NACIONAL - EUSKADI Ibarretxe
y la jerga de sacristía: "Bajo el hábito de monja del lenguaje de Ibarretxe se esconde una metralleta" |
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| Las declaraciones de Ibarretxe, afirmando ante la puesta en marcha de su plan excluyente que “si no hay un proceso negociador, ¿cómo solucionamos esto?, ¿a tortas?”, han provocado una lógica y airada reacción. Son palabras donde aparece nítidamente el chantaje, pero que, no sólo en el contenido sino también en las formas, revelan también la naturaleza jesuítica de Ibarretxe y su camarilla. El lenguaje denota rasgos de la personalidad, pero también origen de clase. Hay jerga barriobajera y hay lenguaje de sacristía. Ibarretxe dice “a tortas” porque es pecado decir “a tiros”. Una expresión que se ajusta más a la realidad, y que utilizaría sin problemas Batasuna, pero no Ibarretxe, porque también en el régimen nazifascista hay clases, y éstas deben quedar diferenciadas, incluso en el lenguaje. Ibarretxe emplea el lenguaje del burgués bienpensante, que acude puntualmente a misa de doce y no puede decir palabrotas porque son de mal gusto. Pero que, una vez en el despacho, no conoce límites morales si está en juego acrecentar sus beneficios. El lehendakari puede presentar un plan que se apoya en el terror, en más de 900 asesinados, 200.000 exiliados, y casi la mitad de la sociedad que afirma tener miedo de presentar sus opiniones políticas en público. Pero a la hora de definirlo, sustituye “los tiros” por “las tortas”. Es la perversión burguesa del lenguaje en su vertiente de sacristía. El modo de pensar y de expresarse jesuítico, propio de los jerarcas del régimen. Una subversión que transforma las víctimas en crispadores y los verdugos en víctimas, y que camufla su naturaleza reaccionaria bajo un idioma donde el carácter terrible de “los tiros” se transmuta en inocuas “tortas”. Bajo el hábito de monja del lenguaje de Ibarretxe se esconde una metralleta. La que, por mucho que el lehendakari se llene la boca afirmando que “el pueblo vasco decida” –como decía Lorca “grita amor, amor, hasta que se le quedan los labios de plata”– es un chantaje dirigido a quebrar la voluntad de la sociedad vasca. Jon Arza |
Es obvio que el plan Ibarretxe no puede poner en cuestión, por sí mismo, la estructura continental, ni tan siquiera la española. Si su aprobación ha suscitado una alarma de la que hasta Washington se hace eco, es porque hay fuerzas más poderosas interesadas en azuzar la fragmentación.
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