PERFIL

Comisión del 11-M
Ciegos ante los servicios secretos

Kalaji tenía confidentes infiltrados en todas las células islamistas de España, fue quien proporcionó las claves para llegar al piso de Leganés. Sin embargo era -hasta ahora- un personaje desconocido en las investigaciones

Cuando la comisión de investigaciones de los atentados del 11-M se apresta a redactar sus conclusiones finales se añaden nuevos elementos oscuros acerca de sus presuntos autores y las investigación policial misma. Más cabos sueltos cuanto mínimo desconcertantes –por no decir alarmantes– han sido difundidos por el periódico El Mundo. Se suman a la ya incontable cadena de agujeros negros de la investigación del 11-M –que llevan más a asemejar un gran cráter– la aparición e escena de Maussili Kalaji policía secreto español de origen sirio cuyo protagonismo en los acontecimientos solo es comparable al celo con el que hasta ahora se a cuidado su existencia. Fue en su tienda donde fueron liberados los teléfonos móviles empleados en los atentados del 11-M.

La formación de Kalaji está vinculada a los servicios secretos por supuesto no solo españoles, perteneció al grupo palestino Al Fatah y trabajo para la KGB cuando aún existía la república soviética. Desde 1981 vivía en España, ya como policía en 1989 abortó una importante operación terrorista al localizar un barco con explosivos que llegó al puesto de Valencia desde el Líbano. Se convirtió en el agente español que más sabía sobre células islamistas en Europa y tenía infiltrados varios confidentes en los atentados del 11-M y el 11-S. No sólo sabía quién era y a qué se dedicaba el Tunecino, tenía confidentes infiltrados en todas las células islamistas de España, fue quien proporcionó las claves para llegar al piso de Leganés. Sin embargo Kalaji era -hasta ahora- un personaje desconocido en las investigaciones.

¿Qué papel ha desempeñado el policía que manipuló los teléfonos móviles del 11-M y que se infiltraba en grupos islamistas? ¿Por qué su existencia es un misterio un año después de los atentados? Son preguntas abiertas a las que la comisión de investigaciones no puede dar respuesta.

Sin embargo lo más inquietante no es tanto aclarar el papel que agentes como Kalaji antes, durante y tras los atentados, sino que cada nueva incógnita de la investigación de los atentados tropieza con vinculaciones con servicios secretos extranjeros. Las pruebas recaudadas hasta ahora demuestran de forma concluyente que ninguno de los miembros de los comandos ejecutores podría ser el o los autores intelectuales, la pista de quien dio la orden para que los terroristas en el piso de Leganés se inmolaran ––el siguiente escalón en la cadena hasta los verdaderos autores– a sido rota por la falta de colaboración de los servicios secretos marroquíes. Todos o casi todos los participante en de los atentados estaban fichados por la policía secreta marroquí y española pero nadie se enteró que se estaba preparando un atentado de esta envergadura, supuestamente ni siquiera Kalaji, aunque él mismo declarara haber dado aviso a sus superiores de que algo gordo se estaba preparando.

¿Cómo se pretenden sacar las conclusiones finales de una investigación que por el grado de confusión y cabos sueltos pareciera estar apenas en sus inicios? Este es un ciego que no quiere ver.

En el centro, Kalaji, otro de los cabos sueltos que la comisión del 11-M ha dejado sin investigar