MOVIMIENTO OBRERO

Negros caminos para la inmigración desde Alemania

Un estudio elaborado por Bruselas concluye que “de cierta forma, las regularizaciones constituyen una forma de incitación a la inmigración clandestina”. La realidad es la contraria

Bruselas no deja de sorprender, ha manifestado que está en contra de la regularización abierta por España, dice que más por no haber consultado a los órganos de la UE que por el proceso en sí mismo. Pero la realidad es que ya anuncia que en lo sucesivo cualquier política migratoria en un país tendrá que pasar por su filtro. Mientras en España los colectivos de inmigrantes, ONG´s y buena parte de la sociedad española, plantean que la regularización extraordinaria es insuficiente demandando un cambio en la Ley de Extranjería, los principales órganos de la UE se sitúan muy a la derecha de la política española y las demandas de su sociedad.

Con el nuevo proceso de regularización extraordinaria en España se estima que alrededor de 800.000 inmigrantes podrán beneficiar hasta el 7 de mayo de 2005. Sin embrago el número de “ilegales” en España está cerca de 1.600.000, es decir, la regularización puede dejar fuera a más de la mitad de los irregulares.

Este proceso de regularización –que tendría que convertirse en norma cambiando la Ley de Extranjería- sin embrago, tendrá muchos efectos positivos. En comunidades como Madrid, Cataluña, Valencia y Andalucía, donde hay más inmigrantes, las altas en la Seguridad Social repercutirán en más cotizaciones, y por lo tanto, incremento en el presupuesto social. Para regiones como Castilla y León la regularización de inmigrantes podrían ser sólo de 20.000, pero puede suponer un freno a la despoblación en la región.

Sectores empresariales valoran como muy positiva la regularización, nadie puede negar –ni siquiera los sectores empresariales más conservadores- que el crecimiento de la economía española tiene una de sus fuentes en la mano de obra inmigrante. Según las estadísticas entre 1994 y 2005, se han creado 5 millones de empleos, rebajar la tasa de desempleo al 11% y emplear a cerca de 4 millones de inmigrantes.
Desde el punto de vista del pueblo trabajador, entre más trabajadores regularizados, mejores serán las condiciones para el conjunto de los trabajadores españoles y extranjeros.

Sin embrago Bruselas no piensa lo mismo, Holanda y Alemania fueron los primeros en expresar sus críticas contra la forma en la que España había puesto en marcha la regularización de inmigrantes. Ambos conocidos por poseer las leyes de inmigración más restrictivas de toda Europa, la insistencia de esos dos países –desde luego principalmente de Alemania- han llevado a la presidencia luxemburguesa de turno a elaborar “una propuesta para crear un sistema de información y alerta previa sobre inmigración” en los casos en los que se tomen decisiones importantes.

Pero además Bruselas miente, pretende confundir para justificar sus medidas retrógradas, un estudio elaborado por la Comisión concluye que “de cierta forma, las regularizaciones constituyen una forma de incitación a la inmigración clandestina”. La realidad es la contraria, primero, es imposible detener la inmigración de trabajadores, no es ningún fenómeno nuevo, el capitalismo para su desarrollo revoluciona incesantemente las fuerzas productivas y crea nuevos obreros y trabajadores. Segundo, entre más restrictivas las leyes mayor tráfico de personas y mafias.

Lo que Alemania, principal potencia europea, pretende a través de los principales órganos de la UE es regular el mercado de trabajo de Europa de acuerdo a sus necesidades, creando un auténtico ejército de ciudadanos de segunda, ergo, trabajadores en negro. Los grandes centros de poder nos proponen para la inmigración una política caduca y restrictiva. La advertencia lanzada desde Bruselas a España nos sirve para prevenirnos, y prepararnos, contra el camino que pretenden imponer.

Arantxa Bueno