NACIONAL - CATALUÑA

Maragall y el déficit fiscal
El déficit del 3%

El déficit que nos interesa a los trabajadores es el abismo de clase que se abre en el interior de Cataluña entre megacorporaciones como La Caixa y barrios populares como El Carmelo

En el momento más álgido de la crisis del Carmelo, la clase política catalana cerró filas para que esas discusiones “no paralicen los proyectos importantes para Cataluña”, es decir la reforma del Estatuto y la negociación del déficit fiscal con el gobierno central. Quizá este sea el corazón de lo que Albert Boadella ha denominado con acierto “la cosa nostra identitaria” que rige los destinos de Cataluña: lo que verdaderamente importa no son las condiciones de vida del pueblo trabajador, sino ensanchar, disfrazados bajo una senyera, los dominios “autónomos” de la burguesía catalana. Estos días, cuando el socavón del Carmelo ha sacado a la luz el abismo de clase que la Cataluña oficial escondía debajo de la alfombra de la modernidad, Maragall ha vuelto a arremeter con el ariete de la reclamación del déficit fiscal. ¿Qué tiene que ver esto con una política de izquierdas?

Los dominios de la burguesía catalana

“Cataluña es una comunidad deficitaria, paga más de lo que recibe y eso la ha empobrecido”. El propietario de estas palabras es un alto directiva de Fomento del Trabajo, la histórica patronal de la burguesía catalana. Pero no se diferencia de las reivindicaciones que, día sí, día también, se gritan desde un gobierno catalán que se autodefine de izquierdas.
¿Cómo es posible que la izquierda coincida con el corazón de la burguesía catalana?

El president de la Generalitat, Pasqual Maragall ha puesto precio al “problema catalán”. En una conferencia en la sede de La Caixa afirmó que “el tema de hoy es Cataluña, y si no se resuelve la mejora de su autogobierno y su financiación, España no tendrá solución”.
Para ello propone reducir el déficit fiscal –la diferencia entre lo que Cataluña aporta al Estado vía impuestos y las inversiones que recibe desde el gobierno central- del 7,5% al 5% o 2,5%. Además de la creación de una Agencia Tributaria propia, que recaudaría la totalidad de los impuestos en Cataluña, y luego pasaría un porcentaje al Estado.
Tanto o más significativo que el contenido de sus palabras lo es el auditorio que aplaudió las reivindicaciones de Maragall: el presidente de La Caixa, Ricard Fornesa, de Fomento del Trabajo, Joan Rosell, de la patronal Pimex, del Banco Sabadell…

Un público “de clase” que vio en las reivindicaciones del president la defensa de sus intereses. Porque la reclamación del déficit fiscal es un argumento de la derecha. Sólo podría ser asumida por algún sector «agresivo» de la derecha. Sería algo así como si los que pagan más impuestos (y los pagan porque tiene más recursos) se asociaran y reclamaran que es necesario que los impuestos que ellos pagan se gastasen únicamente en ellos mismos y sus familias.

A la afirmación «el déficit fiscal de Cataluña nos empobrece» hay que oponer la de que el déficit fiscal de Cataluña es una consecuencia de la existencia de un «déficit de fondo» en toda sociedad. Son las desigualdades generadas por el hecho de que mientras la riqueza se genera socialmente (el ciudadano «de a pie», de Cataluña y del resto de España), hay quienes se apropian privadamente de ella (los que detentan el poder económico, los muy, muy ricos, los que de verdad deciden, los propietarios y representantes de los grandes monopolios en Cataluña y en el resto de España).

Es significativo que “Omnium Balear”, una agrupación teóricamente cultural, pero ligada por múltiples vínculos con la burguesía catalana, publicara un estudio sobre el déficit fiscal de Cataluña con España, donde se afirma que éste se traduce en un abanico de entre el 7,5% y el 10% del PIB catalán, «es decir, de cada 100 pesetas de renta generadas en Cataluña, entre 7,5 y 10 pesetas se van a Madrid a cambio de nada». Para la burguesía catalana, aportar a la solidaridad es “a cambio de nada”, es dinero perdido. ¿Y qué hace la izquierda uniéndose a reivindicaciones que también enarbola en Europa gente tan reaccionaria como Umberto Bossi?

Déficit fiscal o déficit de clase?

Vicenç Navarro, profesor de la Universidad de Barcelona, afirmaba certeramente en un reciente artículo que “en Cataluña, entre el 30% y el 35% de renta superior del país (burguesía, pequeña burguesía y clase media profesional de renta alta) tiene un enorme poder para configurar la cultura mediática y política del país y su sabiduría convencional. Debido en gran parte a la enorme influencia de estos sectores, los temas identitarios absorben un gran espacio mediático y político. Casi toda la realidad es vista y evaluada bajo el prisma identitario. Desde la Constitución europea (cuya bondad se evalúa casi exclusivamente en el reconocimiento o no del catalán) hasta el considerable subdesarrollo del Estado de bienestar (que se explica exclusivamente por la existencia del déficit fiscal con España), casi todo se analiza de acuerdo con el criterio nacionalista (llámese éste como se llame)”.

Contrasta la atención dedicada a temas como la reforma del Estatuto con el silencio de otros dos hechos que se han documentado estos días. El primero fue un informe de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, continuación de otro publicado hace varios años, donde se concluye que un burgués acomodado en Cataluña tiene, como promedio, una esperanza de vida 10 años mayor que la de un trabajador no cualificado en paro, siendo ésta una de las mortalidades diferenciales por clase social más altas de la Unión Europea.

Ningún medio de información cubrió esta noticia y no fue tema de ningún debate o tertulia. Este silencio parecería indicar que lo único que le preocupa a la ideología dominante del país es saber si los certificados de defunción están escritos o no en catalán. Por lo demás, no hay noticia.

Por otro lado el Informe PISA de la OCDE ha confirmado las enormes deficiencias de la educación en Cataluña y el resto de España. A pesar de ser una de las zonas más ricas del país, Cataluña destina a educación sólo el 2,37% de sus presupuestos, mientras que la media del conjunto de España es del 4,33%. Claro que entre el 30% y el 35% de la población de Cataluña de renta alta envía a sus hijos a las escuelas privadas, mientras que sectores de las clases trabajadoras envían a sus hijos a las escuelas públicas. De ahí que, como han señalado bien los profesores Jorge Calero y Oriol Escardíbul, Cataluña es una de las comunidades autónomas en las que hay una relación más directa entre mayor renta de los padres y mayor posibilidad de ir a la Universidad.

Hablan de desequilibrio fiscal, pero el auténtico desequilibrio que padecemos Cataluña y los catalanes es el abismo de clase: el abusivo precio de la vivienda, la precariedad laboral, pensiones de miseria… mientras que la gran burguesía catalana, con La Caixa como buque insignia, acumula el mayor poder financiero de su historia. Cataluña es la zona de España donde se abre un mayor abismo de clase, visible en barrios populares como El Carmelo. Este es el déficit que nos interesa a los trabajadores, y el que debería atender un gobierno de izquierdas.

Joan Arnau

¿Qué hace la izquierda enarbolando el déficit fiscal, una reivindicación propia de la derecha?

Bajo el estruendo de la reforma del Estatuto, se ha silenciado un informe de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, donde se concluye que un burgués acomodado en Cataluña tiene, como promedio, una esperanza de vida 10 años mayor que la de un trabajador no cualificado en paro, siendo ésta una de las mortalidades diferenciales por clase social más altas de la Unión Europea.