EL RUIDO Y LA FURIA 54 cruces Un reciente libro publicado en Cataluña con el título “ETA en Cataluña. De Terra Lliura a Carod-Rovira”, del periodista Florencia Domínguez, nos descubre ahora que en la comunidad catalana hay nada menos que ¡54 personas asesinadas y otras 253 heridas por el terrorismo etarra! |
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| Quien venga siguiendo con cierta atención la vida política seguro que ha reparado en que, en los últimos años, el arrinconamiento progresivo de ETA ha ido paralelo a un creciente activismo de las asociaciones de víctimas del terrorismo. En el País Vasco y también en Madrid (donde ETA ha hecho explotar casi medio centenar de coches-bomba y asesinado a decenas de personas), las víctimas y sus asociaciones constantemente se prenuncian, se manifiestan, actúan, reivindican, denuncian...: están vivas y aspiran a jugar un papel en la vida pública y en la derrota del terrorismo. Nada de esto ocurre en Cataluña. Y uno debería deducir que lógicamente eso es así porque en Cataluña no debe haber víctimas, o deben ser muy pocas. Pero no es así. Un reciente libro publicado en Cataluña con el título “ETA en Cataluña. De Terra Lliura a Carod-Rovira”, del periodista Florencia Domínguez, nos descubre ahora que en la comunidad catalana hay nada menos que ¡54 personas asesinadas y otras 253 heridas por el terrorismo etarra! La pregunta inevitable es: ¿por qué no se les oye?, ¿quién les dicta e impone la implacable “ley del silencio” que sufren, y que recuerda a la que durante décadas sufrieron también en Euskadi las víctimas de ETA?, ¿quién esconde y por qué esas 54 cruces tan celosamente que nadie sabía que existieran? La respuesta no es difícil. Estamos ante un socavón más, un nuevo socavón político y moral del nacionalismo catalán, de la burguesía catalana, a la que sus intereses políticos y sus confabulaciones ideológicas les dictan mantener silenciadas y amordazadas a estas molestas “víctimas”. Y aún más ahora que tienen, vía Carod, su pacto de no agresión con ETA, que su territorio está “libre del terror”. Maragall, Carod, Mas, Pujol alardean de sensibilidad democrática, mientras amasan millones en La Caixa. Pero están bailando sobre las tumbas de 54 personas asesinadas, que tarde o temprano (como ha ocurrido en Euskadi, como ha ocurrido en Madrid) van a terminar por “levantarse” para pedir su ración de justicia. El olvido de los nacionalistas catalanes no va a poder acallar sus voces. Y este libro bien pudiera marcar el inicio de su despertar. N. I. |
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