NACIONAL

El incendio del Edificio Windsor: Gana fuerza la hipótesis de que ha sido un incendio provocado
La noche de San Valentín.

Supone un duro golpe para un centro financiero en auge, por las sombras que pueda proyectar sobre una oligarquía con aspiraciones de subir en la cadena imperialista

Si un obrero muere de un infarto es “natural”, significa que la medicina preventiva no existe para él. Pero si le ocurre a un banquero, entonces hay que buscar un culpable. Porque no es lo mismo que se incendie el piso de una familia trabajadora de los barrios del extrarradio de Madrid, que uno de los rascacielos emblemáticos del centro financiero de Madrid

Cada día que pasa nuevos datos vienen a reforzar las hipótesis de que el incendio ha sido provocado. ¿Cómo pudo desarrollarse un incendio tan rápido y tan intenso, algo que no se explican los expertos ni los arquitectos del Windsor? ¿Cuál fue la hora exacta del inicio del incendio y por qué los bomberos llegaron cuando el incendio era imparable? ¿Quiénes eran y qué hacían las personas que estuvieron en la madrugada dentro del edificio, como ha revelado la grabación de un videoaficionado? ¿Quién rompió los candados de las puertas de seguridad y quién hizo el butrón de salida que se ha descubierto en los sótanos del complejo financiero?

Lo que en los primeros momentos podía ser una nueva entrega de “los de las teorías conspirativas”, se ha convertido en la teoría general. Como dicen los editoriales de cada vez más medios. “En la investigación no debe descartarse ninguna hipótesis, por descabellada que pudiera parecer, desde el incendio intencionado hasta una posible negligencia en el mantenimiento”. (El Mundo) “Ya no podemos descartar que el incendio haya sido provocado”. (ABC) “Las fuentes policiales no descartan que el incendio haya sido provocado”. (La Vanguardia)

¿Pero quién pudo haberlo hecho y por qué?

El instinto popular, rechazando la casualidad desde el principio, ha extendido todo tipo de rumores: desde el interés por cobrar el seguro, hasta la destrucción de pruebas de algún encerrado en alguno de los miles de ordenadores o cajones del rascacielos; pasando por la venganza personal. Sin embargo el escenario, las “fuerzas en presencia” y las consecuencias que puede tener, apuntan mucho más alto y mucho más lejos.

El escenario

El complejo Azca no sólo es el pulmón empresarial de Madrid, sino uno de los siete u ocho centros financieros más importantes a nivel mundial. En él se encuentra la sede del BBVA, el mayor centro de El Corte Inglés, la Torre Picasso con las oficinas de FCC, la sede de Sacyr Villahermoso y del Banco Zaragozano, KPMG, los rascacielos Edificio Orense I y II de Seguros La Estrella y Generali, Axa Seguros...

En el edificio siniestrado el despacho Garrigues y, sobre todo, la mayor compañía de auditoría del mundo y la principal de España, Deloitte&Touche, heredera de Arthur Andersen, que audita las cuentas de 21 de las 35 mayores empresas del país: Acciona, ACS, Altadis, FCC, Amadeus, Banesto, BBVA, Endesa, Gamesa, Iberdrola, Iberia, Metrovacesa, NH Hoteles, Carrefour, Prisa, Repsol, Santander, Sogecable, Telecinco, Telefónica, Telefónica Móviles y Unión FENOSA. “Se podría decir que es el auténtico guardián de las cuentas y de la ortodoxia financiera del Ibex 35, el índice de referencia de la bolsa española.

Evidentemente, un golpe de esta naturaleza, capaz de destruir uno de los signos emblemáticos del poder financiero, puede tener serias repercusiones para una ciudad que aspira a organizar los Juegos Olímpicos de 2012. Pero ante todo, supone un duro golpe para un centro financiero en auge, no tanto por los costes inmediatos derivados de la paralización momentánea, sino por las sombras que pueda proyectar sobre una oligarquía con aspiraciones de subir en la cadena imperialista.

