NACIONAL - CATALUÑA La
negociación del nuevo Estatuto en cataluña ¿Pero es posible que un personaje políticamente irrelevante como Carod Rovira, que apenas tiene el 16% de los votos en Cataluña, pueda aspirar a determinar los destinos de España, la décima potencia mundial? |
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| ¿Ante la última reunión de Zapatero con Carod Rovira –que volvió a ofrecer una imagen de “negociación bilateral” con el Estado– o el encuentro entre el líder de ERC y Artur Mas, secretario general de CiU –donde ambos acordaron la retirada del Estatut “si Madrid lo desnaturaliza”– han reaparecido las valoraciones que reaccionan ante el “inaceptable chantaje” de los nacionalismos minoritarios. ¿Pero es posible que un personaje políticamente irrelevante como Carod Rovira, que apenas tiene el 16% de los votos en Cataluña, pueda aspirar a determinar los destinos de España, la décima potencia mundial? ¿Puede incluso hacerlo Artur Mas, o antes Jordi Pujol, aunque tengan detrás a La Caixa? Parece evidente que deben haber fuerzas más poderosas interesadas en desestabilizar España, por la vía de la disgregación, y de las que se aprovechan enanos como Carod para adquirir una estatura aparente que no poseen. Se impulsó la reforma del Estatut, desde las élites políticas, cuando ningún clamor social lo había reclamado, argumentando que era una necesidad para el desarrollo de Cataluña. Y ahora, tras dos años de negociación, asistimos al espectáculo de que la propuesta de Estatuto recibe nada menos que 600 enmiendas. ¿Pero no era algo trascendental para Cataluña? Cada vez aparece con mayor claridad que el objetivo de la llamada “vía catalana” no es la de conseguir mayor autonomía y pluralidad, sino la de ser un ariete para una especie de descoyuntamiento dulce de España. Se proclama la condición de Cataluña como nación para negársela a España. Se invocan por parte de CiU unos grotescos “derechos históricos” –que Artur Mas remonta hasta el siglo XIV– como argumento político. Se pretende vaciar al Estado de sus competencias exclusivas, limitando casi a cero su capacidad de intervención en Cataluña. Y se pretende exportar ese modelo a toda España –véase la reforma de la justicia, que coloca los tribunales superiores locales como última instancia–. ¿Y todo eso para qué? No hay una “demanda interna”, apenas el 5% considera las reformas territoriales una prioridad. Lo que hay son intereses ajenos al pueblo, a España, y por tanto a Cataluña. En primer lugar los intereses de las burguesías locales, entre ellas la catalana, para dotarse, invocando la pluralidad, de un mayor control directo sobre lo que consideran “sus dominios”. Y en segundo lugar, una Europa donde los proyectos de dominio de la burguesía alemana avanzan a través de la división de los actuales Estados, adaptando a los tiempos actuales la Europa de los Pueblos hitleriana. Éstas son las poderosas fuerzas que sí tienen la capacidad para amenazar la misma integridad y unidad de España. Son esos intereses de dominio los que han puesto en primer plano los “problemas territoriales”. Son esos proyectos de dominio, basados en la disgregación, los que han arrastrado a Maragall desde la visión de “España como patria común”, que defendía en el 92, a “Cataluña no se siente cómoda en España”. Colocar a Carod Rovira como el impulsor de la “algarabía autonómica” no sólo engrandece al personaje –él sólo puede ser el instrumento, jamás el autor– sino que esconde a los verdaderos responsables. Joan Arnau |
Los “problemas territoriales” que han estallado, primero en Euskadi y luego en Cataluña, no surgen por contradicciones internas, sino impulsados por intereses ajenos al pueblo.
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