INTERNACIONAL Portugal Tomando prestado de sus colegas españoles la idea de “un cambio tranquilo”, los socialistas portugueses formarán gobierno en solitario, pero con una fuerte oposición a su izquierda |
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| La izquierda vuelve al gobierno en Portugal, acabando así con un período de anomalía histórica por el que la sociedad posiblemente más a la izquierda de toda Europa, ha tenido una mayoría absoluta de la derecha durante tres años. Y lo hace, además, con una barrida histórica, en la que las distintas fuerzas de izquierdas alcanzan el 60% de los votos populares y suman 145 de los 230 escaños. El pueblo portugués ha respondido de esta manera a la encrucijada en que se encuentra: económica y socialmente se enfrenta a una crisis estructural que, con la entrada de los nuevos socios en la UE, amenaza con convertirlo en “el enfermo crónico” de Europa. Con un crecimiento inferior al 1% del PIB anual, una deuda pública que durante varios años consecutivos se sitúa por encima del 5%, un paro por encima del 7% , la renta per cápita y el índice de productividad más bajos de la zona euro y unas condiciones de vida y trabajo para la inmensa mayoría del pueblo trabajador cada vez más depauperadas, hasta el punto de que la principal actividad del 70% de muchos juzgados de las principales ciudades consiste en resolver las demandas que presentan las instituciones financieras por impagos de hipotecas y créditos. El socialista José Sócrates, ganador por mayoría absoluta, se propone impulsar un plan de modernización del país, en el desarrollo tecnológico y la inversión en desarrollo. Elementos claves en un país que en décadas pasadas confió todo su crecimiento a una política de bajos salarios y mano de obra sin cualificar y al que, las nuevas condiciones de la economía mundial lo empujan –de no cambiar radicalmente esa orientación– hacia un pozo sin fondo. Tomando prestado de sus colegas españoles la idea de “un cambio tranquilo”, los socialistas portugueses formarán gobierno en solitario, pero con una fuerte oposición a su izquierda que previsiblemente les obligue a mantenerse firmes en sus promesas sociales. Sea como fuere, que exista una buena sintonía entre los dos gobiernos de la península ibérica es imprescindible para hablar con una única voz en la UE, defendiendo los intereses comunes del Sur de Europa frente a Bruselas. La identidad de intereses que compartimos uno y otro país –además de los lazos históricos, culturales, casi de “familia”–, así lo exigen. A. Beloki |
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