CULTURA

Tapas

A los directores, Corbacho y Cruz les preocupa, de verdad, el destino de la gente que han convertido en sus personajes

Los enterradores del cine español van a tener que continuar echando paletadas de tierra encima del muerto. Y es que el cadáver, a cuyas exequias asistimos año sí, año también, resulta que está más vivo cuanto más se le entierra. O, dicho de otra manera, cuando menos se le espera, resucita. Y de qué manera. La última resurrección viene de la mano de «Tapas», una película modesta de presupuesto y ambiciones pero rica en talento, que acaba de ganar el Festival de Málaga con todo merecimiento.

Viniendo de donde viene, de dos guionistas y directores nóveles en el cine pero curtidos mediáticamente en la televisión, en la «factoría Buenafuente», las expectativas sugerían una comedia de humor garantizado. La sorpresa es que nos reímos, y de veras, pero ante cine de verdad: una comedia donde la vida se cuela y lo revoluciona todo, abriendo el diapasón de los registros desde la carcajada al llanto y dando a los personajes, sus relaciones y conflictos la hondura, la complejidad y la verdad de la que carecen siempre en televisión. «Tapas» es cine, y no un remedo de televisión. Una película de verdad y no un simulacro de serial televisivo. Rodada en Hospitalet, en el cinturón «charnego» de Barcelona, «Tapas» –que desde el título juega a la ambigüedad: todos van alegremente al bar de tapas, pero también todos tienen algo que «tapar»: lo que les hace infelices– es un relato de vidas cruzadas, un relato del barrio y sus gentes, que se aproxima con descaro a la vida cotidiana de un puñado de vecinos hasta llegar a sus más hondos y escondidos secretos: allí donde anida la fuente de su soledad o su insobornable voluntad de ser y de amar.

Corbacho y Cruz, guionistas y directores al alimón, crean toda una galería –conmovedora– de personajes que si, por un lado, configuran lo que podríamos definir como una película coral, al tiempo -y esto es lo más difícil- logran que cada uno mantenga su perfil propio y definido. Algunos son personajes memorables, como Lolo, el dueño del bar, magistralmente interpretado por Ángel de Andrés, y del que no se nos ahorra ninguna de sus facetas: explotador, avaro, taimado, putero, desconfiado... pero pletórico de humanidad. O Raquel, a quien da vida Elvira Mínguez -premio a la mejor actriz en Málaga-, una mujer treintañera, abandonada por su marido, que se debate entre dos amores secretos: uno por internet y otro al que le dobla la edad, y a la que las impertinencias diarias de sus clientas no desaniman en su desesperada búsqueda de su legítimo trozo de paraíso.

Atravesada por una hilaridad cómica que nunca decae, pero tampoco desbarra en lo chabacano o el chiste fácil, «Tapas» consigue no naufragar en su dificilísimo intento de aunar su voluntad de hacernos reír y su afán de contarnos la amarga verdad. Y lo logra por la única vía posible: porque a Corbacho y a Cruz les preocupa, de verdad, el destino de la gente que han convertido en sus personajes, les preocupa, en fin, la gente del barrio. En definitiva, ellos también son de Hospitalet.

J. Albacete

Ángel de Andrés, explotador, avaro, taimado, putero, desconfiado... pero pletórico de humanidad.

Dirección: José Corbacho y Juan Cruz
Intérpretes: Elvira Mínguez, Ángel de Andrés, María Galiana, Rubén Ochandiano, Alberto de Mendoza.
Género: Comedia dramática.
Duración: 94 minutos.
Nacionalidad: España, 2005.
Premio a la mejor película y a la mejor actriz en el Festival de cine de Málaga 2005.