INTERNACIONAL COSTA
DE MARFIL “Por el momento Francia se puede apuntar el tanto, pero ¿contestará Bush con el “ojo por ojo...” a cada una de las dificultades que le ha colocado Chirac en Irak? |
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Es imposible no preguntarse si existe una relación entre el último resurgimiento de la violencia en Costa de Marfil y la reelección de George Bush. Este interrogante, formulado por el periódico LE MONDE, encierra una de las claves del enésimo conflicto en la África postcolonial: matanzas, golpes de estado, enfrentamientos étnicos... un continente destrozado por el saqueo y expolio de las grandes potencias y en particular por Francia. El periódico parisino deja entrever que lo que se presenta como enfrentamientos étnicos de gente incivilizada, oculta la disputa por el control de las riquezas del continente africano que tiene hoy como principales protagonistas a la Francia de Chirac y los EE UU de Bush. El pretendido pacifismo de Chirac en Irak se torna intervencionismo militar y genocidio en África, hasta el punto de que el soneto de Quevedo: “cebolla en Valladolid y en Toledo mermelada. Puerta de Elvira en Granada y en Sevilla doña Elvira...” encaja a la perfección con el personaje. Chirac exhibe como un éxito del “derecho internacional” las sanciones impuestas por la ONU al régimen del presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, definitivamente aislado por la presión militar y diplomática de París. Pero al mismo tiempo, las históricas relaciones entre Francia y Costa de Marfil han alcanzado un punto de no retorno con el éxodo de 7.000 extranjeros, en su mayoría franceses o de doble nacionalidad, del total de 15.000 residentes. Francia sin África... “Francia sin África es una potencia de tercer rango”, esta máxima gaullista concentra la actuación francesa en el continente. La defensa de los intereses de compañías como la Air France, Vivendi, La Compañía francesa del Oeste de África o Totalfina Elf, requieren de ingentes esfuerzos políticos diplomáticos y militares. Costa de Marfil es el principal productor de cacao mundial y entre sus riquezas cuenta con explotaciones de oro, diamantes y petróleo. Los intereses franceses representan un tercio de las inversiones extranjeras en Costa de Marfil, y el 30% del Producto Interior Bruto. En cada ministerio un consejero francés sigue de cerca los negocios, y los grandes grupos económicos (Bouygues, Bolloré, EDF, Saur y los demás) están acostumbrados a obtener los contratos sin tener que afrontar la competencia internacional, mientras que bancos como Societé Generale, BNP o Credit Lyonnais, dominan completamente el sector financiero. En las elecciones, los partidos políticos de derecha cuentan tradicionalmente con financiación que viene de África. En el origen de la actual crisis en Costa de Marfil, París no dudó en alinearse de parte del actual presidente L. Gbagbo. El 19 de Septiembre de 2002, tropas rebeldes inician su avance hacia la capital, Abidján. Las tropas francesas instaladas en Costa de Marfil reciben refuerzos y se interponen con 3.000 hombres desplegados a lo largo de la línea de alto el fuego garantizando la supervivencia del régimen. Gendarme en dificultades En el 2.002 la Unión Europea y los países africanos que apadrinan la paz, exigen la apertura del mercado interno, decisión que perjudicó claramente los intereses franceses. Por su parte, el presidente Gbagbo no respetó ciertas reglas del juego tácitas y permitió que participaran del negocio del cacao firmas estadounidenses (Cargill, ADM). Además puso en competencia –en particular para la construcción del tercer puente de Abidján- las ofertas francesas y chinas (estas últimas dos veces más baratas) y amenazó con quitarle a Bouygues la concesión del agua y de la electricidad. Intentaba iniciar así una verdadera descolonización económica. Pero Gbagbo olvidaba que la contrapartida de los retornos financieros hacia la antigua metrópoli eran el precio de la estabilidad: el famoso pacto de defensa firmado con París, que permitió la instalación en Port Bouet del 43º Regimiento francés de Infantería de Marina, con la misión de defender a Costa de Marfil de cualquier amenaza exterior... aunque en realidad representan la fuerza militar que garantizaba el coto privado marfileño para las multinacionales francesas. A partir de las