CONTRAPORTADA

Las cuatro victorias de la rebelión democrática

El avance de las fuerzas constitucionalistas en las elecciones de mayo de 2001 enterró el Pacto de Estella-Lizarra firmado por el PNV, EA y EB-IU con Batasuna y ETA.

Ganar la calle

El progresivo aislamiento y denuncia de la línea nazifascista y ETA iniciado tras el estallido de Ermua, acabó con la retirada de Arzallus, el representante más significativo de la línea nazifascista, como presidente del PNV, al que han tenido que esconder en el armario.
La derrota de Ibarretxe y su plan en las urnas el pasado 17 de abril es un nuevo triunfo de la rebelión democrática y anti-nazifascista en Euskadi. Los herederos de Arzalllus han perdido 140.000 votos y 4 diputados.

El principal responsable de estas derrotas del nacionalismo étnico y excluyente en Esukadi ha sido el movimiento de rebelión democrática y sus diez años de lucha. Sin la insurrección y la movilización de cada vez más sectores de la sociedad vasca, de profesores y políticos constitucionalistas, víctimas del terrorismo, activistas cívicos... Sin la lucha de miles de vascos encabezados por los Savater, Rosa Díez, Maite Pagaza, Gotzone Mora ...etc. hubiera sido imposible crear las condiciones que han llevado a estas derrotas.

Ahora, cuando existe el peligro de que un Ibarretxe en retroceso y debilitado reciba balones de oxígeno que le permitan si no recuperarse, sí al menos mantenerse en el poder, impidiendo no sólo el cambio de gobierno, sino que se inicie el desmantelamiento del régimen del nacionalismo étnico y excluyente, es del todo necesario recuperar la memoria y las enseñanzas de un movimiento que tiene ante sí un nuevo reto: impedir que Ibarretxe se recupere, interviniendo para que se complete el cambio de gobierno como primer paso para desmantelar el régimen del nacionalistmo étnico y totalitario que los herederos de Arzallus representan.

El asesinato en 1995 del concejal de San Sebastián Gregorio Ordóñez supuso un cambio en los movimientos cívicos que denunciaban el terrorismo en el País Vasco. Lo que hasta entonces era una demanda de «paz», se transformó en una lucha explícita por la libertad. Un reducido grupo de víctimas del terrorismo, periodistas, intelectuales y pacifistas crean la primera ¡Basta Ya!, con el objetivo de luchar por la libertad, demandando y exigiendo responsabilidades a las instituciones del gobierno vasco, a las que acusan de complacencia con la actuación del terrorismo y su entorno.

En 1997, la conmoción que supuso el cobarde asesinato de Miguel Ángel Blanco convocó la mayor movilización popular contra el terrorismo y sus cómplices y el principio de la primera batalla que la rebelión democrática habría de acabar ganando al nazifascismo, la batalla por la calle. Cientos de miles de manifestantes en el País Vasco y varios millones en toda España barrieron a ETA y sus cómplices de las calles.

A partir de aquí nada sería igual. ETA y la kale borroka, a pesar de la permisividad del régimen, acabarían perdiendo la monopolización de la calle, frente a la explosión de las fuerzas de la rebelión democrática. Ni siquiera la ilegalización de Batasuna, EKIN y KAS, consiguen protestas generalizadas. Por el contrario, la rebelión democrática pasa de convocar unos pocos miles en su primera manifestación de 1999 en San Sebastián, a las 150.000 que acuden a la del año siguiente y en las sucesivas.

Enterrar el Pacto de Estella con ETA

El asesinato de Ermua significó además un nuevo impulso organizativo del movimiento de rebelión democrática. El convencimiento de cada vez más ciudadanos vascos de que «el terrorismo nunca sería derrotado mientras permanezca en el poder un nacionalismo que se beneficia de él», lleva a la creación del Foro de Ermua, con el objetivo no sólo de movilizar contra ETA, sino de promover una alternativa política al nacionalismo étnico en el poder. Un reducido grupo de sacerdotes funda el Foro el Salvador.

Pero será la refundación de Iniciativa Ciudadana ¡Basta Ya! en 1999, lo que da un impulso definitivo a la lucha por la libertad y contra el régimen del nacionalismo étnico y excluyente. Víctimas del terrorismo, activistas cívicos, profesores y políticos constitucionalistas populares y socialistas, se proponen que la rebelión democrática gane la batalla por la libertad en la calle y tome la iniciativa política para impulsar la derrota del nacionalismo.

En las elecciones autonómicas de 2001 la unidad de los constitucionalistas, impulsada por la rebelión democrática, con especial implicación del PSE dirigido por Nicolás Redondo Terreros, logra unos resultados históricos, reduciendo la diferencia favorable a los nacionalistas de 28 a sólo 13 puntos. La consecuencia inmediata fue el enterramiento del pacto de Estella.

Aislamiento social de ETA y retirada de Arzallus

La ruptura de la tregua, los asesinatos del destacados miembros de la rebelión democrática como el portavoz socialista en el Parlamento Vasco Fernando Buesa, el miembro del Foro de Ermua José Luis López de la Calle o el de Joseba Pagaza, en medio de declaraciones de los jefes nazifascistas, como Arzallus y Eguibar, amenazando y marcando como «enemigos del pueblo vasco» a los miembros de la rebelión democrática, acentuó aún más la denuncia de la responsabilidad política de estos dirigentes en la falta de libertad en Euskadi y la utilización del terrorismo para sus fines políticos.

Desde la víctimas del terrorismo y las organizaciones como ¡Basta Ya!, se denuncia su connivencia con el terror y la naturaleza totalitaria, nazifascista, del régimen construido por Arzallus y los suyos. Se les califica como «corazones de hielo» (Pilar, la madre de Joseba) o directemtne se les responsabilza, «si algo me ocurre ellos son los culpables (Rosa Díez, eurodiputada socialista).

Es la actuación de la rebelión democrática la que crea las condiciones para la firma del Pacto por la Libertad y contra el Terrorismo, el aislamiento social de ETA, que favorece la acción judicial y policial, y el desprestigio de la línea nazifascista de Arzallus; que junto a los cambios en la situación internacional tras el 11-S, obliga a retirar la cara más dura y ocultarlo apresuradamente en el armario.

Derrota de Ibarretxe y su plan

La línea nazifascista de Arzallus intentará, ante el declive de ETA y el auge del movimiento de rebelión democrática, un nuevo órdago: el plan Ibarretxe; pero la firme denuncia de la rebelión democrática será una vez más la barrera que el nacionalismo totalitario no podrá superar.

Si el plan ha llegado desenmascarado y debilitado a la última fase del proceso, al debate parlamentario y a su derrota electoral, de nuevo ha sido por la labor de denuncia sistemática que se ha llevado desde la rebelión democrática, el desenmascaramiento de su carácter excluyente, a partir de la manifestación de 2003, «No es plan sino chantaje», y luego de los numerosos informes sobre sus consecuencias económicas, sociales y políticas para los ciudadanos de Esukadi y el resto de España.

La rebelión democrática impulsada por personalidades independientes del país vasco, por la línea de Nicolás Redondo y sus continuadores en el Partido Socialista de Euskadi, por los populares vascos y por otros sectores, hemos sido los artífices de las sucesivas derrotas del nacionalismo étnico y excluyente.

Los manifiestos No es cierto, Ahora es el momento, y Sí, hay que decidir, han jugado también un papel decisivo en hacer aflorar la izquierda patriótica y democrática que ha está dando la batalla por la libertad en Euskadi y la unidad del conjunto de España.