NACIONAL

La deriva del PP:
Peligros de uno y otro signo

Si debemos criticar la postura del PP, tanto o más debemos prevenirnos de quienes pretenden utilizar el rechazo al PP para defender intereses espurios

En la posición adoptada por el PP, cuya máxima expresión ha sido la ruptura total con Zapatero escenificada en el Debate del Estado de la Nación, es difícil distinguir qué es más nocivo: la deriva de Rajoy, o las de algunos de los que han vuelto a utilizar el «todos contra el PP» como excusa perfecta. La postura del PP favorece un enfrentamiento con el gobierno de Zapatero, y la quiebra en los hechos del Pacto Antiterrorista y por las Libertades, que perjudica a la lucha por la libertad en Euskadi. Pero hay quien utiliza los errores del PP para hacernos tragar con ruedas de molino.

Desde las elecciones vascas, el PP se ha embarcado en un camino cuyo objetivo es desgastar, utilizando para ello cualquier argumento, al gobierno de Zapatero. Para ello no han dudado en adoptar el sorprendente punto de vista de que los comicios en Euskadi habían sido –a pesar de la derrota de Ibarretxe y el varapalo a su plan–«una tragedia para España», por la presencia en el parlamento de Vitoria del PCTV.

Si el Pacto Antiterrorista y por las Libertades fue un eficaz instrumento –no sólo contra ETA, sino también contra el nacionalismo étnico de Ibarretxe o Arzallus–, los ataques de la dirección del PP han contribuido a dinamitar el entendimiento. Una ruptura de la que sólo sale beneficiado, no ya el entorno etarra, sino sobre todo Ibarretxe.
No sólo en el contenido, sino también en las formas –propias de los ramalazos de la derecha más rancia–, el discurso del PP contribuye a aislar al que hoy es el primer partido de la oposición. Provocando el rechazo de una buena parte de la población.

Y ni una cosa ni la otra son buenas. El entendimiento entre el PSOE y el PP –tanto en la lucha contra el terrorismo y por la libertad en Euskadi, como en cuanto a la reforma de los estatutos– actuaba como un muro de contención frente a las amenazas del nacionalismo excluyente de Ibarretxe o las exigencias insolidarias de Carod Rovira.

Pero si debemos criticar la postura del PP, tanto o más debemos prevenirnos de quienes pretenden convertir al PP en el único problema. Los errores del PP están siendo utilizados para esconder intereses espurios. Creando, por ejemplo, ante la propuesta del gobierno acerca de las condiciones para dialogar con ETA, dos bandos artificiales, donde los únicos «intransigentes» serían los del PP, mientras que en el bando de «los dialogantes» nos encontramos compañías tan sospechosas como Ibarretxe o Carod Rovira.

Utilizando el espantajo de la derecha siembran una especie de cloroformo para que aceptemos, o no percibamos, la deriva hacia la disgregación –que sólo sirve a los intereses de las castas burguesas locales y a los grandes poderes imperiales que pretenden dominar España–, ante la que Zapatero mantiene una cada vez más exasperante ambigüedad.
No podemos permitir que el lógico rechazo al PP nos haga comulgar con ruedas de molino.

No podemos permitir que el lógico rechazo al PP nos haga comulgar con ruedas de molino.