| La publicación
de los beneficios de bancos y grandes empresas correspondientes al primer
trimestre de 2005 produce vértigo. Salvo raras excepciones, todos
los grandes grupos financieros y empresariales del país han obtenido
en este período su récord histórico de ganancias.
Nunca en la historia habían ganado tanto. Y nunca habían
hecho tan descarada y hercúlea ostentación de sus fabulosos
beneficios. No cabe duda que estamos asistiendo a un auténtico
festín de la burguesía monopolista española.
8.089 millones de euros.
O para entendernos mejor: casi un billón y medio de las antiguas
pesetas. Eso es lo que han ganado, de enero a marzo, en sólo tres
meses, las 35 empresas englobadas en el Ibex35, el selectivo índice
bursátil que reúne a los grandes bancos y empresas que cotizan
en Bolsa.
La cifra constituye un récord histórico absoluto de ganancias
en un trimestre. Pero también marca un porcentaje récord
de crecimiento de beneficios en comparación anual: las ganancias
del primer trimestre de 2005 suponen un 38,4% más que las del mismo
período de 2005.
Aunque no es oro todo lo que reluce y más de una ha «inflado»
sus resultados con ventas de activos y participaciones para obtener una
buena «foto de salida» del año, la realidad del conjunto
expresa una euforia real, cimentada en el peso aplastante de las cifras.
Muchos son los elementos y aspectos que cabe extraer y resaltar de esta
auténtica «montaña de oro», y que afectan de
diversas formas a la correlación de fuerzas y a la correlación
de clases en España. Vamos a detenernos en algunos.
El primer aspecto que caba destacar es, sin duda, el reforzamiento del
control y el dominio que los sectores de la burguesía monopolista
ejercen sobre el conjunto de la economía del país. Sus beneficios
récord traducen, con toda contundencia, el peso creciente que desempeñan,
el carácter determinante que tienen y el aumento de su poder. El
control que han pasado a tener sobre el conjunto de la economía
española es aplastante, omnímodo. Los otros sectores de
la burguesía, tanto si les va bien como si les va mal, están
completamente condicionados por el peso creciente de los grandes bancos
y el resto de monopolios, cuyas decisiones les afectan de forma determinante.
El segundo elemento a destacar es la persistencia y el reforzamiento del
liderazgo que el sector financiero desempeña -como ha ocurrido
tradicionalmente- en el seno de la burguesía monopolista española.
El sector bancario acapara, él sólo, más del 40%
del total del beneficio obtenido por las 35 empresas del Ibex. Más
de 2.500 de los 8.000 millones ganados han ido a parar a las arcas de
los seis grandes bancos. Y el beneficio aún sería mayor
si se tuviese en cuenta que parte de las ganancias que se atribuyen el
resto de grandes empresas les pertenecen, porque están participadas
por los bancos. Una oligarquía financiera cada vez más reducida
ocupa pues una situación cada vez más privilegiada a la
cabeza de la economía española. Y esto es aún más
cierto, si tenemos en cuenta que un solo banco, el Santander, acapara
asimismo él solo prácticamente la mitad de los beneficios
bancarios: 1.185 millones de los 2.500. El banco de Botín, tras
absorber a tres de los siete antiguos grandes bancos españoles,
protagonizar una espectacular expansión en Iberoamérica,
comprar el Abbey británico y alcanzar el «top ten»
(estar entre los diez primeros del mundo), se ha convertido en el buque
insignia no sólo de la oligarquía financiera sino del conjunto
de la burguesía monopolista española, marcando el rumbo
económico a seguir... y determinando también, por tanto,
el rumbo político. Botín no sólo encabeza el «festín»
de su clase a la hora de hacer caja, sino que determina cada vez más
el lugar y el peso de cada uno en «la fiesta».
Un tercer aspecto a destacar es el relativo éxito de la transformación
de algunos de los bancos y monopolios «nacionales» en poderosos
grupos multinacionales. Muchas son las empresas del Ibex35 que tienen
ya «tres patas» y obtienen sus beneficios de «tres fuentes»:
el mercado español, Iberoamérica y Europa. Ya era el caso
del Santander, Repsol, Telefónica, Endesa y otras; pero no sólo
éstas han consolidado y extendido sus raíces en el exterior
sino que prácticamente todas las demás han seguido ya ese
camino y adoptado ese esquema. La burguesía monopolista española
parece decidida así a jugar un papel activo tanto en la economía
y la política europea como en la economía y en la política
iberoamericana, demostrando así una ambición difícilmente
previsible hace 25 ó 30 años. No obstante, esto no elimina
su «fragilidad» histórica, que le empuja a subordinarse
a las burguesías monopolistas más poderosas del momento;
ni la «fragilidad» añadida que supone su división
interna, entre quienes quieren mantener una relación privilegiada
con Estados Unidos y quienes apuestan por vincularse decisivamente al
«proyecto europeo».
Por último, un cuarto aspecto a resaltar es el contraste salvaje
que ofrecen estas apabullantes cifras con otras que también hablan
de la situación económica de España y de los españoles.
Porque mientras se prod,uce ese «festín» de los grandes,
en España sigue habiendo dos millones de parados, los contratos
temporales son más del 30%, la mitad de los españoles no
llega a fin de mes, los salarios crecen menos de un tres por ciento, las
rentas agrarias decrecen, miles de pequeñas y medianas empresas
se ven amenazadas de deslocalización o cierre, los jóvenes
no pueden acceder a la vivienda y los que la tienen tendrán que
dedicar la mitad de su salario durante toda su vida para pagar la hipoteca.
Buena parte de estas privaciones y dificultades de los trabajadores, de
los jóvenes y de las clases populares están directamente
cuantificadas como beneficios en las cuentas de resultados de los bancos
y los grandes monopolios. El «festín de los botines»
es pues, en muy buena medida, a costa de los sacrificios del pueblo.
J. Albacete
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Emilio Botín,
presidente del BSCH
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