REPORTAJE CENTRAL

Las verdades que Ibarretxe oculta sobre su plan

¿Qué se esconde detrás del plan Ibarretxe? La ultraderecha étnica.
El plan Ibarretxe está basado en concepciones nazis, como es la distinción entre ciudadanía y nacionalidad, creando vascos de primera y de segunda. Es un plan que, en manos de los Ibarretxe y Eguibar, los que se han negado a actuar contra ETA mientras denigran a las víctimas, supone un peligro para las libertades de los vascos. Es un plan respaldado por la iglesia vasca más reaccionaria. Es el plan de una casta burguesa que quiere dotarse de su propio “ámbito vasco de explotación”. Es un plan para dividir al pueblo español, debilitándolo para que sea presa fácil de quienes quieren dominarnos.

Pablo Iglesias, Indalecio Prieto, Pasionaria,... toda la izquierda española los ha denunciado y los ha denominado como lo que son: representantes de la burguesía más rancia. Ahora, siguiendo su ejemplo, debemos continuar denunciando que Ibarretxe representa a la reacción.

Que no puedan llevar adelante su plan ni hacer el referéndum porque las ideas ultramontanas que defienden no encuentren espacio social.
Hemos conseguido encerrar a Arzallus en el armario. Ahora toca hacerlo con el plan Ibarretxe.


Un plan para la limpieza étnico-política:
Ibarretxe decidirá quién es vasco

El partido nazi, en su congreso de 1920 en Nuremberg, también distinguía entre nacionalidad y ciudadanía

El plan Ibarretxe coloca como sujeto político al Pueblo Vasco, cuya mención encabeza cada uno de los puntos del preámbulo. ¿Pero quién formará parte de ese indeterminado “Pueblo Vasco”?

Joseba Eguibar –mucho menos versado que Ibarretxe en las prestidigitaciones jesuíticas– lo desveló al asegurar en el parlamento autonómico que “el plan no discrimina a nadie, todos los vascos tienen que sentirse a gusto con él, si es que son vascos”. Para Eguibar es necesario ser “de los nuestros”, o por lo menos aceptar sus planes, para formar parte del “Pueblo Vasco”. Una definición que elimina la condición de vascos al 66% de los habitantes de Euskadi, que no comparten el plan Ibarretxe.

No es un exceso verbal individual. Está en perfecta sintonía con el contenido del plan Ibarretxe. El punto del proyecto del lehendakari que mayor oposición ha generado –muchos juristas lo han denunciado, e incluso Ezker Batua lo rechaza– es la distinción entre ciudadanía y nacionalidad.

El artículo 4 hace derivar la ciudadanía de “la vecindad administrativa en alguno de los municipios de la Comunidad de Euskadi”, pero ésta no necesariamente tiene que coincidir con la auto-creada “nacionalidad vasca”, que tendrá “plenos efectos jurídicos”, cuya “adquisición, conservación y pérdida, así como su acreditación, será regulada por una ley del Parlamento vasco”. Habrá vascos que sólo tendrán la nacionalidad vasca, vascos que la compartirán con la nacionalidad española y –aunque cueste creerlo– habrá vascos que no tendrán la nacionalidad vasca.

Lo que pretende el plan Ibarretxe es oficializar, “con plenos efectos jurídicos”, la fragmentación de la sociedad vasca que habita en la mente del nacionalismo étnico. ¿Cómo serían tratados en el futuro Estado de Ibarretxe los vascos que no hayan querido renunciar a ser también españoles? ¿Y los vascos que, por obra y gracia de Ibarretxe, no tengan la nacionalidad vasca?

Pero esta concepción, totalitaria en sustancia, no es original de Ibarretxe. El partido nazi, en su congreso de 1920 en Nuremberg, también distinguía entre nacionalidad y ciudadanía, donde todos los nacidos en Alemania no tienen por qué tener los mismos derechos ni acceso a la nacionalidad. Los nazis se reservaban el derecho a designar quién podía ser alemán, sobre la base de criterios étnicos –la sangre germana–. El acceso a los cargos públicos debía estar reservado a los alemanes puros –al igual que Arzallus exige que los jueces en Euskadi “sean vascos”–. Las consecuencias de esta doctrina son de sobra conocidas.


