REPORTAJE CENTRAL

11-S en Nueva York, 11-M en Madrid, 7-J en Londres...
Asesinato en el Orient Express

En cada una de estas acciones los terroristas islámicos han decidido, o al menos lo han pretendido, conducir el tren de los asuntos internacionales en una dirección política acorde a objetivos muy específicos en la lucha por el poder mundial.

11-S en Nueva York, 11-M en Madrid, 7-J en Londres...
La cadena de atentados terroristas islámicos generan un estado de inquietud e inestabilidad crecientes. Muchas son las preguntas a formularse: ¿Existe una relación directa entre la cantidad de inmigrantes musulmanes y los países donde se han cometido estos atentados? ¿Se trata de actos espontáneos? ¿Sus organizadores disfrutan de una especie de franquicia de Al Qaeda? En cualquier caso, ¿Qué es Al Qaeda?... Pero sobre todo, ¿Quién y con qué objetivos está promoviéndolos?

Para despejar el enigma, siguiendo los pasos de nuestra escritora no tenemos otro camino que estudiar a los viajeros del tren y descubrir su relación con el crimen acontecido

La escritora Agatha Christie construye en el libro “Asesinato en el Orient Express” una de sus tramas más conocidas; un hombre ha aparecido muerto en uno de los compartimentos. Una daga ensangrentada, un pañuelo y un papel quemado constituyen las únicas pistas, nadie ha podido salir del vagón durante la noche y el asesino a ciencia cierta se encuentra entre los viajeros; todos ellos son sospechosos. Aplicando un método deductivo que va descartando a los posibles culpables, el detective Poirot descubrirá al asesino.
¿Por qué no seguir los pasos de la escritora inglesa?
Nueva York, Madrid, Londres.... van ya tres asesinatos múltiples en tres capitales occidentales. Y la pregunta a resolver es ¿Quién sale beneficiado del asesinato o tiene alguna vendetta con el muerto?

Todos los crímenes han sido reivindicados en nombre de la Yihad, sin embargo, los suicidas de la Guerra Santa han actuado en cada ocasión con objetivos políticos concretos que interfieren de manera directa en el rumbo de la política mundial, dicho de otra manera, su discurso se impregna de espiritualidad por la conquista del “Más Allá”, pero sus acciones las guían objetivos muy terrenales a los que sólo pueden tener acceso los más importantes centros de poder mundial.

El 11-S en Nueva York desencadenó sucesivamente la guerra de Afganistán, la posterior guerra y ocupación de Irak y la ofensiva desplegada por EE UU para ampliar y consolidar sus dominios en una zona estratégica; principal fuente de materias energéticas y base de operaciones para el control de la emergencia asiática nucleada en torno a China.

El 11-M en Madrid provocó el cambio de gobierno en España agudizando las dificultades de Bush en el camino de su reelección. A sus obstáculos por el empantanamiento en Bagdad y la difusión de las torturas se sumó el reforzamiento de su opositor interno Kerry y del externo Eje franco-alemán, que salió especialmente beneficiado del cambio de alianzas que supuso la elección de Zapatero.

Del 7-J londinense todavía no es posible valorar sus repercusiones, pero a nadie se le puede escapar la coincidencia con la presidencia inglesa sobre la UE y el hecho de que la acción terrorista eligiera actuar el mismo día en el que iniciaba su reunión el G-8, el grupo de países más poderosos de la tierra frente al que algunos aspirantes potenciales podrían estar demandando su representación.

En cada una de estas acciones los terroristas islámicos han decidido, o al menos lo han pretendido, conducir el tren de los asuntos internacionales en una dirección política acorde a objetivos muy específicos en la lucha por el poder mundial. Nadie duda sobre su autoría en los atentados; en cada uno de los magnicidios la muerte llegó por la vía de los fundamentalistas del Corán, sin embargo lo que sí es más que cuestionable es el hecho de que determinados centros de poder mundial en cada caso hayan sido los favorecidos por sus acciones.

Y para despejar el enigma, siguiendo los pasos de nuestra escritora no tenemos otro camino que estudiar a los viajeros del tren y descubrir su relación con el crimen acontecido...


