INTERNACIONAL Aprobada
la nueva Estrategia de Defensa Nacional en EEUU: La END es un paso cualitativo hacia el diseño de dictadura militar global que buscan los halcones del Pentágono y el complejo militar industrial |
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¿Cómo una democracia se convierte en una dictadura? La inquietante pregunta ha fascinado desde siempre al pensamiento más avanzado de todas las épocas históricas (Roma, Napoleón, la URSS,...) Y resuena hoy con más fuerza que nunca en el corazón del imperio norteamericano. Especialmente tras darse a conocer la nueva Estrategia Nacional de Defensa (END) de EEUU, un documento de alcance estratégico que viene a desarrollar y completar la Estrategia de Seguridad Nacional de 2002. Si en aquella se asentaron conceptos claves para la línea Bush como la doctrina de los ataques preventivos, la ampliación de la distancia en capacidad militar con el resto de potencias y el relegamiento de las instituciones internacionales en función del «interés nacional de EEUU», en esta se da un paso cualitativo hacia el diseño de conjunto de la dictadura militar global que pretenden los halcones del Pentágono y el complejo militar industrial. El principio de incertidumbre La nueva END parte de una premisa categórica: «Estados Unidos es una nación en guerra». Cláusula que constituye, simultáneamente, la orientación prioritaria para las actividades del Departamento de Defensa, la dirección fundamental de la estrategia militar norteamericana y el principal vínculo de unión para todas las agencias estatales en materia de seguridad. Pero, ¿contra quién está en guerra EEUU? Básicamente contra todo y contra todos. Pues, como señala la END en su argumentación, «la característica que define el actual escenario estratégico es la incertidumbre». Si para los físicos el principio de incertidumbre expresa la imposibilidad de determinar al mismo tiempo y con exactitud la posición y la velocidad de un partícula subatómica, al Pentágono la incertidumbre estratégica le conduce a interpretar los múltiples y novedosos fenómenos surgidos en el tablero mundial tras la Guerra Fría como una ingente sucesión de desafíos y peligros para la hegemonía norteamericana. Lo que exige, en consecuencia, además de extender la presencia de tropas y bases de apoyo militar a todo lo largo y ancho del planeta –a fin de poseer una plena cobertura geográfica y más elasticidad operativa en cualquier teatro de operaciones–, reafirmar el principio de «un-matched» («inigualados») como doctrina básica que exige la absoluta supremacía militar norteamericana. Terreno en el que Washington no tolerará ningún tipo de competidor, ya se trate de fuerzas aliadas (como los países de la OTAN o de la UE) o de potencias abiertamente rivales (China, Rusia,..). La END pone fin a la concepción militar diseñada en la época de Clinton (estar preparados para combatir en dos escenarios distintos) para sustituirla por un objetivo infinitamente más ambicioso. El que la nueva Estrategia Nacional de Defensa llama «plan 1-4-2-1». Esto es, primero estar en condiciones de asegurar la defensa total del país en todos los ámbitos; segundo ser capaces de conducir con éxito operaciones de combate en cuatro regiones distintas al mismo tiempo –Europa, noreste de Asia, Asia Oriental y Medio Oriente/sudoeste asiático–; tercero disponer de los recursos necesarios para derrotar simultáneamente a dos ejércitos enemigos en esas regiones y, cuarto, vencer decisivamente en uno de esos conflictos mediante la ocupación de un país y la sustitución del régimen existente. 