El plan de un régimen que amenaza las libertades de los vascos

¿Cómo sería una justicia en manos de Ibarretxe, si recordamos que se ha opuesto a todas las medidas judiciales contra el terrorismo?

La “relación amable” que Ibarretxe dice querer mantener con España es en realidad un divorcio unilateral. El plan Ibarretxe supone, de conjunto, la constitución de un auténtico Estado vasco que detentará un control absoluto de todas las competencias. Sólo se reserva a España la moneda –el euro– y Defensa. Esto, que es presentado como algo bueno para Euskadi –en la medida que aumenta el autogobierno– es en realidad una amenaza para las libertades y derechos democráticos de los vascos.

• El plan Ibarretxe prevé que “la nueva organización judicial vasca tiene como punto culminante el Tribunal Superior de Justicia de Euskadi, ante el que se agotarán las sucesivas instancias procesales”. Establece asimismo la creación de un Consejo Judicial Vasco como órgano de gobierno de los jueces.
La elaboración de las leyes y la organización de la justicia estará pues, en manos del gobierno vasco, incluida la capacidad de indulto. Y la justicia española no podrá interferir en Euskadi, ni los vascos solicitar el amparo de ella. Incluso las competencias de la Audiencia Nacional, que juzga los delitos relacionados con el terrorismo, pasarían a manos de la justicia vasca. ¿Cómo sería una justicia en manos de Ibarretxe, si recordamos que se ha opuesto a todas las medidas judiciales contra el terrorismo, argumentando que “azuzaban el conflicto político”? ¿Qué protección judicial tendrían los miembros de la rebelión democrática, o los concejales del PP y PSOE?

• El plan Ibarretxe deja en manos de las autoridades vascas “el régimen de creación, reconocimiento, organización y extinción de partidos políticos en Euskadi”.
Alguien que considera que Batasuna es un miembro de la familia, oponiéndose a ilegalizarla a pesar de que se han demostrado sus vínculos con ETA, y que considera que el PSE-EE y el PP no son partidos “estrictamente vascos”, podrá decidir sobre la legalidad de las fuerzas políticas.

• La educación es una de las materias que el plan Ibarretxe reserva “en exclusividad” a Euskadi, sin posibilidad de que el gobierno español intervenga en su gestión o contenidos.
Es necesario recordar que el Comisario de Derechos Humanos Europeo constataba que en el origen de “la violencia urbana con objetivos políticos de persecución de los no nacionalistas” podían estar prácticas como “el uso de los medios de transmisión de la cultura y del conocimiento para favorecer entre los jóvenes y los niños un acercamiento al conocimiento a partir de una concepción legítima de las posiciones nacionalistas, pero hecha desgraciadamente según una sola opinión de exclusión y agresiva hacia los no nacionalistas, rozando a veces la incitación a posiciones racistas o xenófobas».

• El control de las subvenciones pasaría, según el plan Ibarretxe, a depender sólo del criterio de las autoridades vascas.
Sabemos que mientras el gobierno vasco se ha negado a prestar ayuda alguna a organizaciones como Basta Ya o Foro de Ermua, ha financiado generosamente a los aparatos de limpieza étnica del entorno etarra.

• Los asuntos constitucionales se tratarán a través de una comisión mixta entre jueces del Tribunal Constitucional español y jueces vascos.
No es que las leyes españolas no se aplicarán en Euskadi, sino que la constitución del 78 no obligará ni amparará por igual a los vascos que al resto de españoles.


¿Cómo estaría Euskadi si se hubiera aplicado durante estos años el plan Ibarretxe?

La pregunta que encabeza este artículo nos remite a un ejercicio de política ficción, pero que es suficientemente ilustrativo, y aunque mira hacia el pasado nos advierte del futuro que nos esperaría a los vascos bajo el Estado de Ibarretxe.

¿Cómo estaría Euskadi si las resoluciones de Garzón, por ser un juez español, no hubieran tenido valor en Euskadi? El entorno del terror articulado en torno a ETA permanecería incólume, actuando con la impunidad que le concedía el Gobierno vasco. Ibarretxe podría seguir financiando con cuantiosas subvenciones a las organizaciones que amenazan, acosan a los no nacionalistas. La kale borroka continuaría alimentada e incendiando las calles de Euskadi.