11-S en Nueva York, 11-M en Madrid, 7-J en Londres...
Asesinato en el Orient Express

En el Orient Express mundial vamos todos montados; pero unos ocupan la clase preferente desde la que se dirige la locomotora; otros disfrutan de compartimentos individuales y en ocasiones son invitados al coche-cafetería de los primeros; un aproximadamente 20% de los viajeros vamos a rastras en compartimentos colectivos de tercera clase y el 80% restante se acomoda como puede en los vagones de carga en los que a su vez hay distingos con los que se hacinan en forma similar a la que los nazis transportaban a los judíos.
Hay clases, y en el emblemático Orient Express Mundial siempre han estado presentes.
Pero vayamos a la locomotora y el vagón preferente del tren, allí es donde se ha decidido el crimen y el asesino o asesinos no han podido escapar. ¿Quiénes son sus privilegiados ocupantes?

Los viajeros del vagón preferente

El compartimento de cabeza, con puerta directa a la locomotora está reservado a un petrolero tejano ex combatiente de Vietnam. Acumuló su fortuna en la IIª Guerra Mundial y se mantiene vigoroso y dispuesto a defender su hegemonía sobre la locomotora.
Un anciano mayordomo inglés hace de consejero de modales del tejano, dedicado a contener el carácter que aquél adquirió en la guerra. El británico ocupa el cuarto de servicio contiguo al compartimento principal.
El siguiente compartimento del vagón está ocupado por una pareja franco-alemana. Ella una vieja dama de edad indeterminable se muestra obsesionada en mantener su grandeur. Sus aprietos financieros le llevaron a un matrimonio de conveniencia con un ex oficial de nacionalidad argentina y origen alemán que emigró a Hispanoamérica para ocultar su turbulento pasado nazi.
El compartimento contiguo lo ocupa un fornido hombre ruso al que todos relacionan con la mafia. Vladimir Dragomiroff, ex oficial del KGB, acumuló su fortuna privada traficando con los arsenales exsoviéticos.
El último ocupante del vagón principal es un recién llegado. Su intrusión desconcertó a los presentes. Se trata de un jeque árabe, muy religioso. Pertenece a una de las familias más poderosas de Arabia, pero a diferencia de sus antecesores manifiesta un virulento desprecio a los modos occidentales.
Desde hace un tiempo el vagón suele ser a menudo visitado por un enigmático oriental, un hombre chino que jamás interviene en los habituales rifirrafes en los que suelen enfrascarse el tejano y la vieja madame. Jamás alza la voz.

Conozcamos uno a uno a los viajeros del vagón preferente del Orient Express mundial, el que está colocado justo al lado de la locomotora; el vagón desde el que se puede tener acceso a la conducción del tren y decidir la vía a tomar o la velocidad necesaria.

El compartimento de cabeza, con puerta directa a la locomotora está reservado a un petrolero tejano ex combatiente de Vietnam. Aunque ya entrado en años, es uno de los más jóvenes del vagón. Acumuló su fortuna en la IIª Guerra Mundial y se mantiene vigoroso y dispuesto a defender su hegemonía sobre la locomotora. Sus activos siguen siendo considerables, posee el principal arsenal nuclear de la tierra con una capacidad tecnológica que es la envidia de sus rivales; controla los principales centros de decisión mundial y tiene abiertas delegaciones y sucursales políticas por todo el planeta. Mr Ratchett va siempre acompañado por un anciano mayordomo inglés, consejero de modales y dedicado a contener el carácter que el tejano adquirió en la guerra. El británico ocupa el cuarto de servicio contiguo al compartimento principal.

El resto de viajeros conocen las dificultades del petrolero, su fortuna va mermando progresivamente debido al enorme esfuerzo que exige mantener sus posesiones, mientras algunos de sus rivales multiplican sus activos. Y aunque ninguno de los demás ocupantes pueden aspirar en lo inmediato a desplazar al tejano, aprovechan los momentos en los que sus asuntos lo mantienen atareado para poder acceder momentáneamente al control de la locomotora.

