INTERNACIONAL - PERFIL Bush
propone a Wolfowitz para dirigir el Banco Mundial Desde los 70, Wolfowitz ha venido poniendo su bien amueblada cabeza al servicio de los sectores más duros y agresivos del imperialismo norteamericano |
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| Paul Wolfowitz –segundo de Rumsfeld en el Departamento de Defensa y propuesto la pasada semana por Bush como candidato para ocupar la presidencia del Banco Mundial– es conocido en todo el planeta por ser el “arquitecto” y principal diseñador de la guerra e invasión de Irak. Pero sería injusto reducir su larga hoja de servicios a este último episodio. Porque desde principios de los 70, Wolfowitz ha venido poniendo sin descanso su bien amueblada cabeza al servicio de los sectores más duros y agresivos del imperialismo norteamericano. Ya en su época juvenil se opuso a la “realpolitik” de Kisinguer de abandonar Vietnam, establecer relaciones con China y negociar con la URSS acuerdos de contención y desarme nuclear. Trabajó con la administración Reagan como asistente de la secretaría de Estado para asuntos asiáticos y durante tres años fue embajador norteamericano en la Indonesia del dictador Suharto. Pero su verdadera talla la iba a dar cuando se convirtió en la mano derecha del hoy vicepresidente Cheney, entonces secretario de Defensa con Bush padre. Además de ser uno de los ideólogos de la unificación del mando de las fuerzas militares en el Comando Central, bajo su dirección se diseñó el sistema de preposicionamiento marítimo, la estrategia que tan buenos resultados ha dado al ejército norteamericano en las dos guerras de Irak o la de Kosovo. Y es que Wolfowitz siempre ha sido un adelantado a su tiempo. Tanto, que ya en fecha tan temprana como 1992, causó un enorme revuelo cuando fragmentos de su “Guía sobre Política de Defensa” se filtraron al New York Times. En este documento, Wolfowitz proponía acciones preventivas contra ”estados hostiles” que procuraran desarrollar armas de destrucción masiva, medidas para impedir el surgimiento de potencias regionales o mundiales que pudieran competir con Estados Unidos, y constantes intervenciones militares para preservar la pax americana y la seguridad de sus intereses vitales. Como también se adelantó a su tiempo al participar en el grupo de políticos del ala dura que en 1998 sintetizaron el actual programa político y militar de Bush, sentenciando premonitoriamente que “sólo un acontecimiento catastrófico que conmocione a la opinión pública norteamericana de la forma en que lo hizo Pearl Habour” podría proporcionar las condiciones para su puesta en marcha. Su designación como candidato a la presidencia del Banco Mundial –una institución financiera dominada por EEUU– manda un mensaje nítido: frente al anodino y “técnico” director anterior, un peso pesado de los halcones para rentabilizar política y financieramente la costosa inversión militar realizada los cuatro años anteriores. La ironía del destino quiso que el anuncio de la candidatura del hombre que vaticinó que la invasión se costearía con los fondos provenientes del petróleo iraquí, haya coincidido con la aprobación de un gasto extraordinario de más de 10 billones de pesetas para la reconstrucción de Irak. Con estos antecedentes, veremos si, como en la película de Huston, lo que se anuncia hoy como una maciza figura de oro recubierta de piedras preciosas, no sea al final más que una pesada figura de bronce bañada en negra pintura de plomo. A. Beloki |
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