SELECCION DE PRENSA - OPINIÓN Editorial
del Wall Street Journal: Mientras Zapatero y PRISA repiten que “no pasa nada”, el Wall Street Journal habla de una “España balcanizada” |
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| Editorial del Wall Street Journal (10-1-2005) ¿Son inmortales los más viejos Estados nación de Europa? Pronto se probará en España esta suposición, después de que los nacionalistas vascos hayan puesto en peligro como nunca antes la unidad del país. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, hace frente probablemente a la peor crisis política desde la restauración de la democracia. El resultado dará pistas válidas sobre el futuro de los otros Estados multiétnicos europeos. El parlamento vasco aprobó por una corta mayoría una medida para crear un Estado vasco (…) independiente en todo menos en su denominación (por el momento). El Parlamento español rechazará el plan, pero a los dirigentes vascos les importa un comino (…) y piensan convocar un referéndum. Los vascos dicen que pueden abandonar España cuando quieran y el resto de España no está de acuerdo. Es obvio que podría producirse un enfrentamiento. (…) Los socialistas creyeron que su moderación respecto al separatismo podría asegurar la cooperación vasca, pero esta política ha fracasado evidentemente. España necesita ahora un fuerte liderazgo, y en los últimos 10 meses Zapatero ha inspirado poca confianza en política interior y exterior. En Europa los nacionalismos locales no son exclusivos del País Vasco. Un número creciente de pequeñas comunidades han pugnado por un Estado. 23 nuevos Estados han nacido en Europa desde 1989. Entonces, ¿por qué no puede el País Vasco, o por extensión Córcega, Cerdeña o Flandes, seguirle? Sin embargo, es cuando una pequeña nación dentro de un gran Estado quiere irse, apoyado por la autodeterminación, necesita hacerlo libremente, reconciliándose con las normas de la constitución establecidas. Esto no es fácil. Pero es posible: Eslovaquia y la República Checa consiguieron una ruptura amistosa una década atrás. En cualquier divorcio nacional
los medios determinan los fines. Los nacionalistas vascos se sitúan
en un extremo de Europa, dispuestos a tolerar métodos que privan
a su lucha de legitimidad democrática. (…) El presidente Zapatero debe darse cuenta del reto existencial que los vascos han lanzado al Estado español. Esta crisis puede resolverse rápida y pacíficamente. Pero, si los socialistas tratan de alcanzar compromisos con las tácticas de dureza vascas, arriesgarán el futuro no sólo de su país, sino también el de la democracia constitucional en toda Europa. Aviso y advertencia Mientras desde el gobierno de Zapatero, y grupos mediáticos como PRISA, se repite que hay que afrontar la aprobación del Plan Ibarretxe “sin dramatismo” –insistiendo en aparentar que “no pasa nada”- el Wall Street Journal arroja contra el espejo uno de sus editoriales el pasado 10 de enero, bajo el contundente título de “España balcanizada”. No se trata de un periódico cualquiera. El Wall Street Journal toma su cabecera, y no por casualidad, del principal centro financiero mundial, y ha sido históricamente uno de los altavoces desde donde se han difundido las posiciones de los sectores más duros de la burguesía norteamericana. Aquí radica la relevancia política que adquieren sus tomas de posición, máxime cuando como en este caso adquieren el rango de la línea editorial. El artículo del periódico neoyorquino sólo puede interpretarse como un aviso y una advertencia ante los acontecimientos que el “caso Ibarretxe” puede desencadenar, lanzadas desde el principal centro de poder en el mundo, en Europa, y en España. Bajo la figura –recurrentemente utilizada por los principales medios tanto norteamericanos como alemanes– de la balcanización de España, el WSJ coloca sobre el tapete la extrema agudización de la situación política en España. Si alguien pensaba que era sólo la política de Aznar lo que provocaba las tensiones nacionales, hoy, bajo un gobierno de Zapatero, podemos contemplar cómo los más escuchados centros de opinión de la superpotencia norteamericana valoran que “los nacionalistas vascos han puesto en peligro como nunca antes la unidad del país”, advirtiendo de que “es obvio que podría producirse un enfrentamiento”. La clave está en que para el WSJ el “caso Ibarretxe” no es sólo un problema español, sino de ámbito europeo. La resolución del desafío de Ibarretxe tiene el “valor” de confirmar si “son inmortales los más viejos Estados nación de Europa”, o por el contrario puede ser cuestionada su integridad. Si en España –unida desde hace cinco siglos– se puede introducir el virus de la fragmentación, ¿por qué no en Francia o Reino Unido?, ¿por qué no en Italia, cuya constitución como nación apenas cuenta siglo y medio de vida?, ¿por qué no se van a desmembrar Bélgica o la constelación de Estados de más reciente creación? Es obvio que el plan Ibarretxe no puede poner en cuestión, por sí mismo, la estructura continental, ni tan siquiera la española. Si su aprobación ha suscitado una alarma de la que hasta Washington se hace eco, es porque hay fuerzas más poderosas interesadas en azuzar la fragmentación. Para quien quiera escuchar, la mención a la balcanización, notoriamente utilizada por el WSJ, remite inmediatamente hacia Alemania. Todas sus aventuras expansionistas han desolado los Balcanes varias veces durante este último siglo. Las consecuencias de la nueva irrupción de las ambiciones hegemónicas germanas sobre el continente no se hicieron esperar. Yugoslavia explosionó sangrientamente, y Checoslovaquia se desmembró con una eutanasia dulce. Desde entonces, la fiebre del nacionalismo étnico y la fragmentación han asolado Europa. Para extender su dominio, la burguesía germana necesita quebrar las múltiples relaciones de dependencia que los Estados europeos mantienen con EEUU desde la IIª Guerra Mundial. Y emplean como ariete la vieja receta de la burguesía alemana, “dividir para dominar”, ejemplificada en la “Europa de los Pueblos” hitleriana, tan admirada por los Ibarretxe, Bossi o Carod Rovira. La radical toma de posición del WSJ es un aviso de que toman nota de la deriva hacia la fragmentación impulsada por Berlín, y una advertencia de que no están dispuestos a que la trituradora germana cuestione su poder sobre los Estados europeos, particularmente en España. Estas son las bases del antagonismo que recorre el viejo continente, y que para el WSJ “arriesga no sólo el futuro de España, sino también el de la democracia constitucional en toda Europa”. Jon Arza |
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