ANÁLISIS

Deia y Gara, la prensa del nacionalismo vasco, cargan contra el manifiesto ¡Si tenemos que decir!
¡Ahí les duele!

Desde su aparición en el El País el pasado 5 de marzo, día sí día no, la prensa del nacionalismo vasco (Deia y Gara) vienen prestando una atención cada vez más minuciosa, cada vez más irritada, cada vez más áspera, al contenido y a los firmantes del manifiesto “¡Sí, tenemos que decidir!”, respaldado por 300 intelectuales, artistas y científicos, de inequívoca trayectoria progresista, que exigían libertad para Euskadi y decían un no rotundo y argumentado al Plan Ibarretxe.

De los meros exabruptos iniciales se ha pasado ya a una “refutación” punto por punto de las tesis del manifiesto, lo que pone en evidencia que necesitan refutarlas, que temen que puedan afectar a su parroquia, a sus votantes; en definitiva, reconocen que “ahí les duele”, que el manifiesto ha dado en el blanco.

Y como ocurre con todos los reaccionarios, al tener que recurrir no sólo al insulto (lo que siguen haciendo) sino también a sus argumentos, se desnudan ya completamente, exponiendo sin tapujos la catadura verdaderamente siniestra del proyecto en que se han embarcado.

El ejemplo más destacado hasta ahora de esa “dedicación” de la prensa nacionalista a demoler el manifiesto “¡Sí, tenemos que decidir!” es el artículo de Deia titulado (¡qué originalidad!) “La Cruzada españolista ataca de nuevo”. Por cierto que habría que preguntarle al autor por qué ha elegido el sempiterno término religioso de “cruzada”: ¿acaso lo firma el obispo Setién, o el ex-jesuita Arzallus, o el clericalista Ibarretxe o el ex-monaguillo Madrazo? Si aquí cabe, de algún lado, el término “cruzada” (ya un poco manido, y típico del que por pereza, desidia o incapacidad intelectual no da con otro término más acertado), sería sin duda para “los cruzados del Plan Ibarretxe” y no a los firmantes del manifiesto, casi todos ellos de inequívoco perfil laico: ¿o en verdad cree el periodista ajustado llamar “cruzados” a Juan Goytisolo, Gustavo Bueno o Marcelino Camacho? Para meterse en estas lides hace falta un poco menos de indigencia intelectual. Pero vayamos ya al asunto de la refutación.

¿Con esa gente¿ ¿Con qué gente?

Afectado por el síndrome de “superioridad racial” bebido en la infumable ideología aranista, el articulista comienza ya interrogándose, despreciativamente, si “¿Realmente nos interesa asociarnos con esa gente, aunque sea libremente...?”.

¿Quién es esa gente con la que resulta, al parecer, tan penoso el vivir asociado? Pues se trata, por resumir, de gente como los escritores Juan Goytisolo o Rosa Montero, de actores como Javier y Pilar Bardem, de pintores como Antonio López o Rafael Canogar, de cantantes como Aute, de directores de cine como Trueba, de filósofos como Fernando Savater o Gustavo Bueno..., es decir, de intelectuales y artistas de inequívoca trayectoria democrática y progresista y reconocido prestigio nacional e internacional.

Sólo en los países de ideología totalitaria se ataca y desacredita “en bloque” a intelectuales y artistas. En ningún país democrático se hace. Lo hicieron los nazis con aquel epíteto de “artistas degenerados”. Ahora lo hacen Deia y Gara, con el mismo desparpajo y similar inquina. No se podían haber hecho un autorretrato más logrado.

¿Españolismo ultranacionalista, ultraderechismo?

Tras la “acertada” calificación de cruzados y el inevitable deje de desprecio étnico, llega el “atinado” calificativo político: sin duda todos estos señores (los firmantes) son “ultraderechistas” o “españolistas ultranacionalistas”, si no desde siempre, sobrevenidos en el último momento (o, si no, “manipulados” por la derecha más retrógrada, aprovechándose de su “ignorancia”).

