EDITORIAL INTERNACIONAL

Se inicia el semestre de presidencia británica en la UE
Los proyectos de Blair para Europa

Todos estos años han mostrado cómo el sueño de convertir a Europa en una superpotencia se iba desvaneciendo

Es poco probable que los atentados de Londres puedan suponer algún cambio significativo en la correlación de fuerzas creada en el seno de la UE tras el referéndum francés, el adelanto electoral alemán y el fracaso presupuestario de la última cumbre. Pues aunque políticamente han puesto de manifiesto –de forma brutal– el flanco débil y las dificultades del liderazgo europeo de Blair, al otro lado del Canal de la Mancha tampoco parecen existir las fuerzas capaces de rentabilizarlo en lo inmediato.

Todo apunta, pues, a que la coalición de fuerzas encabezada por Blair tratará de imponer su agenda para Europa durante el próximo semestre. Pero, ¿en qué consiste su proyecto, cuáles son su objetivos?
Acusar a Blair de “traicionar el ideal europeo” o de querer hacer de la UE un simple mercado económico pero sin contenido político puede sonar bien a los oídos de quienes han hecho del proyecto de la Europa franco-alemana su única bandera, pero no se ajusta a la verdad. Él también representa un proyecto político para la UE, sólo que su naturaleza y contenido es abiertamente opuesto al que proponen París y Berlín.

Las propuestas de “cambio y modernización” de Blair para la UE parten de una premisa innegable: la realidad geoestratégica del mundo de hoy es sensiblemente distinta a la que existía cuando –a lo largo de los años 90– se sentaron los pilares básicos en que se ha sustentado hasta ahora la construcción europea. EEUU es la única superpotencia mundial. Y todos estos años han mostrado cómo el sueño de convertir a Europa en una superpotencia se iba desvaneciendo, mientras las ambiciones de algunas potencias centroeuropeas se deslizan peligrosamente hacia el terreno de promover la fragmentación de los viejos Estados nación como medio de adquirir la hegemonía regional.

Habría llegado el momento, pues, de plantearse objetivos más realistas y menos ambiciosos. Mucho más cuando, al mismo tiempo, China y la India están embarcadas en un camino que, en el curso de pocas décadas, las convertirán en las dos economías más grandes del planeta. Y cada una de ellas cuenta con una población que triplica a la de la UE ampliada.

Desde la óptica británica, si las burguesías monopolistas europeas enfrentadas al gran reto de la globalización se empeñan en convertir la UE en una fortaleza resguardada por gruesas murallas proteccionistas, su fracaso está más que asegurado. Por el contrario, propone Blair, para que Europa sea lo bastante fuerte y pueda ocupar su papel en el mundo debe enfrentarse a una doble tarea.

Por un lado reforzar los vínculos con EEUU. Frente a los cambios geoestratégicos y los desafíos políticos y económicos que representan las potencias emergentes, las burguesías monopolistas europeas pueden encontrar –como viene haciéndolo la británica desde el final de la IIª Guerra Mundial– un amplio y sólido terreno de intereses compartidos con la norteamericana. A fin de cuentas, desde su perspectiva, la fuerza política y militar del hegemonismo yanqui es la única garantía para tratar de mantener el orden mundial que asegura la cuota parte de las burguesías europeas en el reparto de la plusvalía mundial. Recomponer las relaciones transatlánticas, renunciando a cualquier tentación de convertir a Europa en un contrapoder a Washington es la alternativa de Blair para que los intereses y las opiniones de la UE sean tenidas en cuenta por el centro del Imperio.

Por el otro, en el frente interno, abordar las reformas necesarias –desde la perspectiva de las burguesías monopolistas– en el mercado de trabajo, en la desregulación de los derechos sociales, en el levantamiento de las barreras proteccionistas, en el desmantelamiento del Estado del bienestar que permitan a sus monopolios y multinacionales reforzar su competitividad en el mercado mundial. Aplicar, a escala europea, las recetas de capitalismo salvaje que en su día aplicara Thatcher en Inglaterra y que sus sucesores han perpetuado en el tiempo: debilitamiento de los sindicatos, recortes sociales, reforzamiento del control y el poder del capital sobre el trabajo asalariado, eliminación de los rasgos más acusados del capitalismo burocrático, liberalización de los mercados, fomento de la competencia interna que permita una mayor acumulación y concentración del gran capital financiero,... El camino, en definitiva, de avanzar hacia un modelo económico y social “a la asiática”, con mayor flexibilización salarial y laboral, despidos más baratos, pensiones más bajas, ampliaciones de la jornada de trabajo, recortes de beneficios laborales y congelación de salarios. Frente al enquistamiento social y el declive económico al que ha conducido a la UE el modelo franco-alemán, Blair propone salir de él dando una nueva vuelta de tuerca a las condiciones de vida y trabajo de los ciudadanos europeos. Una alternativa que, en este terreno, supone para los trabajadores y los pueblos de Europa salir de Guatemala para entrar en Guatepeor.