Otro de los compartimentos del vagón está ocupado por una pareja franco alemana. Ella una vieja dama de edad indeterminable se muestra obsesionada en mantener su grandeur. Presume de abolengo, pero las malas lenguas afirman que consiguió su fortuna como madame en los prostíbulos del París ocupado gracias a las buenas relaciones con las SS. Sus continuos aprietos financieros le llevaron a un matrimonio de conveniencia con un ex oficial de nacionalidad argentina y origen alemán que emigró a Hispanoamérica para ocultar su turbulento pasado nazi. Madamme Fouché de Tayllerand y Mr Farben son la pareja más anciana del vagón y mantienen con el tejano contínuas y agrias discusiones sobre la ocupación de las sillas en el comedor principal.

El compartimento contiguo lo ocupa un fornido hombre ruso al que todos relacionan con la mafia. Vladimir Dragomiroff, ex oficial del KGB, acumuló su fortuna privada traficando con los arsenales soviéticos. Sus años de experiencia en los aparatos de inteligencia le han servido para establecer una amplia red de tráfico mafioso con base de operaciones en Marbella. Y suele ofrecer sus servicios, nada despreciables, al mejor postor.

Desde hace un tiempo el vagón suele ser a menudo visitado por un enigmático oriental, un hombre chino que jamás interviene en los habituales rifirrafes en los que suelen enfrascarse el tejano y la vieja madame. Jamás alza la voz. Todos los viajeros se muestran interesados en hacer negocios con él, las relaciones son fluidas, pero sin embargo desconfían cada vez más del ritmo creciente en que va a cumulando su fortuna. Ninguno de los viajeros del vagón principal conoce cuáles pueden ser sus planes.

Pero hay un último ocupante del vagón principal, un recién llegado que subió en una de las últimas paradas del tren. Su intrusión desconcertó a los presentes. Se trata de un jeque árabe, muy religioso. Pertenece a una de las familias más poderosas de Arabia, pero a diferencia de sus antecesores manifiesta un virulento desprecio a los modos occidentales. Se pasea por el vagón recitando versos coránicos y haciendo proclamas incendiarias contra la ocupación que el resto de viajeros mantiene sobre sus posesiones. Dispone de un ejército de suicidas dispuestos a hacer el trabajo necesario para conseguir su parte en la conducción de la locomotora.

Los seis ocupantes de la clase preferente podrían ser potenciales sospechosos del triple crimen múltiple, sin embargo no todos ellos están en condiciones de jugarse su actual colocación en el vagón y aventurarse a ser descubiertos por sus compañeros de viaje.


Las huellas del crimen

Nos encontramos ante una naciente burguesía árabe que cuenta con una acumulación de riqueza estratégica pero está desplazada del poder mundial y reclama por la fuerza su parte

Nueva York, 11-S

El atentado a las Torres Gemelas dio paso a un nuevo periodo internacional caracterizado por la ofensiva norteamericana sobre uno de los lugares más estratégicos del planeta. La posterior guerra de Afganistán contra los talibanes que supuestamente encubrían a Bin Laden y la más reciente guerra de Irak, con la excusa inventada de las armas de destrucción masiva, han puesto de manifiesto que los objetivos del Pentágono y del complejo militar norteamericano resultaron especialmente beneficiados por la acción de los pilotos suicidas.

La historia imperial de los EE UU cuenta con una larga tradición de autoataques que han justificado ante sus ciudadanos el inicio de diferentes aventuras bélicas. En 1989 la falsa acusación contra España por la voladura del acorazado El Maine sirvió de pretexto para declararnos la guerra y anexionarse Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Hoy se sabe que los planes del ataque japonés sobre Pearl Harbour eran conocidos por la inteligencia norteamericana que dejó que se consumara, sacrificando la vida de 2.500 de sus soldados porque se trataba del pretexto idóneo para entrar en la IIª Guerra Mundial. El asesinato de JFK es objeto de sospechas más que fundadas que apuntan a la CIA y los sectores más duros del Pentágono para provocar su sustitución por Johnson, bajo cuyo mandato y con la excusa de otro incidente inventado en el golfo de Tonkin, se inició la escalada bélica en Vietnam.