reformas económicas, Gbagbo pasa a acusar a Francia de estar defendiendo los intereses de los rebeldes y apoyándolos con sus tropas, las relaciones se van empeorando hasta llegar al bombardeo del ejército marfileño sobre la base francesa en la que murieron 9 soldados galos. La respuesta de LE MONDE al interrogante planteado al inicio seguía así: “Es sabida la atracción que siente el presidente Gbagbo por EE UU, así como el deseo de Bush de reforzar su influencia en África. Una Francia empantanada en Costa de Marfil podría mostrarse más comprensiva respecto a unos Estados Unidos con dificultades para conservar el control de Irak.” La crisis marfileña, en pequeña escala tiene grandes similitudes con la situación en Irak. Gbagbo, apoyado por Francia frente a los rebeldes, ha salido respondón y se ha convertido en una amenaza para los intereses franceses que rápidamente han decidido cambiar de bando (es de suponer que a cambio de futuras contrapartidas). Hasta ahora, la comunidad internacional apoyaba a Gbagbo, han sido los esfuerzos diplomáticos franceses los que han permitido las sanciones de la ONU contra el régimen marfileño. Por el momento Francia se puede apuntar el tanto, pero ¿pasará Bush a aplicar la ley del talión? ¿contestará con el “ojo por ojo y diente por diente” a cada una de las dificultades que le ha colocado Chirac en Irak? Y entonces... ¿Qué sería de la “grandeur” sin África? A Chirac le estalla la Suiza de África
Nueve militares franceses murieron a causa de los bombardeos del ejército de Costa de Marfil en la ciudad rebelde de Bouaké. Inmediatamente, Chirac ordenó destruir los pocos aviones con que contaba el ejército marfileño y el helicóptero presidencial. Francia ha conseguido que la ONU imponga sanciones al régimen del presidente Gbagbo. Pero ¿cuál es el origen de la crisis? Costa de Marfil fue un país modelo desde que en 1960 se independizó de Francia. La “Suiza Africana” se mantuvo establemente enrolada en el bloque occidental durante la guerra fría y, como el resto de las ex colonias francesas sufrió las consecuencias de la intervención directa de París sobre su economía. Un único presidente Henri Konan Bedie gobernó la ex colonia francesa hasta 1990. No existían odios raciales pese a los diferentes grupos étnicos y religiosos que integran el país: el norte y el oeste pertenecen a la mayoría musulmana, mientras que en el sur y el este dominan cristianos y animistas. Nunca había habido golpes militares hasta que en diciembre de 1999, Robert Guei derrocó a Bedie, pero 10 meses después, el general golpista tuvo que convocar elecciones que las ganó el único opositor civil, el actual presidente Laurent Gbagbo. Las elecciones se desarrollaron en medio de un caos fraudulento y en ellas no pudieron participar los dos partidos mayoritarios: el encabezado por el musulmán Alassane Outtara y el liderado por el derrocado Bedie. Francia reconoció al presidente Gbagbo. Nunca antes se habían producido enfrentamientos religiosos, hasta que los musulmanes del norte se levantaron contra la exclusión de su candidato y comenzaron la quema de iglesias y la matanza de cristianos que se vengaron asesinando musulmanes y quemando mezquitas. Y estalló la guerra civil que mantiene al país separado entre el norte y el sur con una frontera casi impracticable en la que abundan salteadores y enfrentamientos entre las guerrillas musulmanas y el ejército de Gbagbo. En julio de 2003 se logró un gobierno de unidad nacional presidido por Gbagbo que incluía a opositores musulmanes. Los países africanos, la Unión Europea y Francia patrocinaron la tregua pero exigieron a Costa de Marfil que abriera el mercado interno, privatizara las empresas estatales y redujera los salarios. La ONU envió 6.000 cascos azules, Francia 4.500 soldados y los países africanos 12.000; su objetivo era garantizar la paz y la unidad del gobierno. El origen de este último estallido proviene de la negativa de la guerrilla musulmana a desarmarse mientras no sea revocada la ley de “marfileñidad” que prohíbe a su candidato presentarse a las elecciones, porque su padre nació en Burkina Fasso. El presidente de Costa de Marfil Laurent Gbagbo y sus seguidores, a los que se conoce como “patriotas”, no cesan de acusar a Francia de apoyar a los rebeldes musulmanes del norte. Beatriz Muñoz |
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