EDITORIAL NACIONAL

Incendio en Guadalajara
De la indignación a la ira

Detrás de cualquier atentado que haya influido en el tablero mundial siempre nos encontramos a centros de poder con intereses y capacidad para ejecutarlo

Las reacciones ante el incendio de Guadalajara pasaron primero de la indignación frente a la magnitud de la tragedia, al estupor ante la falta de prevención y la chapucera respuesta del gobierno, para pasar a instalarse en la ira cuando comprobamos cómo, lejos de plantearse autocríticamente sus responsabilidades y buscar soluciones, las cúpulas políticas se entregaban al enfrentamiento más vulgar.

No es lo mismo la justa indignación de la población –que contempla como, el año pasado en Valencia o éste en Castilla-La Mancha, zonas rurales abandonadas son pasto de las llamas ante la inacción de los gobiernos de turno–, que el esperpéntico espectáculo ofrecido por buena parte de los representantes políticos, empeñados en arrojar las cenizas al contrario con el objetivo de sacar rédito político. Es intolerable que se utilicen necesidades básicas o cuestiones especialmente sensibles, como el agua o los incendios, manipulándolas y exaltando los ánimos de unos frente a otros.

Cualquier cosa provoca ya la división y el enfrentamiento entre comunidades. Si la increíblemente llamada “guerra del agua” arroja a Cataluña y Aragón contra Valencia, o a Castilla-La Mancha contra Murcia, ahora escuchamos denuncias de denegación de auxilio contra Madrid, o en Andalucía se salta reclamando para las zonas incendiadas de esa comunidad las mismas ayudas que ahora se concedan a las comarcas manchegas afectadas. Todo menos plantearse un plan nacional, aunando los esfuerzos del conjunto de España, contra los incendios.

Se ha inoculado, pervirtiendo el proceso de descentralización, que no existe un interés común, sino sólo intereses parciales –de cada comunidad– que hay que conciliar porque están enfrentados. Mientras que por parte de la derecha se persiste en una demagógica carrera de utilizarlo todo para desgastar al gobierno a cualquier precio, alimentando el enfrentamiento y debilitando la misma unidad, cuando se debería fortalecer la cohesión nacional se la debilita. Y mientras las demandas populares, en este caso la exigencia de una política eficaz de prevención contra los incendios, descansan en un cajón.