NACIONAL - OPINIÓN |
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| Sólo errores Por una vez doy la razón a Tony Blair: hace falta extirpar las raíces del terrorismo. Y son profundas. La primera viene de un hecho incontrovertible: antes de la guerra del Golfo el terrorismo no existía (...). Aunque en Oriente Medio no faltaba el terrorismo, era visto –al igual que entre nosotros– como disputas particulares o entre potencias (...). No era esta efusión de sangre y este miedo entre la gente sencilla, aquella que va a trabajar cada mañana, sintiendo sobre su piel los efectos colaterales de una guerra querida solamente por sus dirigentes contra éste o aquel Estado de Oriente Medio (...) Segunda raíz cierta, la respuesta de EEUU con otra guerra, en Afganistán y en Irak, no podía ser más estúpida y arrogante: el terrorismo ha sido extendido por Al Qaeda, como arma específica de la guerra asimétrica (...) [que] ha mordido, después de un primer atentado en París, mucho más violentamente en Madrid y en Londres (...). Tercera raíz: la locura de hacer una guerra al terrorismo golpeando un Estado, como si se tratase de un ejército regular encerrado dentro de sus fronteras. No sólo no los debilita a ellos, golpea a los inocentes y multiplica sus adeptos (...). “Los capturaremos”, ha dicho Blair. Seguro, pero, ¿a quién?, ¿cómo?, ¿dónde? Tienen más sentido común las agencias de inteligencia cuando dicen que prever uno de estos atentados es imposible. No se pueden registrar todos los autobuses, y los trenes, y los metros. Y a continuación, a todos sus pasajeros. Esta clase de remedios atacan perversamente las libertades civiles. En conclusión, se ha cometido un error detrás de otro. Para extirpar el terrorismo hace falta acabar con las guerras en Oriente Medio (...). Con la paz no tendrían tierra que liberar, agua donde nadar (...). Si se quiere un auténtico papel para Europa debe ser el de deshacer los vínculos con la administración Bush, la más incapaz de las presidencias americanas del siglo, y hacer sentir con una única voz la cruel ineficacia del camino seguido hasta ahora. Es ya tarde, pero es mejor tarde que nunca.
Rossana Rossanda - Il Manifesto - 10-8-2005 Bajo las bombas El brutal ataque terrorista que ayer padeció Londres merece (...). algunas reflexiones políticas sobre la respuesta de las democracias ante situaciones como ésta (...). El jueves negro de Londres y el jueves negro de Madrid tienen la misma firma, se explican por las mismas causas y merecen la misma respuesta (...) el problema con el que tenemos que enfrentarnos es (...) averiguar cómo las sociedades democráticas y abiertas son capaces de defenderse de los integrismos criminales (...). Una primera condición (...) es precisamente el reconocimiento de su carácter internacional, (...) lo que enfatiza la necesidad de recuperar el papel de la ONU y sus instituciones anejas. Por eso es tan grave (...) el tremendo error cometido por la Casa Blanca y sus socios de Londres y Madrid a la hora de lanzarse a la aventura bélica en Asia, de espaldas a la legalidad y sin el asentimiento de sus principales aliados (...). Desde que fue tomada aquella decisión, que ha costado decenas de miles de vidas inocentes, hemos visto debilitarse los organismos supranacionales mientras se perpetraba la profunda división de Europa, se potenciaban los sentimientos ultranacionalistas y los fundamentalismos de todo género, y se sumía a las poblaciones del llamado primer mundo en un ambiente de miedo y desesperanza (...). Éste (...) es un problema
global que demanda respuestas globales. Requiere, por lo mismo, una Europa
política más unida y fuerte, con un liderazgo más
relevante que el que ejerce el antiguo anfitrión de las Azores,
y una cohesión mayor en la defensa de los valores fundamentales
de la democracia frente a los particularismos de unos y otros. Demanda
también una Alianza Atlántica menos sometida al unilateralismo
de la primera potencia mundial y más comprometida con el futuro
de las poblaciones a las que defiende. En definitiva, el mensaje de muerte
de los fanáticos seguidores de Bin Laden pone de relieve la necesidad
de un cambio profundo en nuestras instituciones de gobierno y en las motivaciones
que agitan las pasiones del poder. La Alianza entre Civilizaciones, objetivo proclamado por José Luis Rodríguez Zapatero, puede parecer un programa ingenuo o utópico, pero es el camino adecuado para acabar con la insidiosa amenaza del terror global (...).
Juan Luis Cebrián - EL PAÍS - Madrid. 8-7-2005 |
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