EDITORIAL NACIONAL

Zapatero ante el plan Ibarretxe
Fortalecer las defensas

Nuestro país se enfrenta a la situación más peligrosa que ha vivido en los últimos 200 años. En todo este tiempo, nunca como ahora había estado en la agenda del imperialismo la desmembración de España

Ante el ataque de un virus la contradicción fudamental siempre radica en las defensas que frente a él disponga el organismo. En la crisis abierta tras la aprobación del Plan Ibarretxe, el elemento decisivo no está en el abierto desafío del lehendakari a la unidad y las mismas bases del régimen constitucional y la articulación del Estado. Sino en la respuesta que sea capaz de dar la sociedad español, y el bagaje y fortaleza que dispongamos para combatirlo.

Por eso cobra particular importancia la postura que adopte la direccióon del PSOE, y especialmente gobierno de Zapatero, que hasta ahora ha emitido señales contradictorias, y por eso preocupantes. Al mismo tiempo que se pronuncia con claridad contra el plan Ibarretxe, y expresa su intención de utilizar todos los medios democráticos para impedir su aplicación, diluye permanentemente la gravedad de la amenaza que representa. Mientras por un lado Bono o Rosa Dïez hacen bandera de la firmeza, Maragall opta por la vía contraria.

No deja de ser sorprendente que, ante una crisis política que ha llevado al Wall Street Journal a editorializar que “España se balcaniza”, Zapatero, y con particular intensidad el grupo PRISA, difunden que “no pasa nada”, que el plan Ibarretxe será rechazado en el Congreso, y que lo má iimportante es afrontar esta situación “sin dramatismo”. Bien está acabar con los modos autoritarios de Aznar y practicar otro estilo político, pero parece como mínimo irresponable minusvalorar la amenaza cuando el pirómano se dispone ya a incendiar una de las habitaciones.

En estas mismas páginas dijimos hace un año que “nuestro país se enfrenta a la situación más peligrosa que ha vivido en los últimos 200 años. En todo este tiempo, nunca como ahora había estado en la agenda del imperialismo la desmembración de España como objetivo inminente. La continua sucesión de turbulencias destadas en el mundo tras el 11-S trabaja en esa dirección”. Los planes y la bravuconería de Ibarretxe serían incapaces de poner en cuestión la unidad de un país como España si no contara con el aliento de centros de poder imperialistas interesados en la fragmentación de España.

El “Estado libre asociado” de Ibarretxe camina por la senda que abre la “Europa de los Pueblos”, el proyecto imperialista que históricamente ha empuñado la burguesía alemana para instaurar su dominio sobre Europa, sobre la base de la fragmentación de los Estados. Un proyecto que en España pretende descoyuntar el país, desarticulando políticamente la estructura del Estado. Debilitar y disolver el Estado para que pueda ser más facilmente dominado en una Europa donde cada vez es más relevante la hegemonía de la burgesía germana.

Con el plan Ibarretxe no estamos sólo ante los proyectos reaccionarios del nacionalismo excluyente, sino sobre todo ante el ariete empleado por los ataques del imperialismo para aumentar su dominio sobre España. El plan Ibarretxe actúa como mascarón de proa que abre el camino a las futuras reformas del Estatuto catalán. Algo que, tal y como expresó Maragall “garantizaría la unidad durante los próximos 25 años”. ¿Y después?

Sin existir ninguna demanda popular, se ha provocado una fiebre de reformas autonómicas que sólo contribuye a poner en cuestión la estructura territorial de España. Mientras que entre las clases populares el apoyo intuitivo a la unidad es abrumador, conforme se sube más arriba en la estructura de los partidos de izquierdas, la correlación de fuerzas es más favorable a las tesis conciliantes con la fragmentación.

No pueden provocar una ruptura de España por la fuerza. Pero sí iniciar una deriva que conduzca a aceptar una especie de “eutanasia dulce” del país, donde al modo de Checoslovaquia, pueda llegar el momento donde España se fracture sin que ello provoque respuesta alguna.