NACIONAL - GALICIA

Formación del gobierno “del cambio”
Galicia, ¿con qué rumbo?

Para Quintana, se trata abiertamente de sumar a Galicia a la estrategia de balcanización peninsular en que están embarcados Maragall en Cataluña e Ibarretxe en Euskadi. A cambio de esto, el BNG ofrece “ser bueno en Madrid” y apoyar a Zapatero.

Las enormes expectativas abiertas en Galicia con la derrota, “en la prórroga”, de Fraga y el PP, han comenzado a enfriarse lentamente conforme aumentan las dificultades y los escollos para que socialistas y nacionalistas gallegos lleguen a un acuerdo de gobierno viable. Las pretensiones nacionalistas de colocar en el centro de la legislatura la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía que consagre a Galicia como “nación” –siguiendo el modelo de Cataluña–, y la exigencia de que se pague a Galicia una “deuda histórica” de 21.000 millones de euros –que no figuraba en su programa electoral– han colocado a los socialistas gallegos en una tesitura crítica. ¿Qué rumbo ha de seguir Galicia? ¿El que marque un gobierno de progreso orientado a la defensa de los intereses del pueblo y la cohesión de España? ¿O un “nuevo tripartito” a la catalana o a la vasca orientado básicamente a balcanizar España?

Intentando establecer el terreno de juego que ha de marcar la próxima legislatura y lo que ha de ser la guía del “gobierno del cambio”, el socialista y candidato a la Presidencia de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, se adelantó a establecer, nada más concluir el recuento del voto emigrante y confirmarse la derrota del PP, que su prioridad no iba a ser la reforma del Estatuto sino un programa de “convergencia” de Galicia con los niveles de vida y de renta de España y de Europa, es decir, un programa basado en el empleo, el desarrollo económico, la mejora de la educación y de la sanidad, la construcción de infraestructuras, etc., o sea, un programa de corte progresista dirigido a corregir la marginación de Galicia y a elevar el nivel de vida de los gallegos. Luego, contemplaba también la idea de una reforma del Estatuto que, dados los resultados electorales y la correlación de fuerzas de Galicia, inevitablemente se ha de consensuar con el PP.

Pero, conforme pasan los días, estas ideas “claves” van siendo contestadas por un BNG que mantuvo resguardado durante la campaña electoral su programa nacionalista, pero que ahora ha decidido colocarlo como elemento “crucial” de la negociación. Esos puntos “cruciales” no son otros que colocar en el centro de la legislatura la constitución de Galicia como “nación”, vía un nuevo Estatuto que lo proclame y configure, y la exigencia del pago de una “deuda histórica” de 21.000 millones de euros, que evidentemente servirían para dotar a Galicia de los instrumentos de “poder nacional” que en Euskadi y en Cataluña ya están tan avanzados. En definitiva, nada de gobierno de progreso ni de cambio. Se trata abiertamente de sumar a Galicia a la estrategia de balcanización peninsular en que están embarcadas Cataluña y Euskadi. A cambio de esto, el BNG ofrece “ser bueno en Madrid” y apoyar a Zapatero.

Este “giro” –por otra parte previsible– del BNG ha colocado, pues, al Partido Socialista en la tesitura de tener que elegir y definirse en un momento crítico. Según Rubalcaba, lo importante es alcanzar “un gobierno estable”, o sea, que lo prioritario es lograr un acuerdo que permita ocupar el poder, y no el programa que se negocie. De ser así, el gozoso advenimiento del cambio podría llegar a convertirse, a corto plazo, en una nueva decepción para Galicia y un nuevo problema para España.

J. Albacete

¿Qué rumbo ha de seguir Galicia? ¿El que marque un gobierno de progreso orientado a la defensa de los intereses del pueblo y la cohesión de España? ¿O un “nuevo tripartito” a la catalana o a la vasca orientado básicamente a balcanizar España?