NACIONAL

Valoración referéndum constitución europea
Verdades y mentiras del referéndum

El pueblo español, con su abstención, exige un cambio de rumbo en la construcción europea

Como era previsible, el referéndum sobre la constitución europea lo ha ganado la abstención. Tal y como quería Zapatero, hemos sido los primeros en manifestar como los pueblos europeos no reconocen como suya una construcción europea hecha a la medida de los más fuertes.
Pero, tanto en el sí como en el no, hay verdades y mentiras que es necesario aclarar.

La abstención

A pesar de que el gobierno de Zapatero y el grupo PRISA han puesto en marcha toda su maquinaria para intentarnos convencer de que la bajísima participación, sólo cuatro de cada diez votantes se han sentido motivados para acercarse a las urnas, es aceptable –“se esperaba algo peor”, “es un índice homologable con el resto de Europa”…-, es obvio que constituye un fracaso.

Y no se trata de que “Europa no se sepa vender”, o que la constitución europea no se haya explicado lo suficiente. El pueblo español, como el resto de pueblos europeos en otras elecciones, manifiesta una total indiferencia hacia una UE que se construye a la medida de las grandes burguesías continentales, especialmente la germana y la gala.

Zapatero comete un grave error cuando valora que “todos saben mi empeño en llevar España al corazón de Europa, y el resultado del referéndum confirma una parte importante de mi proyecto político”.
La política europea del gobierno de Zapatero, personificada en Moratinos, se centra en que una mayor integración de España en Europa exige someterse a los países más fuertes del continente, Francia y Alemania.

El pueblo español, con su abstención, exige un cambio de rumbo en Europa: donde España pueda actuar con voz propia, sin necesidad de supeditarse a ningún eje de poder; donde las relaciones se establezcan en pie de igualdad, y no sobre un predominio cada vez mayor de Berlín; donde las exigencias de Bruselas no impongan el desmantelamiento de sectores productivos nacionales, desde IZAR a la vid, el olivo o la ganadería.

El sí

Si el sí se ha impuesto con aplastante claridad –el 82,4% de los que han votado- es porque el rechazo a la otra Europa que proponen algunos abanderados del no supera la oposición hacia la actual. Ha habido un no de izquierdas, cargado de razones, que ha denunciado el déficit social de esta constitución, o el seguidismo de la doctrina de los ataques preventivos de Bush. Pero ante los ojos de muchos votantes Carod Rovira, la IU de Llamazares y Madrazo, o EA y Batasuna en Euskadi, han aparecido como cabezas visibles del no.

¿Cuál es la Europa que proponen? El líder de ERC abandera la mal llamada “Europa de los pueblos”, que bajo la bandera del reconocimiento de las minorías nacionales pretende dinamitar los Estados actuales, despiezándolos en pequeñas unidades edificadas sobre criterios étnicos. Una regresión que amenazaría gravemente las mismas bases de la democracia y la ciudadanía, tal y como hoy la conocemos. Llamazares, y con él Madrazo, representan la traición que en el seno de la izquierda no tiene reparos en gobernar junto a la derecha rancia de Ibarretxe.

No es necesario un gran esfuerzo para imaginar como sería la Europa soñada por quienes promueven el plan Ibarretxe –EA–, o participan del terror de ETA –Batasuna–. Todos ellos empeñados en hacernos creer que una mayor integración en la UE exige la disolución de la unidad del pueblo español, que troceado sería más débil y fácilmente dominable. No es extraño que ocho de cada diez votantes no hayan querido comulgar con ruedas de molino.

El No

El voto que recaba Carod Rovira, y que él adjudica a “la izquierda nacional”, se nutre en realidad de los enclaves rurales más conservadores Carod Rovira pretende hacernos creer que el 28% del no en Catalunya, superior en once puntos al del resto de España, significa un aumento del apoyo a sus tesis. Como siempre, el líder de ERC subvierte la realidad.

En el No catalán participan también votantes de IC-EuiA –desde la base histórica del PSUC a sectores de izquierda alternativa- que en nada coinciden con el nacionalismo insolidario de Carod. El rechazo a la constitución europea también ha estado promovido por todo el movimiento antiglobalización –con especial implantación en Barcelona-, un no cuyos motivos difieren mucho de las reivindicaciones nacionalistas. Carod Rovira no puede utilizar el No de personas que han querido expresar con su voto el deseo de un giro a la izquierda en Europa, para dar mayor fuerza a sus proclamas insolidarias.

Lo mismo ocurre en Euskadi, donde el No –reclamado por EA, Batasuna y Ezker Batua- casi duplica la media del conjunto de España, alcanzando el 33,6%. Los índices del No en Euskadi no se corresponden con una radicalización hacia el nacionalismo, como algunos resaltan para preparar el camino hacia las autonómicas.

La realidad es que una conjunción de factores han propiciado un no tan abultado. Por un lado la movilización del electorado de Batasuna, que esta vez no ha votado nulo y ha acudido disciplinadamente a las urnas. Por otro la petición explícita del No por parte de EA, socio del PNV. Y sobre todo la alta abstención del electorado no nacionalista, escasamente movilizado por PSOE y PP, motivo de que en Euskadi se haya alcanzado una participación mínima del 38,74%, cuatro puntos por debajo del resto de España–.

Un análisis de la composición del No en Euskadi y Catalunya arroja una curiosa fotografía: en las capitales donde se concentra la clase obrera, y donde hay mayor porcentaje de voto de izquierdas, el sí tiene más adeptos; mientras que en las zonas rurales, feudos del nacionalismo más rancio, es donde Carod Rovira o EA y Batasuna cosechan más noes.
Girona, tradicional granero de votos de CiU, es el ejemplo paradigmático. Es la segunda provincia española con mayor porcentaje de noes (33,4%) y la primera capital en el índice de rechazo ( 40,2% ). En los pueblos más conservadores, como Banyoles o Bisbal, el no se eleva hasta el 40%.
Algo similar ocurre en Lleida, con la excepción de la capital –gobernada históricamente por la izquierda-.

Por el contrario, el hecho de que Carod Rovira se presentara como cabeza del no en Catalunya ha decantado hacia el sí a la mayoría de la clase obrera. En el cinturón industrial de Barcelona, el sí llega o supera el 70%, mientras que el no apenas alcanza el 22%, seis puntos por debajo de la media catalana. En Hospitalet, Santa Coloma de Gramanet, Cornellá, El Prat… el rechazo a Carod Rovira ha sido frontal.

Lo mismo ocurre en Euskadi. De los 250 municipios vascos, el no venció en 120, la mayoría de ellos de pequeño tamaño. El 40% de noes en Guipúzcoa tiene su base en los pequeños pueblos –ha triunfado el no en 65 de los 88 municipios de la provincia–. Son los enclaves de la Euskadi rural, donde tiene una hegemonía absoluta, no ya la izquierda abertzale, sino las bases más ultraconservadoras del PNV. Unos resultados que contrastan con los resultados de la obrera margen izquierda, donde el no se mueve en unos márgenes más moderados.

N. I.