4 amenazas, 5 desafíos La urgencia por poner en marcha la denominada «defensa activa» – que implica la reafirmación del concepto de guerra preventiva, es decir, no esperar la «agresión» sino anticiparse a ella– se justifica por el hecho de que «la guerra» en que, según la nueva doctrina Rumsfeld, se halla inmerso EEUU es un conflicto de nuevo tipo, caracterizado por su prolongación indefinida en el tiempo y por su permanente transformación, tanto en los escenarios de combate como en la naturaleza de los enemigos a enfrentar o en los medios de lucha usados por éstos. De acuerdo con ello, el ejército norteamericano debe estar preparado, asimismo, para descargar repentinos «strikes and raids», «golpes y ataques» fulminantes e inesperados capaces de abortar amenazas locales a los intereses de EEUU o sus aliados. La END identifica cinco tipos de amenazas y cuatro grandes desafíos a los que, en el plano militar, se va a enfrentar la hegemonía norteamericana en el futuro inmediato. Las amenazas se localizan, en primer lugar, en los «Estados activos» –los que tienen, potencialmente, capacidad para provocar un desplazamiento geopolítico importante en la distribución del poder mundial– y los «Estados pivote» (los que pueden provocar profundos desplazamientos del poder regional). En segundo lugar los «Estados tapón», aquellos que por sus vínculos específicos políticos y militares con EEUU permiten mantener el status quo en las distintas regiones del planeta. En tercer lugar, los «Estados-problema», conocidos también como «rufianes» por agresivos, extremistas u hostiles a Washington. En cuarto lugar los «Estados fracasados», aquellos que están –o puedan estarlo en un futuro próximo– cercanos al colapso y la implosión. Y, por último, los «actores no estatales significativos», una heterogénea amalgama en la que caben desde grupos terroristas hasta fuerzas guerrilleras o insurgentes pasando por narcotraficantes, etc. En cuanto a los desafíos son catalogados como «tradicionales» (conflictos entre Estados), «irregulares» (derivados del «auge de ideologías extremistas o la ausencia de gobiernos efectivos»), «catastróficos» (los provinentes de «fuerzas hostiles con capacidad de poseer armas de destrucción masiva») y los «disruptivos» (aquellos que surgen del «uso de biotecnologías y de operaciones en el ciberespacio con propósitos militares»). Nuevo paso hacia la dictadura militar global Visto de conjunto, el planteamiento estratégico que desvela la nueva END constituye la piedra angular desde la que la línea Bush pretende levantar la estructura político-militar necesaria para garantizar su hegemonía exclusiva sobre todo el planeta durante las próximas décadas. La imagen, recurrente desde el final de la IIª Guerra Mundial, que presentaba a EEUU como el «gendarme mundial» (es decir, el policía encargado de defender la ley y el orden que necesita para su dominio la burguesía mundial) deja paso a un nuevo concepto en el que «las legiones globales» repartidas por todas las provincias del imperio imponen la ley y el orden dictados por Washington. El proyecto de utilizar su abrumadora superioridad militar –en armamento, doctrina, tecnología, capacidades y presupuesto– para dotarse de un poder incuestionable y alzar un muro infranqueable frente a su rivales se revela con toda su dimensión en la nueva Estrategia Nacional de Defensa. La consideración de EEUU como una «nación en guerra», es el inapelable punto de partida que la fracción más agresiva y expansionista de la burguesía monopolista norteamericana ha encontrado para justificar el continuo recurso a la imposición de un estado de excepción permanente a escala global, el imparable proceso de recorte de las libertades –que comenzó con la Patriot Act, siguió por Guantánamo y ha conducido, por el momento, a un marcaje y persecución implacable de la Casa Blanca a los medios de comunicación y periodistas estadounidenses hostiles a Bush– o la imposición de sus designios a los países aliados. En la búsqueda de una fortaleza y un poder inalcanzable e incontestado, capaz de «blindar» su exclusivo dominio mundial por varias décadas, la línea Bush prosigue dando pasos, cada vez más implacables, hacia la instauración de una auténtica dictadura terrorista mundial, en la esperanza de que con ello conseguirá detener su paulatino pero inevitable declive estratégico. Veremos si en su ambicioso proyecto, y pese a sus aparentes éxitos políticos y militares iniciales, Bush y sus halcones no acaban como Marco Aurelio, el emperador romano que con sus cuatro victoriosas campañas militares que pusieron fin al largo período de la Pax Romana, abocó al Imperio Romano a la aceleración definitiva de los factores que acabarían provocando finalmente su hundimiento. |
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