TEORÍA Defender la unidad del pueblo de las nacionalidades y de España es revolucionario ¿Por qué en Cuba sí y en España no? La base de las posiciones que en la izquierda concilian o apoyan la disgregación es el abandono de las armas teóricas e ideológicas que el leninismo estableció, y que permiten valorar la cuestión nacional desde la posición del proletariado, adoptando a cambio la subordinación a principios propios del nacionalismo burgués |
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| Si pedimos a diez personas de izquierdas que se posicionen ante la orientación política de un cartel presidido por las frases: “Unidad nacional. Unión de todos los españoles”, seguramente siete, ocho o nueve lo situarían espontáneamente en el espectro de la derecha. Sin embargo, es un cartel de Pasionaria llamando a la unidad popular para enfrentarse al fascismo hitleriano y mussoliniano. Este ejemplo, ficticio pero bastante probable, refleja la confusión que se ha inoculado en la mayoría progresista, conduciéndola a rechazar como reaccionario todo lo que suene a España y a la defensa de su unidad. Una paradoja sangrante, cuando la defensa de la unidad del pueblo español ha sido una de las principales banderas históricas de la izquierda. Hay que combatir el plan Ibarretxe, denunciando su carácter reaccionario, pero quizá la principal contradicción se encuentre en el seno de la izquierda. Ibarretxe, representante de una burguesía extremadamente rancia y conservadora, jamás podría encontrar espacio y coartadas si algunos sectores de la izquierda no conciliaran con todo lo que significa disgregación. ¿Por qué para un sector de la izquierda es revolucionario defender el patriotismo en Cuba, mientras que es reaccionario encabezarlo en España? ¿Por qué los mismos que cierran filas con la unidad del pueblo en Uruguay concilian o respaldan a quien pretende dividir y enfrentar al pueblo español? La unidad popular, una obligación revolucionaria Siglo y medio de lucha del proletariado ha dejado impreso en la conciencia de todos los pueblos que la unidad popular es una premisa imprescindible para cualquier proyecto revolucionario. Sin embargo, en las filas de la izquierda española se ha difundido la conciliación, cuando no el apoyo, a la disgregación. La base de esto es el abandono completo de las armas teóricas e ideológicas que permiten valorar la cuestión nacional desde la posición del proletariado, deslizándose hacia la subordinación a principios propios de la burguesía. Lenin afirmó: “La burguesía coloca siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. La política del proletariado en la cuestión nacional es una política de principios, apoyando a la burguesía sólo condicionalmente. En la cuestión nacional toda burguesía desea o privilegios para su nación o ventajas exclusivas para ésta; precisamente a eso se le llama “práctico”. El proletariado está en contra de toda clase de privilegios, en contra de todo exclusivismo. Exigirle “practicismo” significa ir a remolque de la burguesía, caer en el oportunismo”. Las palabras de Lenin sirven para trazar una radiografía de clase de los sectores de la burguesía vasca que, a través del plan Ibarretxe, utilizan la cuestión nacional para alcanzar “privilegios” y “exclusivismo”, para fortalecer su poder como burguesía. Pero también coloca en su sitio a los dirigentes de la doblemente mal llamada “izquierda abertzale” que, defendiendo “primero la independencia y luego el socialismo”, se convierten en instrumentos subordinados de la casta burguesa de Ibarretxe. La posición leninista –que ha permitido a la izquierda tener una posición propia ante la cuestión nacional– es clara: “si la burguesía de la nación oprimida está por su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia respecto a la tendencia de la nación oprimida hacia los privilegios”. Un mundo antagónico
a los sectores de la izquierda que ven en el “nacionalismo burgués”
de Ibarretxe rasgos progresistas, o que concilian con él sin denunciar