¿Cómo estaría Euskadi si los organismos del Estado español no hubieran podido intervenir en la lucha contra ETA en Euskadi? Lo dominante sería la doctrina de Ibarretxe, cuyos consejeros de interior paralizan, como han denunciado los sindicatos de la Ertzantza, cualquier intervención de la policía vasca contra ETA y su entorno.

¿Cómo estaría Euskadi si la ilegalización de partidos dependiera de Ibarretxe? Josu Ternera seguiría siendo miembro de la comisión de Derechos Humanos del parlamento vasco –cargo al que accedió gracias a los votos de Ibarretxe-. Las sedes de Batasuna seguirían siendo un centro desde donde se preparaba la kale borroka o se captaban pistoleros de ETA.

¿Qué tipo de educación se recibiría en Euskadi si no hubiera estado sujeta a las normas del gobierno español? La educación que inocula el odio a España, el virus etnicista, las tergiversaciones históricas y la subversión de la realidad, donde se enseña a los niños vascos que los etarras son “vascos ilustres” y “a veces los derechos nacionales se defienden a tiros”, habría llegado al espanto.

Son sólo algunos ejemplos. Pero suficientemente claros de por qué es un peligro para los vascos, y para el resto de españoles, que Ibarretxe tenga plena potestad sobre todos estos temas.


Un plan burgués:
El ámbito vasco de explotación

Los Arzallus e Ibarretxe emplean el racismo y la exclusión étnica como elemento de dominación de clase

El plan Ibarretxe no reclama las “competencias exclusivas sobre política económica y sociolaboral” para obtener mayor autonomía. Eso son las palabras. Debajo resuena el interés contante y sonante del dinero. Lo que pone en evidencia son las ambiciones de una casta político-empresarial por erigirse y actuar como clase dominante, asegurándose en “el ámbito vasco” el control sobre su propio mercado laboral, la “competencia exclusiva” para decidir la forma en que la mano de obra debe venderse que mejor convenga a sus intereses de explotación.

Lo que quieren es garantizarse su propio “ámbito vasco de explotación”.
Estamos hablando de un sector de la burguesía vasca que intenta aumentar la explotación. No necesariamente los sectores más dinámicos, pues estos se han pronunciado contra el plan Ibarretxe, ya que los que les interesa es conservar los privilegios en el mercado español, sino una casta nucleada en torno al inmenso sector público vasco edificado a través de 25 años de autogobierno.

Y para ello quieren dividir a la clase obrera vasca del conjunto de la clase obrera española. Los obreros vascos han sido, y existen numerosos ejemplos de ello, punta de lanza de la movilización y organización del conjunto del proletariado español. Separarlos debilitará a unos y a otros, y beneficiará a la burguesía.

Como instrumento de división esa casta instalada en Ajuria Enea utiliza a las direcciones de ELA –concebido con “sindicato vertical” de Euskadi– y LAB –entregado de pies y manos a la burguesía vasca– cuyo objetivo estratégico es “echar de Euskadi a los sindicatos españolistas”.

Y emplean el racismo y la exclusión étnica como elemento de dominación de clase. De la misma forma que el Ku Klux Klan cumplía la función de amedrentar a los obreros negros, los maketos de Arana, los que “deben ser tratados en Euskadi como alemanes en Mallorca” de Arzallus, o aquellos que tienen todas las papeletas para no acceder a la nacionalidad vasca de Ibarretxe son siempre los mismos: una buena parte del pueblo trabajador, privado de derechos y libertades para poder ser explotado con mayor facilidad.


Un plan clerical

Afortunadamente, el peso político e ideológico de las jerarquías eclesiásticas en la sociedad española ha decrecido de manera proporcional al aumento de la libertad. En toda España no: en Euskadi una iglesia ultraconservadora y etnicista mantiene una presión asfixiante que está en concordancia con la falta de libertad de sus ciudadanos. El de Ibarretxe es realmente un régimen “bajo palio”. Y se demuestra con la entusiasta defensa del plan Ibarretxe por parte de las altas jerarquías eclesiásticas vascas.

El ex obispo de San Sebastián, José María Setién, reconocido por muchos como asesor de Ibarretxe, considera que el plan del lehendakari es “deseable, en la medida en que el camino de la solución se sitúa en el diálogo”, y defiende que “Euskadi es un sujeto político originario que debía encontrar el adecuado marco de relación con el Estado”. Setién es el mismo obispo que defendió que “en Euskadi existe un problema político, y detrás del terrorismo existen frecuentemente razones de justicia”.

