Desde Pakistán
hasta Egipto, desde Indonesia hasta Palestina, decenas de miles de musulmanes
de todo el mundo se han manifestado encolerizados por el trato blasfemo
dado al Corán ––el libro sagrado de su religión–
por los militares norteamericanos como medio de humillar a los presos
islamistas detenidos en Guantánamo. En Afganistán, al menos
17 manifestantes han caído asesinados y centenares han sido heridos
por los disparos de la policía y las tropas norteamericanas mientras
gritaban consignas contra EEUU y George Bush.
Sin embargo mientras las
manifestaciones se extendían como un reguero por el mundo musulmán,
la revista Newsweek (autora de la información que desató
las protestas) acosada por las presiones de la Casa Blanca y del Pentágono
se veía obligada a publicar una rectificación en la que
manifestaba sentir mucho «si había alguna parte de nuestra
historia que estaba equivocada». Pero esto, al parecer, no era suficiente.
24 horas después su director hacía pública una declaración
en la que afirmaba que la revista, «en base a lo que ahora sabe,
se retracta de la información original de que una investigación
militar interna descubrió abusos sobre el Corán en Guantánamo».
Sorprende, cuando menos, la apresurada retractación de la revista.
Sobre todo porque en ella no se desmiente la información inicial
de la profanación del Corán –obtenida por Newsweek
directamente de fuentes del gobierno norteamericano y contrastada con
dos funcionarios del Departamento de Defensa–, tan solo se dice
que, según el Pentágono, en el informe interno citado por
la revista no aparece constatado ese hecho. Un argumento leguleyo que
difícilmente puede borrar las sospechas dado el historial del Pentágono
en el terreno del «respeto» a los derechos humanos de los
prisioneros detenidos en las cárceles de Guantánamo, Abu
Graib o Mazar i Sharif.
Más fiabilidad tiene la hipótesis de que nos encontremos
ante un nuevo episodio de la feroz batalla que la línea Bush mantiene
contra lo que compone uno de los baluartes del sistema democrático
norteamericano: la libertad de expresión y el papel de los medios
de comunicación como un «cuarto poder» con autonomía
frente al poder político. Lo que constituye una de las expresiones
históricas del dinámico juego de contrapoderes económicos
y políticos de clase en que se ha basado su democracia interna,
pero que a medida que los halcones aplican su política agresiva
y belicista se convierte en un obstáculo cada vez mayor para sus
planes de expansión del imperio.
Si en una primera etapa las censuras y recortes a la libertad de expresión
venían principalmente desde fuera (asesinato de Couso y sus compañeros,
bombardeo a la sede de Al-Yazeera en Bagdad, periodistas empotrados en
el ejército, censura militar para las informaciones durante la
guerra,...), ahora el conflicto y las presiones se han trasladado ya abiertamente
al interior del país.
En sólo unos meses, la Casa Blanca ha arremetido contra dos de
las «vacas sagradas» del periodismo norteamericano. En mitad
de la campaña electoral, la difusión de un informe falso
sobre los tratos de favor recibidos por Bush para no ir a Vietnam, facilitado
a la CBS por quien fuera uno de sus instructores militares, permitió
a Bush exigir (y obtener) la dimisión de Dan Rather, el carismático
presentador del telediario de mayor audiencia en EEUU durante décadas
cuyas cámaras lograron mostrar a millones de espectadores sucesos
históricos como el asesinato de John F. Kennedy en Dallas y los
entresijos del caso Watergate, además de la lucha del movimiento
por los derechos civiles o la guerra de Vietnam.
Ahora le ha tocado el turno a Newsweek, semanario célebre, entre
otras cosas, porque sus impactantes fotografías de la guerra de
Vietnam ayudaron a dar un impulso decisivo a la opinión pública
norteamericana contra la guerra de Vietnam.
Aprovechando la ocasión, Donal Rumsfeld no ha tardado en lanzar
una abierta amenaza a la prensa estadounidense para que «cuide»
mucho las informaciones que publica. «La gente ha perdido su vida.
Están muertos» ha declarado con la desfachatez propia del
asesino que culpa a los demás de sus crímenes.
A. B.
|
|