INTERNACIONAL

EUROPA
Las reformas en Alemania y Francia liquidan el Estado del Bienestar
Apagón en la locomotora europea

"Se cierra un tipo de mercado laboral basado en un alto nivel de prestaciones, y se abre la puerta a uno basado en la ruptura de todas las reglas estipuladas sobre la jornada laboral, horarios o salarios"

El primer día laboral del año, lunes 3 de enero, las oficinas de empleo de media Alemania amanecieron con fuertes medidas de seguridad. Pero sólo en Hamburgo y algunas oficinas de Berlín se produjeron ocupaciones de importancia por los trabajadores en paro, afectados por las reformas. La conmoción por las víctimas del maremoto, las fiestas y la desmovilización de los sindicatos han sido suficientes para desarticular las protestas. Y sin embargo, Alemania, y detrás todos los trabajadores de Europa, nos enfrentamos a un auténtico maremoto social. Con la entrada en vigor el 1 de enero de la Agenda 2010 en Alemania, el llamado Estado del Bienestar ha entrado ya en coma definitivo. La mayor reforma social desde la Segunda Guerra Mundial en Alemania, propuesta por el gobierno rojiverde –socialdemócratas y verdes– que encabeza el canciller Schröeder, anuncia el final de uno de los modelos sociales con más prestaciones sociales del mundo.

Más de seis millones de trabajadores directamente afectados; el cobro del paro se reduce de 32 meses a 12; se equipara el subsidio por desempleo a la ayuda social y se obliga a los parados a aceptar cualquier trabajo en el plazo de un año, bajo amenaza de ver recortadas las prestaciones que perciben. Pero la auténtica profundidad del apagón del Estado del Bienestar viene dada por la conjunción de un segundo movimiento sísmico al que hemos estado asistiendo durante todo el año pasado: el que llevan las multinacionales en las empresas, haciendo retroceder 40 años las relaciones laborales y las condiciones de trabajo. Grandes empresas como Siemens o Bosch han reimplantado la semana laboral de 40 horas o más por el mismo salario; se suprimen los suplementos por trabajar los fines de semana y festivos, las pagas extras y de Navidad; Volkswagen acuerda con los sindicatos no subir los salarios en los próximos dos años; o se reducen las semanas de vacaciones.

Con la Agenda 2010 por un lado, y los “convenios de empresa” por otro, la burguesía monopolista alemana cierra un tipo de mercado laboral basado en un alto nivel de prestaciones, y abre la puerta a un nuevo marco de relaciones laborales basado en el liberalismo capitalista más salvaje, con la ruptura de todas las reglas estipuladas sobre la jornada laboral, horarios o salarios, que podrán ser establecidos “a la carta” según las exigencias de la empresa, con cada vez menor participación de los trabajadores y sus intereses.

Este es el modelo que los grandes grupos monopolistas europeos, encabezados por los alemanes, no sólo están aplicando en la gripada “locomotora” europea, sino que van a hacer extensivo a todos los vagones de la Unión Europea; más duro aún cuanto más débil sea el vagón que se ocupe.

Los gestores

La socialdemocracia política, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que hace 50 años se ponía a la cabeza del “Estado del Bienestar” como alternativa de las burguesías monopolistas más fuertes de Europa para frenar la oleada revolucionaria y popular, está ahora a la cabeza de su enterramiento. Dispuesta esta vez a gestionar los intereses de una burguesía monopolista que, embarcada en un proyecto de hegemonía europea, necesita multiplicar beneficios y liberar capitales para ocupar los nuevos mercados del Este y tomar posiciones en los mercados del gran dragón del Pacífico. A costa, eso sí, de aumentar desorbitadamente la explotación de sus propios trabajadores y la mano de obra inmigrante.

La socialdemocracia gobernante y los grandes grupos monopolistas están justificando esta regresión histórica bajo la amenaza de la deslocalización de las empresas a los mercados con mano de obra más barata. Pero esto por sí sólo no explica la desmovilización obrera y popular ante el desmantelamiento del llamado “Estado del Bienestar”. Es la posición de las organizaciones sindicales, metidas de lleno en el mismo juego e incapaces de articular respuestas y alternativas a la situación, la que ha dejado a los trabajadores inermes ante un cambio brutal de las reglas del juego laborales y sociales que sólo garantiza “el derecho a trabajar” pero en condiciones de más precariedad.
Desde lo que algunos llaman “el corazón de Europa”, no vienen tendencias para favorecer el cambio de modelo productivo prometido por Zapatero. No favorecen un mercado de trabajo más estable, cualificado y de calidad. Sino todo lo contrario: son anuncio de condiciones más precarias.


