INTERNACIONAL - SELECCIÓN DE PRENSA |
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| Todos lo sabíamos tras el 11 de septiembre, y los atentados de Londres y de Charm el-Cheikh, después de los de Madrid, Bali y Casablanca, han venido a confirmarlo: vivimos un período inédito y profundamente desestabilizador, particularmente complejo, que pondrá a prueba la capacidad de nuestras sociedades. Es preciso, pues, intentar tomarle la medida a través de algunas observaciones. 1.- El terrorismo islamista ha venido para quedarse. Sería peligroso hacerse alguna ilusión de que esto no es así. Una de ellas sería imaginar que Francia está a salvo de los terroristas que acaban de enlutar Inglaterra y Egipto (…). 2.- El terrorismo islamista no es reducible a una única causa. Detrás de la acción de estas células autónomas de jóvenes musulmanes sunitas, la generación terrorista que golpea hoy en día, hay una curiosa mezcla de sentimientos que forman un cóctel explosivo (…) Aquí y allá la globalización del modo de vida occidental provoca frustraciones, marginación, alienación, a la vez seducción y rechazo cuando choca con otras culturas (…). 3.- El terrorismo islamista tampoco se puede reducir a los conflictos regionales que tienen como teatro el mundo árabe-musulmán, de Cachemira a Palestina, de Afganistán a Irak (…). 4.- Irak no ha sido, definitivamente, una respuesta al terrorismo. La intervención norteamericana en este país, como los europeos habíamos predicho, no ha hecho más que exacerbar el rencor de los militantes islamistas. (…) Centenares de millones de espectadores musulmanes hacen a los EEUU responsables de las carnicerías diarias que conoce Irak. Se puede discutir la validez del razonamiento, pero no se puede ignorar que ésta es la percepción dominante. 5.- Los occidentales no tienen todas las llaves. Aunque puedan y deban implicarse en la resolución de los conflictos regionales, integrar mejor a sus minorías musulmanas o distanciarse de los regímenes –durante mucho tiempo considerados como amigos– que son otros tantos frenos a la reforma en el mundo árabe-musulmán (…).
Jean-Marie Colombani - LE MONDE - París. 27-7-2005 ¿Licencia para matar? ¿Se puede extender una licencia para matar? Con la pregunta llegamos a un aspecto extremo de las discusiones desatadas por los últimos atentados. En este caso no se trata de preguntar hasta qué punto la seguridad de los ciudadanos justifica una limitación de las libertades individuales y de los derechos de personalidad o restricciones en el libre tránsito y la comunicación. Aquí discutimos sobre el más precioso bien, el respeto de la vida humana (...) Debemos recordar que mucho se ha hablado de la cultura de la vida como límite infranqueable, a favor y en contra. El terrorismo es una negación radical de la vida, que aniquila igualmente a los autores de los atentados y a las víctimas.
LA REPUBBLICA - Roma. 25-7-2005 “Blair se niega a ver relación con Irak” El primer ministro Tony Blair se niega a ver una relación entre la presencia militar británica en Irak y los atentados terroristas en Londres. Con ello quiere expresar que Occidente y sus valores son sólo inocentes víctimas de un ataque frontal en nombre de una “ideología del mal”. (...) Esa aproximación clásica tiene la ventaja de que exime de toda responsabilidad a Occidente. Al Qaeda, al igual que Hitler, no sería entonces un producto de nuestro comportamiento. (...) La historia nos enseña, sin embargo, que Hitler no se hubiera transformado en una figura clave si los tratados de Versalles no hubieran sido experimentados por los alemanes como una humillación. ¿Por qué factores similares, como la situación de los palestinos o la invasión ilegal de Irak no pueden dar impulsos al terrorismo? Tony Blair ha decidido negarlo y optado por vestir el estrecho uniforme del adalid de la guerra.
TRIBUNE DE GENEVE - Ginebra. 24-7-2005
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