su reaccionario carácter de clase. Por el contrario, Lenin dice “luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a todos los obreros de todas las naciones de ese Estado, pero no se puede ir a este objetivo sin luchar contra todos los nacionalismos”. Defensa de la unidad popular dentro de un Estado, y combate al nacionalismo burgués. Ésta es la política de la izquierda. Defender la unidad del pueblo de las nacionalidades y regiones de España es una obligación revolucionaria, una base imprescindible para acometer cualquier transformación progresista. Si luchamos sobre la base de un Estado determinado –España– ¿a quién le interesa que se divida al proletariado y al pueblo español? A quien pretende dominarnos. Hoy es necesario recordar las palabras de Joan Comorera, fundador del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC): “sobre la división de los pueblos hispánicos es como el fascismo invasor pretenderá consolidar su poder. Se esforzará, pues, por desenterrar viejos odios, viejas rivalidades, y apoyándose en unos contra otros, debilitarlos a todos y completar la obra de destrucción y colonización de España. Hemos de levantar bien alta la bandera de la unidad de los pueblos hispánicos contra el enemigo común”. Conciliar con la disgregación, tolerar posiciones que separen, por ejemplo, al pueblo vasco del conjunto del pueblo español, en 1936 y en 2004 es servir, objetivametne, a los proyectos imperialistas que quieren afianzar su poder dividiéndonos. Trabajar por la unidad, no permitir ningún elemento de división en las filas del pueblo, ha sido siempre la posición de la izquierda. Por eso Lenin planteaba que “no es marxista y ni siquiera demócrata quien no acepta ni defiende la igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas. Pero debilitar los vínculos y la alianza existentes hoy día en el marco de un mismo Estado entre el proletariado ucraniano y el proletariado ruso, sería traicionar el socialismo (...) Si el marxista ucraniano se deja arrastrar por su odio legítimo y natural a los opresores gran-rusos, hasta el extremo de hacer extensiva aunque sea una partícula de ese odio a la causa proletaria de los obreros gran-rusos, ese marxista se habrá deslizado a la charca del nacionalismo burgués”. Para ser internacionalista hay que ser patriota En la izquierda se ha instalado un pensamiento según el cual la izquierda es internacionalista, y por tanto está en contra de cualquier tipo de patriotismo. Esto es, precisamente, no entender nada de lo que significa el internacionalismo proletario. Desde el marxismo –y por eso se han guiado los movimientos más revolucionarios– se ha dejado rotundamente claro todo lo contrario: no se puede ser internacionalista sin ser patriota. Lenin y el partido bolchevique establecieron, junto a las bases teóricas de combate al imperialismo, “no tener miedo del patriotismo cuando esa palabra se refiere al combate al imperialismo”. José Díaz, secretario general del PCE en 1936, nos dejó estas rotundas frases: “¿Qué significaría para nosotros si los agresores alemanes e italianos pudieran lograr su objetivo? Significaría el fin de nuestra existencia como Estado independiente, como nación unida y libre, dueña de su propia suerte (…) Se rebela contra esto toda nuestra conciencia de españoles, hijos de un pueblo que nunca toleró la opresión extranjera, y también nuestra conciencia de proletarios. Sí; nuestros obreros tienen bastante madurez ideológica para comprender lo que es una verdad fundamental del marxismo: que la independencia nacional es la premisa de cualquier forma de progreso social”. El internacionalismo se fundamenta en la identidad de los objetivos e intereses de clase de todo el proletariado mundial: acabar con la explotación capitalista. Hoy vivimos en la época del imperialismo. El capitalismo es un sistema de explotación y opresión mundial que divide el planeta en un ínfimo puñado de potencias imperialistas y el conjunto de pueblos y naciones oprimidos. No se puede ser internacionalista sin combatir a quienes son los principales explotadores: las potencias imperialistas. Por eso los objetivos históricos del proletariado, acabar con la explotación, le empujan a ser patriota, a defender la independencia nacional frente al imperialismo. Luchar por conquistar las demandas populares más sentidas conduce inevitablemente, si se hace de forma consecuente, a enfrentarse a quienes son los principales explotadores del planeta, las potencias imperialistas, a tomar conciencia de que no se puede realizar ninguna transformación social significativa sin acabar con el dominio del imperialismo sobre España. En un país dependiente como España sólo se puede ser progresista enfrentándose al poder del imperialismo. Sólo se puede ser de izquierdas siendo patriota. Joan Arnau |
“Luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a todos los obreros de todas las naciones de ese Estado, pero no se puede ir a este objetivo sin luchar contra todos los nacionalismos”. (V.I. Lenin)
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