Esto es ya, abiertamente, patético. El articulista toca fondo... y aún no ha acabado el primer párrafo. Muy enferma debe estar la “parroquia” nacionalista para merecerse esto. En todo caso, ahorro al lector la estéril tarea de convencerle de lo obvio: que los firmantes no son, precisamente, legionarios de Fuerza Nueva.

¿Desprestigiar a Euskadi?

Pero sigamos. ¿Y cuál es, según el articulista, el objetivo que persiguen el ultraderechista Bardem, el ultranacionalista españolista Juan Goytisolo y el manipulado ignorante Gustavo Bueno? Naturalmente desprestigiar a Euskadi. Cualquiera que haya leído el manifiesto sentirá sin duda extrañeza ante esta acusación. Allí, en efecto, nada se dice contra Euskadi. Allí todo se carga a la cuenta del nacionalismo étnico, del gobierno vasco y de ETA. Pero, claro, para una mirada nacionalista étnica esta distinción no existe. Euskadi son ellos. Y, por tanto, quien critica al gobierno vasco ataca Euskadi.

Otro rasgo distintivo de los sistemas totalitarios es el que identifica al régimen, al gobierno o al partido con la nación, con el país. También en este punto el articulista deja clara constancia de la ideología desde la que habla.

La democracia más avanzada

Pero demos ya un salto y vayamos a las refutaciones concretas. Por ejemplo, la que rechaza que en Euskadi exista -como denuncia el manifiesto- “una atmósfera totalitaria”. El periodista nacionalista refuta aquí “por elevación”. No sólo no hay tal atmósfera, sino que, por el contrario -dice “en Euskadi se da la Democracia (así, con mayúsculas, para que la tipografía confirme la verdad de lo que dice) más avanzada del Estsdo español”. Y además, dice “resulta demasiado fácil contrastar esta cuestión”.

Y es tan fácil, tan fácil... que al autor se le “olvida” mencionar lo esencial: tan perdido está en el elogio que no recuerda que en la Democracia vasca los diputados de la oposición van al Parlamento con escolta porque están amenazados de muerte, que los concejales no nacionalistas van a los ayuntamientos con escolta porque están amenazados de muerte, y que muchos votantes (por no decir todos) de estos partidos también están amenazados de muerte. ¡Esta sí que es una singularidad de la “democracia vasca”! El miedo es libre, dice el cínico articulista (al que presumimos no amenazado): sí claro, ¡pero los que no son libres son los que están amenazados de muerte!

¿Movimiento natural?

Y aquí llegamos ya al fin de este retrato, allí donde la naturaleza del totalitarismo vasco adquiere el sello peculiar de su carácter nazi-fascista. El plumífero nacionalista, confrontado a la realidad del exilio de más de 200.000 vascos en los últimos 20 años, lo atribuye, con estúpida inocencia o cruel falsedad, a “movimientos naturales” de población de cualquier país, “de emigración o inmigración”. La respuesta recuerda a la que daban ciertos funcionarios alemanes cuando se les preguntaba por la progresiva desaparición de los judíos de las ciudades y barrios alemanes a finales de los años treinta: “Habrán emigrado”. ¡Sí, a los campos de concentración, conducidos por la fuerza al exterminio!

¿Emigración e inmigración, eh? Hay que comulgar hasta el fondo con la ideología nazi-fascista del etnicismo vasco para utilizar semejante argumento ante uno de los mayores exilios políticos en un país europeo después de la segunda guerra mundial: ¡el 10% de la población!

Tener que mostrar en público estas vergüenzas, estas mentiras, estas inmundicias ideológicas, demuestra, sin duda, que el manifiesto les ha dolido, les ha hecho pupa, que esa línea de denuncia y exigencia es la que, de verdad, puede poner fin al vergonzoso episodio del nazi-fascismo vasco.

J. Albacete