NACIONAL - GALICIA

Relevo en Galicia
De entrada, bien

Estas son las dos cuestiones fundamentales que deberán marcar el nuevo periodo: las promesas electorales del PSdeG y lo que los gallegos han dicho votando, que no quieren una deriva nacionalista

Con el relevo de Fraga, que llevaba gobernando desde 1989 al frente de la presidencia de la Xunta de Galicia, por el socialista Emilio Pérz Touriño, se cierra un ciclo histórico. Para el que se abre, Touriño ha prometido que “gobernará para todos y de forma transparente y democrática”.

Pero más allá de las promesas de un discurso de investidura, y por encima de las evidentes contradicciones que encierra un gobierno de los socialistas gallegos con el nacionalismo del BNG, están las dos cuestiones fundamentales que deberán marcar el nuevo periodo.

Por un lado, las propias promesas electorales del PSdeG, ya que Touriño se comprometió a que el desarrollo estatutario no estaría por delante de los problemas fundamentales de Galicia, aquellos que afectan a las condiciones de vida, trabajo y futuro de los gallegos; así como a que cualquier reforma estatutaria se haría siguiendo los límites y el camino marcado por la propia Constitución.

Por otro, las exigencias de los electores gallegos, que castigando el nacionalismo del Bloque (perdieron 40.000 votos y 4 escaños), mientras dejaban al PP al borde la mayoría absoluta –a sólo un escaño–, expresaron claramente que no querían que en Galicia los partidos políticos impusieran una deriva nacionalista frente a las relaciones de unidad, solidaridad y cohesión con el resto de España.

Son estas dos cuestiones las que han de medir la consecuencia del nuevo presidente de la Xunta y del Partido Socialista de Galicia; y, por lo tanto, determinar la posición de los gallegos y del resto de fuerzas políticas ante ellos. Es en este sentido en el que el discurso de investidura de Touriño abre, de entrada, una puerta de confianza.

“Mucho que recibir, pero también mucho que dar”

Los cinco puntos que Pérez Touriño resaltó en su discurso de investidura aparecen, en principio, recorridos por un mismo hilo, la cohesión nacional entre todos los españoles, resumido en esa frase: “Los gallegos tenemos mucho que recibir, pero también mucho que ofrecer”.

Primero: modificación del estatuto para mejorar el autogobierno y seguir progresando, pero “en todo caso, dentro de la Constitución Española”.

Segundo: realzar la presencia de Galicia en España, cooperando con todas las administraciones y con el gobierno central.

Tercero: mejorar la calidad de la democracia, potenciando la participación ciudadana y el control de los poderes públicos, así como atacando los restos del caciquismo y el clientelismo.

Cuarto: lograr un crecimiento económico rápido, sostenible y equilibrado, atendiendo especialmente al empleo estable y de calidad.

Quinto: mejorar los servicios públicos, especialmente en educación y sanidad.

Sexto: Defensa de la lengua.

Prevenciones y exigencias

Sin embargo los cinco puntos desarrollados por Touriño en su discurso de investidura no garantizan, por sí mismos, el futuro. Touriño y el lider del BNG, Anxo Quintana, han sometido sus diferencias al acuerdo de gobierno; pero en el fondo de la chistera han quedado pendientes dos exigencias nacionalistas que pueden condicionar el futuro: la definición de Galicia como “nación” y la reclamación de una “deuda histórica”, cuantificada en 21.000 millones de euros por el Bloque Nacionalista. No por la fuerza del bloque, ni por la presión ciudadana, sino por la posición que adopte el PSdeG.

El otro frente va a estar en dos cuestiones sensibles pendientes de cerrar en los acuerdos de gobierno: cómo se va a ejercer el control sobre los medios de comunicación en manos del gobierno autonómico, especialmente la televisión gallega; y cómo se va a abordar la política lingüística. Por experiencia en Euskadi y Cataluña sabemos que ambas pueden jugar un papel determinante a la hora de fomentar la solidaridad y unidad con el resto de España, o educar en lo que divide y separa.

Todo va a depender de las posiciones de Touriño y el PSdeG. Porque como en Cataluña, lo decisivo no es Rovira y sus triquiñuelas de trilero, para colocar bajo los cubiletes sus acuerdos con Maragall, con Zapatero o con Artur Mas, sino Maragall y el PSC. Aquí no es Quintana. Por eso, exigirles a Touriño y los socialistas fidelidad a sus promesas electorales y consecuencia con lo que han votado los gallegos, es la línea a seguir.

C. Bermeo

Lo decisivo no es lo que haga Anxo Quintana, sino la posición que tome Touriño y el PSdeG.