PERFIL John Negroponte o la diplomacia de la subversión Se forjó como “diplomático” siendo embajador de Estados Unidos en Honduras . Allí participó activamente y encabezó la creación de la “contra” nicaragüense, ayudó a crear una guerrilla manejada por Estados Unidos para derribar al gobierno de Managua, la armó y la financió, no dudando en recurrir a salvajes episodios de “guerra sucia” con “escuadrones de la muerte” |
|||
| La hora de la diplomacia. Así han caracterizado tanto Bush como su flamante Secretaria de Estado, Condolezza Rice, el “leiv motiv” de su segundo mandato. Estados Unidos no renuncia a la guerra, al uso de la fuerza, pero aspira a resolver los problemas pendientes por “la vía diplomática”. Y, en aparente coherencia con ese propósito, Bush ha nombrado a un “diplomático” para el puesto clave de director nacional de inteligencia, un cargo de nueva creación con el que pretende unificar bajo un solo mando las 15 agencias que componen los omnipresentes servicios secretos y de inteligencia de la superpotencia americana. Pero, ¿qué clase de diplomático es John Negroponte, el hombre elegido por Bush? ¿Y qué clase de diplomacia augura su nombramiento, a tenor de la trayectoria que ha seguido hasta ahora en sus más de 30 años de servicios a la Administración americana? En primer lugar, hay que señalar que se trata de un hombre de “la línea Bush” al cien por cien. Negroponte fue el embajador de Estados Unidos ante la ONU en los decisivos meses previos a la invasión de Irak y, por tanto, el hombre que preparó la coartada diplomática y defendió a capa y espada las mentiras de la Administración Bush para justificar la intervención americana, aun en contra de la opinión mayoritaria del Consejo de Seguridad. Y después, tras la ocupación, fue asimismo el hombre elegido por Bush para ser el primer representante diplomático de EEUU en el Irak ocupado, al frente de una embajada en Bagdag que más parece un fortín militar (con 4000 personas a su servicio, entre personal militar, diplomático, de los aparatos de seguridad...) y que es la verdadera sede del poder en Irak. Tras un período caracterizado por la división en el seno de los aparatos de inteligencia (división que se hizo ostensible con la aparición de las fotos de las torturas a los prisioneros irakíes, por ejemplo) y una primera depuración política impulsada nada más producirse su reelección, Bush ha elegido, pues, a uno de sus incondicionales más probados y comprometido en el logro de sus objetivos fundamentales para hacerse cargo de la doble tarea de “unificar” las diversas agencias (más en el sentido de hacerlas monolíticamente incondicionales de la línea de la Casa Blanca que en la de coordinar sus actividades) y sobre todo la de ponerlas activamente al servicio del enorme proceso de “transformaciones políticas” que la Administración americana se ha propuesto llevar a cabo para instaurar, realmente, un “nuevo orden mundial” para el siglo XXI. Y es, sin duda, con vistas a esa nueva “operatividad” de los servicios de inteligencia para lo que Negroponte puede aportar una “valiosa” experiencia personal. De hecho, Negroponte se forjó como “diplomático” siendo embajador de Estados Unidos en Honduras en la primera mitad de los años ochenta. Allí participó activamente y encabezó la creación de la “contra” nicaragüense contra la revolución sandinista. Negroponte ayudó a crear una guerrilla manejada por Estados Unidos para derribar al gobierno de Managua, la armó y la financió, no dudando en recurrir a salvajes episodios de “guerra sucia” con “escuadrones de la muerte”. Y todo ello como “embajador” de un país vecino y amigo. Esta “diplomacia de la subversión”, que acabó teniendo éxito en Centroamérica, puede ser el modelo a seguir en en el futuro, visto lo costoso que está resultando la invasión y ocupación militar de un país y los problemas de todo orden que tiene Estados Unidos para crear y sostener un ejército imperial mundial. Nadie debería extrañarse, por tanto, si en los próximos meses vemos aparecer “luchadores por la libertad” en Irán, Siria u otros de los frentes señalados por Bush tras su reelección. La respuesta sería evidente: es la “diplomacia” de John Negroponte que ha pasado a la acción. J. Albacete |
|
||