CATALUÑA La
Comisión de investigación sobre El Carmelo: La comisión de investigación del Carmel ha escondido el 3%, las tramas de corrupción, debajo de alfombras de plomo |
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| Hablaba recientemente Albert Boadella de su incapacidad para «soportar de mis conciudadanos esta mueca que hacen con los labios y que pretende dibujar una sonrisa cómplice entre la élite patriótica (...) se trata de una contraseña indicativa de los preconcebidos nacionales y que también, obviamente, compromete al mantenimiento de la omertá general». Los últimos pasos de la comisión de investigación sobre el derrumbe en el barrio de El Carmelo está saturada de esas «sonrisas patrióticas», entre quienes se reconocen miembros de un mismo clan, y que por ello mantienen, por debajo de las disputas partidistas, las alfombras de plomo que deben esconder la verdad. Un avance de las conclusiones habla sobre las irregularidades cometidas, culpa a unos y a otros, pero nada dice sobre «el 3%», extendiendo un manto de silencio sobre las tramas de corrupción que inundan la política catalana, y que el «desliz» de Maragall sacó a la luz. Por eso se habla de que son unas conclusiones «políticamente correctas, que se cerrarán en falso por lo que se refiere al análisis de la gestión de la obra pública. Muy poco va a sacarse en claro sobre la existencia de comisiones ilegales». ¿Cómo es posible que una comisión de investigación esquive la esencia del delito? ¿A quién quieren engañar? Desde el tripartito primero intentaron minimizar los efectos del desastre («los vecinos podrán volver en pocos días a sus casas»), luego pretendieron imponer un kafkiano control de la información (el conseller en cap, de ERC, impidió el acceso de la prensa a la zona del tunel, incluso a los hoteles donde se alojaban los vecinos desplazados), y ahora han acabado por trazar una línea de fuego para ocultar lo que debe permanecer en las sombras: que debajo de la civilizada escena política catalana se mueve un pantanoso océano de corrupción. Resulta surrealista y vergonzoso que las conclusiones se atrevan a afirmar que el desastre fue producto de «un cúmulo de circunstancias». Se han detectado infinitas irregularidades: falta de previsión sobre el lugar donde hacer la perforación, utilización de materiales más baratos... todo ello consentido por los organismos públicos que debían supervisar las obras. ¿Es eso un «cúmulo de circunstancias» impersonal? ¿O todo daba igual si se trataba de un barrio obrero? ¿Hubiera sucedido lo mismo en el selecto barrio residencial de Pedralbes? Pero, sobre todo, a la hora de cerrar la comisión, ha vuelto a reaparecer la unidad del clan, extendiendo una venda de silencio que tape sus vergüenzas. Los dos grandes partidos catalanes, CiU y PSC, han vuelto a esconder las vergüenzas del 3% con un reeditado pacto de silencio que explica la falta de investigación de tantos escándalos de legislaturas anteriores (como el de las encuestas encargadas por la Generalitat). Y es que si algo ha quedado demostrado –quien calla otorga– es que el cobro de comisiones por parte de los partidos en las adjudicaciones de las obras es una práctica generalizada que no conoce fronteras en la política catalana. Nadie se ha atrevido a «tirar de la manta» porque todos guardan bolsas de dinero en el armario. ERC, el partido de «las manos limpias y la palabra libre» ha callado, negándose a que la Sindicatura de Cuentas de Cataluña tenga opción de fiscalizar los números del Fórum de las Culturas, en cuya organización participó el partido de Carod Rovira como miembro del equipo de gobierno del ayuntamiento de Barcelona. La corrupción en Cataluña –de la que el 3% es una punta del iceberg– adquiere dimensiones colosales, reflejadas en los desorbitados índices de donaciones anónimas que disfruta CiU. No es que los políticos catalanes sean especialmente corruptos, es que las tramas de corrupción, que hacen circular enormes sumas de dinero desde los centros de la economía catalana hacia la política, son el material de un pacto de sangre entre la burguesía catalana y los partidos. Un magma espeso sobre el que se levanta la política catalana, y que mantiene unido al clan. Por eso, ante el escándalo del Carmel, todos han optado por hacer caer pesadas alfombras de plomo sobre lo que constituye uno de los negros «hechos diferenciales» de Cataluña. Joan Arnau |
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