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| Cuestión
de dignidad La visita a Europa de la secretaria de Estado estadounidense recordó el cuento del lobo y los siete cabritillos, en el que el lobo comía tiza para disimular su voz y hacer que sonara más afable... mientras seguía siendo el mismo (...) Hoy lunes, Bush también desplegará todo su encanto sureño para transmitir la sensación de que estamos en una “nueva fase de las relaciones transatlánticas”. ¿Implica todo esto una modificación fundamental de la política exterior estadounidense? No es muy probable. El presidente de Estados Unidos se deshará en elogios de la libertad, la democracia y la justicia. Sin embargo, en su discurso no mencionará Guantánamo. Seguramente tampoco la “estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”, ni de su voluntad de lanzar guerras preventivas sin tener en cuenta la prohibición de ataque de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, así como de pretender en el futuro la supremacía militar de Estados Unidos. Así pues, ¿hay algo nuevo, aparte de esa forma de hablar tan afable? Nueva es la noción de que Estados Unidos, gracias a sus armas de largo alcance tecnológicamente superiores, puede vencer a otro país, pero que no es capaz de ocuparlo y gobernarlo de forma duradera (...) Tras el encanto con el que Estados Unidos se enfrenta a Europa se esconde una petición de ayuda. Bush tampoco será
capaz de disipar la impresión (...) que Washington actuará
de forma unilateral en algunos casos también en el futuro, sin
tener en cuenta la estructura global de tratados e instituciones internacionales,
sin tener en cuenta a sus aliados, sin tener en cuenta a la Unión
Europea siquiera. Hasta los últimos años de la década
de 1990, Estados Unidos dirigía, aunque de una forma cooperativa
y cumpliendo las reglas establecidas por los pactos. Die Zeit - Hamburgo. 21-2-2005 La cuestión decisiva Naturalmente, también en el futuro se discutirá acerca de métodos y prioridades. En el caso de Irán, Occidente ya se halla ante un nuevo desafío. Pero aún cuando ello sea explosivo, tampoco es la cuestión decisiva. La cuestión decisiva es si los EE.UU. están realmente dispuestos a permitir una participación adecuada de sus aliados en la definición de la agenda atlántica. Y si una Europa que vea tomados en cuenta sus puntos de vista está por su parte dispuesta a tomar en serio los puntos de vista de EE.UU. En ese caso no habría lugar para rechazar con desdén a Bush cuando éste habla de libertad y democracia como condiciones para la paz. Frankfurter AllgemeineZeitung - Frankfurt. 22-2-2005 Hacerse respetar Más allá de las palabras, la UE espera del presidente americano hechos. “Nunca en la historia de EEUU, un presidente se mostró tan hostil y despreciativo para el Viejo Continente”, deplora un comisario europeo. “Esperamos de él una señal clara, un gesto capaz de reparar la fractura creada por su primer mandato” (...) El discurso de Bush II les ha dejado escépticos. “¡Es el mismo vino en la botella! No ha cambiado más que la etiqueta”, cree Martín Schulz, presidente del Partido Socialista Europeo (...) Lo que inquieta a los europeos por encima de todo, son las bombas americanas, dispuestas a liberar al mundo de la tiranía. Bush ha tenido el bello gesto de enfundarse el traje diplomático, pero no parece haber renunciado a la guerra preventiva. Pretende perdonar a Francia y Alemania, pero sigue creyendo que su guerra de Irak estuvo justificada. Su “Eje del Mal” se ha transformado en “puestos avanzados de la tiranía”, lo que suena igual de mal a los oídos europeos. Ciertamente, Washington habla de libertad y de derechos humanos, pero la Administración norteamericana está puesta en cuestión por el escándalo de Abou Ghraib, Guantánamo y las detenciones secretas. La UE no se hace ilusiones. La mano tendida de EEUU al Viejo Continente tiene sus límites (...) Europa (...) quiere hacerse entender por EEUU, y sobre todo hacerse respetar. Le Monde - París, 21-2-2005 |
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