Desde aquí hay que empezar a valorar el alcance de lo que la demolición del Edificio Windsor significa. Y, por lo tanto a buscar la respuesta a las preguntas de quién y por qué lo ha hecho.
Estamos ante un suceso ocurrido en el corazón del poder económico del país. En ese ámbito donde las cosas tienen, como declaraba Botín al juez que le juzga por los depósitos irregulares del BSCH, “otra dimensión”. Y donde es difícil que algo se mueva sin que las “familias” oligárquicas lo sepan o lo decidan.

La otra dimensión

Se puede especular con el sabotaje para cobrar los seguros, para hacer desparecer pruebas de supuestos delitos o perjudicar la candidatura olímpica de Madrid 12. Pero en la dimensión que estamos hablando, en los centros del poder económico y político, donde las casualidades no existen, y si existen “las familias” las conocen, lo que menos hay que descartar es que estemos ante un nuevo episodio de enfrentamiento entre dos bloques oligárquicos.

No sería la primera vez. Tenemos a tres banqueros, Botín, Amusátegui y Corcóstegui, sentados en los tribunales por el caso de las jubilaciones multimillonarias ilegales. Acabamos de asistir a los desaforados asaltos que Sacyr-Vallehermoso ha lanzado para hacerse con el control del BBVA, incluyendo la filtración de un dossier contra el presidente del banco Francisco González al que se acusaba de un fraude de 800 millones. Y se acaba de abrir otro frente de enfrentamiento por el control de los medios de comunicación. Por no hablar de los casos del pasado reciente, Rumasa, Mario Conde, Mariano Rubio, el caso de las cuentas secretas del BBV que supuso la defenestración de la oligarquía de Ibarra y la oligarquía de Neguri, etc.

Pero si no es descartable un enfrentamiento inter oligárquico en el trasfondo del coloso en llamas, ¿por qué lo iba a ser la intervención de intereses aún más poderosos y que transciendan nuestras fronteras?
Evidentemente el incendio y destrucción del Edificio Windsor, no es comparable por su envergadura y consecuencias políticas ni con el asesinato de JFK, el 11-S y ni siquiera con el 11-M. Pero todos ellos sí nos sirven de ejemplo para recordar, primero, que los autores materiales, “fanáticos integristas” o enloquecidos personajes, “chorizos de poca monta”, utilizados como carne de cañón, no nos explican el por qué ni el alcance de los objetivos de los atentados. Y segundo, y es fundamental, que los “autores intelectuales”, vinculados a los centros de poder, no se detienen en los medios a utilizar a la hora de lograr sus últimos objetivos. Como refleja la película “El padrino” de Coppola, la lógica de quienes detentan un poder “absoluto” no es personal, sino que “se hace lo que hay que hacer”, aunque sea a costa de las más graves consecuencias.

Nada es descartable

Por eso, no sólo no hay que descartar ninguna hipótesis, sino que una ejecución tan consumada del octavo rascacielos de Madrid, en el corazón financiero, nos lleva inevitablemente a buscar el por qué en la respuesta a las preguntas que aún nadie se atreve a hacer explícitamente: ¿a quién le interesa que se conmocione el centro financiero de Madrid?, ¿en qué ámbito del poder económico o político se puede estar dando un ajuste de cuentas?, ¿qué objetivos persiguen los autores intelectuales del incendio y destrucción de rascacielos?

Como tantas veces, existe el peligro de que el humo no permita llegar al fondo. Si como decía un periódico, “una cadena de fallos impidió que el fuego del Windsor se detectara a tiempo”, es una cosa; bastará con investigar los fallos. Ahora bien si, partimos de las preguntas que acabamos de formular la investigación no se acaba en averiguar cómo se produjo el incendio, ni siquiera en quiénes pudieron hacerlo, sino que habría que hacer todo lo posible para llegar a los posibles “autores intelectuales”.

Desde aquí, la importancia de que se cree una comisión de investigación, con el objetivo de arrojar el máximo de luz sobre quién o quiénes pueden estar en el trasfondo del suceso de la noche de San Valentín.

F. Huertas