SOCIEDAD - ENSEÑANZA

Sigue subiendo al galope el endeudamiento familiar
Vidas hipotecadas

Abaratar el precio de la vivienda y, para ello, romper con la especulación inmobiliaria es una necesidad prioritaria en nuestro país

La deuda de las familias españolas sigue imparable, sobrepasa por primera vez la barrera de los 600.000 millones de euros, que equivale al 76% del Producto Interior Bruto (PIB) y supone un incremento del 17,7% en relación al mismo periodo del año anterior, según datos del Banco de España.

Hace ocho años, en 1997, la deuda de los hogares era de 222.827 millones de euros, lo que significa que el endeudamiento se ha triplicado desde entonces y no ha parado de crecer en los últimos años.

La mayor parte de este incremento se debe a la subida del precio de la vivienda, que obliga a solicitar préstamos hipotecarios cada vez más altos. De hecho, el Banco de España considera que el motor principal del creciente endeudamiento familiar es la fuerte expansión de la financiación para la adquisición de vivienda, normalmente con hipotecas contratadas a tipos de interés variable.

Según las cifras, el aumento de la deuda de las familias españolas está localizado en los préstamos a largo plazo vinculados en su mayoría a la compra de vivienda. Este año por ejemplo crecieron un 20%. En total los préstamos a largo plazo tienen un monto de 524.584 millones de euros y representan el 86% del total del endeudamiento de las familias.

La especulación inmobiliaria, y con ella el incremento constante del precio de la vivienda, se ha convertido en uno de los principales problemas –si no el principal– de las familias españolas que obliga a hipotecarnos la vida para poder pagar una vivienda digna y en propiedad, pero a todo ello el Plan de Vivienda aprobado recientemente por el gobierno no ofrece ninguna respuesta.

Frente a la especulación –principal problema que debería atajar el Plan de Vivienda– no se propone abaratar el precio de la vivienda sino “fomentar el alquiler” a través de una mega agencia inmobiliaria gestionada por el Estado. Por otra parte, en el Plan las Viviendas de Protección Oficial pueden ser vendidas al doble del precio inicial y en diez años (antes existía un plazo de 30 años para que pudieran salir a la venta) y con ello se sientan todas las bases para que la especulación inmobiliaria se cebe con las VPO. Frente a la imposibilidad de los jóvenes o familias jóvenes para adquirir una vivienda, el gobierno ofrece los inhumanos “mini pisos” entre 30 y 45 metros cuadrados y, además, en alquiler.

Abaratar el precio de la vivienda y, para ello, romper con la especulación inmobiliaria es una necesidad prioritaria en nuestro país. Las medidas superficiales del gobierno no son ninguna alternativa para un problema que se come los ahorros e hipoteca la vida de millones de familias en España.

Arantxa Bueno