Por su parte, el actual obispo de San Sebastián, Uriarte, también ha defendido el plan Ibarretxe afirmando que “pretende ser un intento serio, no excluyente, de abordar una salida válida para la necesaria pacificación del pueblo vasco”.

Este maridaje entre la iglesia vasca y el nacionalismo étnico –desde los tiempos donde Sabino Arana envuelve su mensaje en la sotana del jesuita, hasta un plan Ibarretxe bendecido por los obispos– se hace posible en primer lugar por el interés material común de mantener el control sobre la Euskadi rural, la extensa red clientelar de “parrokio-kavernas”, feudos del PNV más reaccionario, donde los alcaldes vigilan a quién vota cada vecino, el control social sobre los “disidentes” es férreo, y los curas actúan como verdaderos comisarios ideológicos del rebaño.


Un plan de patriotas gibraltareños
Ibarretxe vende Euskadi al mejor postor

Para Ibarretxe el apoyo de una potencia imperialista con intereses de intervención sobre España es imprescindible para forzar la independencia

A finales del XIX, Sabino Arana escribía a su hermano Luis: «Instantáneamente se me ha presentado esta idea como seguramente salvadora de llevarse con toda perfección a la práctica: la independencia de Euzkadi bajo la protección de Inglaterra, será un hecho en día no lejano».

Décadas después, en 1950, tras formalizarse las relaciones norteamericanas con Franco, la dirección del PNV, que ya colaboraba con la CIA y el Departamento de Estado, envía el siguiente telegrama al presidente estadounidense Truman, el mismo que ordenó arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki: «Así como hace años la palabra y los actos del gran presidente Roosevelt constituían, después de Dios, nuestra suprema luz y esperanza, hoy también las palabras y los actos de usted, su ilustre sucesor, constituyen la esperanza más firme de cuantos luchamos por la libertad».

Cuarenta años después, Arzallus afirmaba en una reunión con ETA que “Europa está interesada en que para el 93 esto esté en vías de solución (...). Nosotros tenemos un plan diseñado ya, y le hemos puesto fechas. La soberanía de Euskadi estilo Lituania, a proclamar entre 1998 y el 2002”. Para después gritar, en la presentación de un manifiesto ante la cumbre de la UE en Biarritz: «Queremos que la Unión Europea trate al País Vasco como a Eslovenia o Croacia... Los países europeos deben intervenir en el conflicto vasco reconociéndole el derecho a la autodeterminación en el marco de la UE».

Ahora Ibarretxe quiere convertir a Euskadi en un “Estado Libre Asociado”, con su propia política exterior, embajadas en todo el mundo, desgajado de España pero con presencia directa en los organismos de una UE donde cada vez tiene más peso la burguesía alemana.

Desde Sabino Arana a Ibarretxe, desde Aguirre a Ibarretxe han cambiado las formas, el discurso, pero su esencia es la misma: bajo el disfraz de patriotas vascos se esconden vulgares patriotas gibraltareños. Para ellos, el apoyo y colaboración con una potencia imperialista extranjera con intereses de intervención sobre España resultaría imprescindible para forzar la independencia. Esta línea dentro de la dirección del PNV ha optado por utilizar el partido para diferentes labores al servicio de las potencias imperialistas buscando a cambio su apoyo a la formación del ansiado Estado vasco bajo el suave yugo... del Imperio de turno. Quieren pasar de ser gestores de una comunidad española a ser virreyes de una colonia imperial. Ellos suben en el escalón de las burguesías, y a cambio están dispuestos a entregar Euskadi al imperialismo.

N. I

¿Cómo pueden aspirar a ser tratados en un futuro Estado vasco controlado por Ibarretxe aquellos vascos que no quieran renunciar a la nacionalidad española? ¿Y los que ni siquiera les sea concedida la nacionalidad vasca?

 

Ibarretxe anunció que “si no se dialoga, ¿cómo se va a solucionar el conflicto? ¿a tortas?”. Y ETA se encargó de materializarlo con el coche bomba de Getxo.

 

Este maridaje entre la iglesia vasca y el plan Ibarretxe busca mantener el control sobre la Euskadi rural, la extensa red clientelar de “parrokio-kkavernas”