La historia de la expansión del poder imperial norteamericano está plagada de auto-ataques. En unos casos organizados por ellos mismos, en otros induciéndolos, en otros consintiéndolos. Todos ellos buscando el pretexto idóneo para arrastrar a la sociedad norteamericana a la utilización de la fuerza necesaria para la expansión imperial.

No tendremos datos suficientes para demostrar que la cadena de graves errores de los servicios secretos norteamericanos que permitieron que se consumara el ataque a las Torres Gemelas estuvieran programados, pero sí tenemos la memoria histórica para aventurar la gran probabilidad de que se tratara de un autoataque consentido. Y en cuanto a los potenciales sospechosos de nuestro tren, los suicidas del jeque fundamentalista, descubiertos por los espías del tejano, le habrían servido en bandeja la excusa perfecta para la utilización del potencial militar y el refuerzo de sus dominios.

Ninguno de los demás ocupantes del vagón podrían aventurarse a una provocación de tal magnitud en territorio norteamericano, pero tampoco parece que estuvieran interesados en una operación que, a la postre, acabó favoreciendo la hegemonía del tejano.

Madrid, 11-M

Las mochilas bomba en los trenes de cercanías provocaron un efecto político inmediato de importantes repercusiones internacionales. Nadie en su sano juicio podría pensar horas antes de los atentados que Zapatero ganaría las elecciones; nadie que no tuviera algún indicio de que algo grave iba a reconducir la política española.

El 11-M y su resultado político, es decir, el triunfo de Zapatero el 14-M, fue recogido por las portadas de la prensa norteamericana bajo el epígrafe de “Golpe a Bush” y sin lugar a dudas lo fue. Cualquiera de los enemigos políticos de Bush, o una combinación de todos ellos pudo haber inducido, ayudado o colaborado de alguna forma con los terroristas de Atocha.

El gobierno de Zapatero cumplió con su promesa de retirar las tropas españolas de Irak, rompió la relación preferente que el gobierno de Aznar había sellado con Bush y, según sus palabras, volvió al “corazón de Europa”, es decir al redil del eje franco-alemán, que no ocultó su gozo ante la nueva y dócil actitud española en materias como la Constitución europea.

Las dudas sobre la verdadera autoría intelectual del 11-M siguen sin despejarse. Según las investigaciones los detenidos carecían de la capacidad operativa y del profundo conocimiento de la política española necesarios para la operación. Sin duda alguna fueron el instrumento de algunos mucho más preparados y poderosos con enorme interés en el inmediato cambio de gobierno que provocó.

Las evidencias publicadas que relacionan a los miembros del grupo con los servicios secretos marroquíes apuntan a Francia. La relación entre los servicios secretos del país magrebí y los franceses es tal, que los primeros no dan un solo paso sin la aquiesciencia cuando no ayuda de los segundos. Como dijo el periodista Jesús Cacho: “Difícil imaginar en la ribera del Tigris o las montañas de Afganistán análisis tan fino del inconsciente colectivo hispano como para preparar ese golpe en día tan señalado. Más fácil intuirlo en un despacho a las orillas del Sena. ¿Han tenido algo que ver los servicios secretos franceses, siempre en óptimas relaciones con los iraquíes?”.

Tampoco en esta ocasión contamos con pruebas definitivas, pero lo que resulta impensable es que una acción que interfiere en la correlación de fuerzas mundial pueda ser decidida por un grupo de adoradores del Corán reclutado en los madrileños barrios de Lavapiés y Leganés.
En esta ocasión, no es pensable que el tejano de nuestro tren pudieran haber participado. Las pistas conducen a que quizá el jeque cedió la franquicia de su movimiento suicida al servicio de la vieja madame aliada con parte de los enemigos del norteamericano.

Londres, 7-J

Las causas del atentado londinense, quizá por la proximidad y el hecho de no haber provocado una repercusión inmediata permanecen más ocultas. Aunque el resultado inmediato haya reforzado a Blair, Inglaterra no cuenta con la tradición norteamericana de autoataques. Tampoco resulta probable que los norteamericanos hayan tenido que ver en la operación; pese a los múltiples vínculos que mantienen con el terrorismo islamista Inglaterra es un aliado fiel y fiable al que los estadounidenses difícilmente se propondrían atacar.

