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El hundimiento

Esta película no trata de reivindicar el camino errado del nazismo, sino reconstruir el orgullo de los alemanes en un momento en que, como dijo el canciller Schroeder el otro día, Alemania se apresta a “jugar un papel decisivo en el mundo”.

Arrasa en las taquillas alemanas desde su estreno en septiembre del 2004. Aquí su éxito es considerable. Aspira a los oscars. La película sobre los últimos días de Hitler es sin duda una obra grandiosa, tanto por el escrupuloso rigor germánico con que reconstruye las apasionantes horas que preludiaron el hundimiento del nazismo... como por la monumental ambigüedad que encierra y que cineastas (alemanes) de la talla de Win Wenders se han atrevido a denunciar como una “monumental trivialización” del nazismo y una peligrosa y distorsionada visión de un momento crucial de la historia alemana.

Debe decirse de partida, para evitar equívocos, que “El hundimiento” no es una película pro-nazi ni a favor de Hitler. Aunque la idea de presentar “el lado humano” del genocida sea disparatada y pueda inducir a confusión a algunos, y sea incomprensible (e inaceptable) el pudor que lleva a los autores a hurtarnos las imágenes del suicidio de Hitler (al que en ningún momento vemos muerto), mientras no se nos ahorra mostranos decenas de suicidios de sus subordinados e, incluso, el asesinato “en serie” de los hijos de Goebbels a manos de su propia madre, en lo que parece como un respeto aún reverencial a la figura del hombre que dejó detrás de sí 50 millones de muertos, el holocausto nazi y una Alemania reducida a escombros, aun así y con todo es cierto que la película no es ni pronazi ni hitleriana.

Queda claro en todo momento que “aquel fue un camino equivocado para Alemania”. Ni Hitler era el hombre ni lo que se hizo estuvo bien... Pero, condenados Hitler y el nazismo, la película trata de “salvar a Alemania”, al pueblo y al ejército alemán (objeto de continuos dicterios de Hitler), que en todo momento aparecen con un comportamiento heróico en una situación desesperada, extrema, enfrentando las mayores adversidades imaginables, y que, en definitiva, se redimen con la derrota. La culpa por ese desastre causado queda purificada por la completa derrota sufrida

La película gira (descalificado Hitler) en torno al dilema entre Speer y Goebbels. La figura del arquitecto Speer, que se niega a cumplir las órdenes del Führer de destruir todas las infraestructuras de Alemania, porque “Alemania tiene un futuro después de Hitler”, contrasta con la decisión de los Goebbels de matar a sus hijos porque “Alemania no tiene futuro sin el nacionalsocialismo”. La película se alinea con Speer, atisba en la negrura del búnker la luz que debe permitir a Alemania seguir pugnando por sus objetivos...en el futuro, o sea, ahora. No nos equivoquemos: esta película no trata de reivindicar el camino errado del nazismo, sino reconstruir el orgullo de los alemanes en un momento en que, como dijo el canciller Schroeder el otro día, Alemania se apresta a “jugar un papel decisivo en el mundo”.

J. Albacete