INTERNACIONAL - SELECCIÓN DE PRENSA

Qué defiende América

Dentro de pocos meses, el Pentágono culminará la revisión cuatrienal de la defensa, en la que debe evaluar las amenazas más probables a la seguridad de EEUU, desarrollar una estrategia para responder a estos peligros y asignar los recursos necesarios entre los ejércitos de la nación. La última vez que fue bosquejada una, hace cuatro años, pocas personas se imaginaban que la amenaza más inminente iba a venir no de cualquier Estado rival sino de una red internacional de terroristas.

Rumsfeld reaccionó para poner al día el documento en las semanas posteriores al 11-S. Pero seguía siendo una reliquia de una era pasada, presidida por nociones de grandes combates de tierra, duelos aéreos, lucha naval de alta tecnología y el escudo de defensa antimisiles. Estas doctrinas del pasado siglo han demostrado estar alejadas de las realidades del siglo XXI. El precio de este desfase es evidente en Iraq, donde la carga de la lucha ha caído en el ejército, las fuerzas de tierra y los marines, fuerzas ni bastante grandes ni equipadas adecuadamente para una ocupación a largo plazo en un ambiente hostil. Los resultados han sido devastadores. El reclutamiento del ejército está en una crisis aguda, las unidades de la reserva se agotan, y el alto mando advirtió recientemente al Congreso que la concentración de una proporción tan grande de recursos militares de tierra en Iraq y Afganistán limita la capacidad del Pentágono de responder a otras amenazas potenciales (...).

Los puntos de partida de la nueva revisión militar deben ser las verdaderas amenazas que muy probablemente enfrentará EEUU (...). Una lista realista de contingencias posibles sobre los próximos años debería incluir un ataque de China continental contra Taiwán, un ataque coreano del norte contra Corea del sur o Japón, una toma de posesión de Al Qaeda del gobierno y de las reservas de petróleo de Arabia Saudita y un golpe de las fuerzas ligadas al terrorismo en un Pakistán con armamento nuclear. Ninguno de ellos parece hoy probable, pero tampoco lo parecían entonces los ataques con aviones a los edificios de oficinas.

The New York Times – Nueva York – 10-7-2005


A EEUU y China no les queda sino cooperar

Henry Kissinguer

(...) Distintos funcionarios, miembros del Congreso y medios condenan las políticas chinas (...) Muchos consideran que el ascenso de China se convirtió en el desafío más importante a la seguridad de los Estados Unidos.

El ascenso de China –y de Asia– generará en las próximas décadas un reordenamiento sustancial del sistema internacional. El centro de gravedad de los asuntos internacionales se desplaza del Atlántico, donde se concentró durante los tres últimos siglos, al Pacífico (...).

El papel emergente de China a menudo se compara con el de la Alemania imperial a principios del siglo pasado, lo cual implica que es inevitable una confrontación estratégica y que los Estados Unidos deben estar preparados para ello. Se trata de una suposición tan peligrosa como errada.

La política estadounidense en Asia no debe quedar hipnotizada por la escalada militar china. No cabe duda de que China aumenta su fuerza militar (...) Sin embargo, incluso según la estimación más alta, el presupuesto militar chino es de menos del 20% del de los Estados Unidos (...).

Cuando China afirma sus intenciones cooperativas y desmiente un desafío militar, expresa más una realidad estratégica que una preferencia. Todo indica que el desafío que plantea China a mediano plazo será político y económico, no militar (...). La agresión preventiva no es una política factible en relación con un país de la magnitud de China.
(...). Los Estados Unidos deben entender que un tono amenazador despierta en China el recuerdo de la condescendencia imperialista y que no resulta apropiado para tratar con un país que lleva cuatro mil años de autogobierno ininterrumpido.

En momentos en que comienza un nuevo siglo, las relaciones entre China y los Estados Unidos bien pueden determinar si nuestros hijos vivirán en un torbellino peor incluso que el del siglo XX o si verán un nuevo orden mundial compatible con las aspiraciones universales de paz y progreso.

The Washington Post – Washington – 4-7-2005