EL RUIDO Y LA FURIA La
policía londinense asesina a sangre fría a un electricista
brasileño El jefe de Scotland Yard arrojó unas increibles palabras que son una abierta amenaza: “Alguien más podría ser disparado” |
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| Decía Winston Churchill que democracia es que llamen a tu casa a las tres de la madrugada, y tener la tranquilidad de que es el lechero. A día de hoy, en Londres, si tus rasgos faciales, indumentaria o modales, no concuerdan con los estereotipos, cuando la policía se dirige hacia tí un sudor frío te recorre la espalda. Jean Charles de Menezes, un electricista brasileño residente en la capital británica, tuvo la desgracia de no ser blanco y anglosajón, de vestir una chaqueta en verano, y de intentar eludir a la policía porque su tarjeta de estudiante –la que le permitía trabajar para enviar dinero a su familia– había expirado. Con esos elementos, la policía británica enebró la conclusión: se trata de un peligroso terrorista que debe ser asesinado. Y dicho y hecho: le persiguieron, redujeron, y según los testigos, cuando ya estaba en el suelo, le acribillaron con ocho balazos. No se trata de la fechoría de un policía descontrolado de gatillo fácil. Es algo más tenebroso. “Disparar a matar” es la doctrina oficial de la policia británica en la lucha contra el terrorismo. ¿Cuándo se debe disparar? Cuando ellos lo consideren. Todos han lamentado el asesinato a sangre fría de este trabajador brasileño, pero el ministro del Interior británico felicitó después a la policía por su esfuerzo contra el terrorismo. Y el jefe de Scotland Yard arrojó unas increíbles palabras que son una abierta amenaza: “alguien más podría ser disparado”. El asesino confiesa su crimen, se vanagloria de él, y anuncia nuevos cadáveres. Ha vuelto 007 y su licencia para matar. Pero ya no se trata de un romántico e individualista agente que siempre, cómo no, mata a los malos. Ahora es el Estado quien reclama el monopolio de la violencia, y se auto otorga el derecho a asesinar en plena calle. Si la yihad sirve a las castas reaccionarias árabes como coartada de sus barbaries, la lucha contra el terrorismo, en manos de Bush o Blair, justifica los más negros desmanes. Parece que la vida en Londres tiene poco valor para algunos. Al fin y al cabo, detrás de los atentados y de la respuesta del Estado británico, no hay fanatismo religioso ni defensa de la democracia occidental, sino una despiadada lucha por el poder. Bien sectores burgueses árabes, que utilizan Al Qaeda como ejército de choque; bien Blair como adalid complementario de Bush. Y nunca motivos morales relacionados con la vida humana han detenido a los centros de poder. Fransec Ten |
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