París y Berlín podrían estar interesados en atacar a un Blair que amenaza utilizar la presidencia europea para debilitar la ya mermada hegemonía del Eje franco alemán en Europa. Sin embargo, su actual debilidad y la fortaleza de Londres y su alianza preferente con EE UU, no parecen indicar que París pueda haber intervenido en el atentado.

Otro tanto sucede con Rusia, que si bien por un lado podría combinarse en la devolución de favores a sus aliados estratégicos en Europa (Francia y Alemania), por otro su situación de potencia cada vez más mermada por la acción de los norteamericanos no le permite tomar parte activa en una provocación de tal magnitud.

En cuanto a China, nada hace pensar que por el momento pueda estar interesada en dejar de pasar desapercibida y poder proseguir sin sobresaltos su avance económico y político.

Por tanto, si bien las sospechas no serían infundadas en ninguno de los casos, el descarte de sus condiciones particulares apuntan hacia la irrupción de Al Qaeda en el panorama internacional.

Pero, ¿qué es Al Qaeda?

La primera cuestión a despejar es que este movimiento, fundado por la mismísima CIA para combatir a los soviéticos en Afganistán y con cuyo líder, Bin Laden, colaboraron estrechamente, no ha surgido de la desesperación, miseria y opresión que padecen las masas de los países musulmanes. En el mundo hay pueblos mucho más oprimidos que el islámico y no por ello existe una organización terrorista capaz de desplegar acciones a nivel global. La mayor parte de los suicidas que participaron en los atentados de Nueva York y en parte de Londres, no eran los típicos desheredados que no tienen nada que perder y su acción no fue a la desesperada. Muchos de ellos eran cuadros intermedios, universitarios, miembros de ricas familias de los países árabes y su acción estaba totalmente meditada y largamente programada.

Nos encontramos ante la aparición de una naciente burguesía árabe que, si bien cuenta con una acumulación de riqueza estratégica acumulada en su subsuelo, está desplazada del poder mundial. Una burguesía sin todavía forma política ni estado propio y que hemos dado en llamar “burguesía ectoplasmática árabe” ya que carece de los órganos necesarios para estar completamente formada. Pero burguesía al fin y al cabo que como todas ellas han de abrirse paso en un mundo ya repartido de la única manera posible: “a sangre y fuego”. Una clase naciente que está reclamando el lugar que corresponde a su acumulación de riqueza estratégica en el reparto del pastel mundial y que entrega su peculiar tarjeta de visita el mismo día en que se reúne el grupo de países más poderosos de la tierra.

Su proyecto de liberar a la nación árabe de la opresión del imperialismo tiene como objetivo la formación de un nuevo poder bajo su control. Las acciones sanguinarias y despiadadas que les caracterizan son equiparables a las de los nazis, a las de los socialfascistas, a las de los yanquis en Vietnam; utilizan el terror como lo han utilizado todas las burguesías cuyo propósito ha sido abrirse un hueco en la cadena imperialista. Los desheredados de los países islámicos son simplemente utilizados como carne de cañón, a esto se limita su participación en el proyecto.

El último de los viajeros de nuestro tren es por tanto el que por el momento parece acumular el mayor número de probabilidades en los asesinatos de Londres. Ahora le conocemos mejor. No es un loco fundamentalista; al igual que el resto de sus compañeros, ocupa una plaza en el vagón preferente del tren conquistada gracias a la sangre de decenas de miles de inocentes.

Aún así no se puede descartar por completo que alguno o algunos del resto de ocupantes hayan participado. Y es que todos y cada uno de los ocupantes del vagón de la clase preferente han accedido a él y mantienen su plaza a costa de los viajeros que ocupamos el resto de los vagones.

Esta es la conclusión principal de nuestra particular trama sobre el “Asesinato en el Orient Express Mundial”

Beatriz Muñoz