La Agenda 2010

Desde el 1 de Enero en Alemania:

-Reducción de la prestación por desempleo de 32 meses a 1 año.

-Obligación de los parados de aceptar cualquier empleo, aunque sea en otra ciudad o no responda a su cualificación. Se perderán prestaciones si se rechazan varias ofertas.

-Reducción del subsidio a los parados de larga duración; aproximadamente en unos 250 euros mensuales.

-Diversas medidas para recortar o eliminar prestaciones: a los parados cuya pareja trabaje, a los parados con hijos menores de 14 años, cuando éstos tengan ahorros superiores a los 750 euros, etc.

Lo que se impone desde las empresas

Las grandes empresas como Volkswagen, Siemens o Bosch han firmado convenios de empresa con los sindicatos alemanes (SEAT y NISSAN también han firmado convenios en la misma dirección en España) para:

-Alargar la jornada laboral, volver mínimo a las 40 horas, por el mismo salario.

-Crear “bolsas de horas” a utilizar a discreción por la empresa.

-Eliminar pausas de descanso y tiempo de bocadillo.

-Congelar uno o dos años los salarios. Y desvincular a las empresas de los convenios de sector.

-Reducir o eliminar las pagas extras de Navidad y otras.

-Suprimir suplementos por trabajar fines de semana o festivos.

-Reducir días de vacaciones.


Francia tras los pasos de Alemania

La jornada de 35 horas se la han cargado en Francia casi antes de que llegue a aplicarse

El nuevo año ha empezado para los franceses con la ampliación del copago sanitario. A partir de ahora tendrán que paga 1 euro por cada visita al médico. Así como la subida de otras tasas sanitarias, por ejemplo, los trece euros por noche de ingreso en los hospitales franceses.

Al mismo tiempo, el primer ministro Jean Pierre Raffarin, ha anunciado la puesta en marcha de nuevas medidas para flexibilizar el sistema de las 35 horas de tiempo de trabajo. Eso sí, dice el ministro, que manteniendo sin modificar la conocida Ley de las 35 horas. Sin embargo, la Ley sirve de bien poco cuando lo que cuenta son las nuevas medidas del gobierno francés que la convierten en un adorno del ya pasado árbol de Navidad.
Las “medidas Raffarin”:

-Sube el techo máximo de la horas extra anuales, que pasan de 180 a 220, es decir, 40 horas más.

-Se establece lo que llaman “el tiempo elegido”, por el que se podrán trabajar más horas si así lo acuerdan las empresas y los trabajadores. Se debería llamar “el tiempo impuesto”, ya que eso es exactamente lo que está pasando; que las empresas y los sindicatos están siguiendo el ejemplo alemán e imponiendo convenios de empresa con jornada laboral de 40 horas.

-Y se establece también la posibilidad de cambiar “descanso por salario”, o dicho más claramente: reducir días festivos o de vacaciones por días de trabajo.

En definitiva, que la burguesía francesa y su casta gobernante no tiene ningún reparo en echar abajo su famosa “Ley de las 35 horas” de tiempo de trabajo, cuando los grupos monopolistas más exigentes y la necesidad de competir se agudiza. De nada sirve que los sindicatos se escandalicen porque las nuevas reformas establezcan que “bastan pactos de empresa” para que se introduzcan los cambios, atados como están de pies y manos por la servidumbre al Estado y las multinacionales que los mantienen, por el burocratismo y su anquilosamiento e incapacidad para hacer frente a la situación.

Las burguesías monopolistas están imponiendo en los hechos un nuevo modelo de negociación colectiva, basado en primar los convenios de empresa y dejar cada vez más inoperantes los acuerdos para toda una rama de la producción o sector. Los trabajadores cuanto más aislados y divididos son más fáciles de dominar.

F. Huertas

Protestas ante las oficinas de empleo alemanas.