CULTURA

100x100 Serrat

La nova cançó y la copla, dos vertientes de la música popular para algunos antagónicas pero que en Serrat muchas veces se confunden, se mezclan

Serrat ha vuelto a los escenarios, tras haber superado con éxito un cáncer, y ha demostrado que, más allá de las formas, sus canciones tienen, como pocas, esa capacidad inmediata de conectar con la gente. Si antes de enfrentarse a la enfermedad, el cantautor de Poble Sec se dejó acompañar por una orquesta sinfónica, hoy despoja las mismas canciones hasta dejarlas en su esqueleto esencial.

Una guitarra, un taburete, un suave acompañamiento de piano, y la voz de Serrat, delante de un sobrio escenario. No hace falta más. Y este ejercicio, donde se desnuda la música para dejarla reducida a su expresión más esencial, nos entrega, sin aditamientos, casi sin aliñar, un puñado de temas que han sido escuchados por varias generaciones, que han conmovido en Barcelona y en Madrid, en Lleida y en Santiago de Chile.

Si «Aquellas pequeñas cosas» era ensalzada por García Márquez, «Mediterráneo» ha sido elegida por el público como la mejor canción española de los últimos cincuenta años.

En la primera aparece el zarpazo seco, esas «pequeñas cosas» que «nos hacen llorar cuando nadie nos ve», y en la segunda esa dimensión mediterránea que Serrat ha exhibido allí donde ha ido. Porque Serrat representa, en vivo, esa Cataluña mediterránea, mestiza en su origen –tan orgulloso de su padre catalán como de su madre aragonesa–, en su lengua, profundamente catalán, y desde aquí hasta el conjunto de España, desbordándose en una dimensión americana, con la que mantiene una relación especial.

Algo natural en Poble Sec, el barrio obrero de Barcelona donde nació, donde jamás existió diferencia alguna entre «los de aquí» y «los de fuera». Pero que ha molestado a algunos, en las dos orillas. El Serrat que se enfrentó al franquismo para cantar en catalán, luego tuvo que sufrir los ataques de algunos sectores nacionalistas por cantar también en castellano. El franquismo no podía aceptar el catalán como parte de España, y otros no podían aceptar el castellano como parte de Cataluña.

Recuerdo una anécdota que quizás define mejor que otros hechos ese magma del que surgen las canciones de Serrat. Allá por el año 93 tuve ocasión de contemplar a Serrat, en un lapso de breves días, en homenajes a Ovidi Montllorc, Lola Flores y Juanito Valderrama. Cantó «La fera ferotge», «¡Ay pena, penita, pena!», y «El emigrante». La nova cançó y la copla hermanadas en una misma voz, dos vertientes de la música popular para algunos antagónicas pero que en Serrat muchas veces se confunden, se mezclan. Y con estos ingredientes, junto a una trayectoria inquívocamente de izquierdas, se conforma el «cóctel Serrat».

Las canciones que sonaron, a guitarra, piano y voz, son ya compañeras de viaje imprescindibles de millones de personas. Desde «Paraules d´amor», hasta «Andares», o «Tu nombre me sabe a yerba».

Francesc Ten

Si ««Aquellas pequeñas cosas» era ensalzada por García Márquez, ««Mediterráneo» ha sido elegida por el público como la mejor canción española de los últimos cincuenta años.