EDITORIALES

El cambio económico y social no puede esperar

Mientras el gobierno se ha encastillado en las reformas estatutarias, el modelo económico que se han comprometido a cambiar, sigue y se profundiza

El paro, la economía familiar y la vivienda, además del terrorismo, son los tres problemas que más preocupan a los españoles, según la última encuesta del CIS. Los problemas políticos, entre los que están incluidos la reforma de los estatutos, ocuparía con el 8’1 % uno de los últimos lugares en sus preocupaciones. Es decir, si la reforma del modelo de Estado ocupa las primeras páginas de los periódicos y el centro de los debates del Estado de la Nación, no es por la presión popular, sino por imposición de las fuerzas políticas.

Así que cada día que pasa sin tomar medidas que permitan hacer frente a los retos económicos y sociales que tiene nuestro país, va en contra del cambio, este sí, demandado por la sociedad, y prometido por Zapatero: un modelo económico basado en la investigación y desarrollo que acabe con la precariedad laboral y social que sufre la mayor parte de las clases trabajadoras.

Mientras el gobierno se ha encastillado en las reformas estatutarias, el modelo económico heredado, y que se han comprometido a cambiar, no sólo sigue sino que se profundiza. De la economía siguen tirando los mismos sectores que antes, la construcción y el turismo de sol y playa, que aportan poco valor añadido. El mercado laboral sigue tan instalado en la precariedad que esta ha subido del 31'8 en 2003 al 32'5 en 2005.

Los de siempre, es decir bancos y grandes empresas, baten sus propios récords históricos de beneficios. Con los salarios y pensiones prácticamente congelados o subiendo menos del 3 %, las grandes empresas de la Bolsa anuncian beneficios del 38'4 %. Las multinacionales y monopolios imponen en los centros de trabajo su reforma del mercado laboral que se reduce a una fórmula única: más seguridad en el puesto de trabajo a cambio de rebajar el despido, ampliar la jornada laboral por el mismo o menos salario y poner en manos de la empresa el horario, el descanso y las condiciones de trabajo. Iberia ha sido la última en sumarse congelando el sueldo de sus empleados durante los próximos dos años. Y eso es lo que Cuevas lleva a la mesa de negociaciones.

Hemos vuelto «al corazón de Europa», pero seguimos ocupando los últimos puestos en calidad de empleo, educación, seguridad laboral, renta agraria, etc. Ni las reformas mínimas como la del Salario Mínimo Interprofesional, ni las reformas cívicas, como la ley contra la violencia sobre la mujer o los matrimonios homosexuales, pueden justificar que en los problemas fundamentales (mercado laboral, vivienda, sanidad, educación, inmigración...) que afectan al conjunto del pueblo de las nacionalidades y regiones de España, a vascos, gallegos, catalanes, castellanos o andaluces, no se estén dando ya pasos significativos. Y los que se anuncian (como seguridad laboral a cambio de despido más barato) no sean precisamente halagüeños para las clases populares.

La unidad del pueblo de las nacionalidades y regiones es la base de cualquier proyecto de futuro y progreso para nuestro país. Eso, y colocar ya en primer plano las cuestiones esenciales económico-sociales, es lo que está demandando la mayoría social. Y no puede esperar, sino a riesgo de llegar tarde en las transformaciones, en un mundo al que las disputas imperialistas meten cada vez más velocidad.