentro de la CIA y el departamento de Estado de quienes durante estos últimos meses se han opuesto a la línea Bush. Un movimiento que evidencia la intención de los núcleos duros del complejo militar industrial para aprovechar la victoria electoral y afianzar su hegemonía en los aparatos de poder norteamericanos.

El desprecio a las libertades y los derechos democráticos que han caracterizado los primeros cuatro años de Bush, amenaza con perseverar con el nombramiento como Fiscal general de Alberto Gonzales, redactor de buena parte de los informes que condujeron a la ignominia de Guantánamo.

No es casual que la reelección de Bush haya sido acompañada del asesinato en Venezuela del fiscal que investigaba las tramas del golpe de Estado contra Chávez, “teledirigido” desde Washington. Un aviso del “talante” que Washington piensa aplicar a los gobiernos y países que están desafiando su autoridad.

El relegamiento del gobierno de Zapatero –excluido de las reuniones que Condolezza Rice con la UE- y las amenazas hacia España –algunos medios norteamericanos ya hablan de que la retirada de Irak no exime del riesgo de atentados- son también todo un indicio del tratamiento a los “díscolos”.

En su conjunto, los primeros pasos de Bush no pueden ser más inquietantes. ¿Pero es que podía ser de otra forma? Detrás de la administración Bush se encuentran los intereses de los sectores más duros del complejo militar industrial, que desde el 11-S han impulsado un proyecto que pretende garantizar la continuidad de la hegemonía norteamericana aplicando una auténtica dictadura mundial. Han estado dispuestos a cualquier cosa para ejecutar sus planes, ¿por qué se iban a detener ahora?

Después de momentos de zozobra, empantanados en Irak y enfrentados a la oposición de un sector de la burguesía norteamericana que apostaba por cambiar de línea en la persona de Kerry, han salido fortalecidos y se disponen a “invertir” el capital ganado. Provocando, además de sus agresiones, una agudización de la disputa imperialista en todos los rincones del planeta. La intervención francesa en Costa de Marfil, el Irak galo, o el fraude electoral para imponer al candidato proruso en Ucrania, demuestran que el resto de potencias van a utilizar también todas sus armas para asegurar el dominio sobre sus áreas de influencia.

En estas condiciones, sería un suicidio confiar en las “potencias pacifistas”, las que se oponen a la guerra en Irak pero masacran Costa de Marfil o Chechenia, la oposición al belicismo de Bush. El enfrentamiento con Washington de las burguesías alemana o francesa estará siempre en función de sus intereses imperialistas.

La reelección de Bush es una amenaza para la paz, la libertad y la independencia de los pueblos que es necesario detener.
Pero la historia demuestra que sólo la lucha de los pueblos ha sido capaz de derrotar al hegemonismo norteamericano.