INTERNACIONAL Relaciones
EEUU-India Criterios geopolíticos y militares que tienen como centro la contención y el cerco a China impulsan el acercamiento de Washington a India |
|||
| En su visita a Washington de mediados del pasado mes de julio, el primer ministro indio, Manmohan Sing, ha recibido, por primera vez en la historia de las relaciones entre los dos países, el tratamiento que el hegemonismo norteamericano reserva a los aliados prioritarios y de más alto nivel. Tanto los honores formales (intervención en el Congreso, cena en la Casa Blanca,…) como el contenido de los acuerdos firmados indican con claridad que EEUU ha decidido dar finalmente el paso de promover una alianza estratégica entre ambos países. Una cuestión que, tras el 11-S, estaba sobre la mesa, pero en la que hasta ahora sólo se habían producido tímidos escarceos. ¿Qué es lo que busca EEUU con este acercamiento? Algunos medios se han apresurado a relacionar este acercamiento a Nueva Delhi como la constatación de un hecho irreversible: India representa ya la quinta economía mundial y la tercera de Asia. Impulsada por las profundas reformas económicas introducidas en 1991, su economía ha mantenido un veloz crecimiento promedio de 6,1% a lo largo de la última década. Propulsada por el rápido crecimiento de los tres principales sectores de su economía: agricultura, industria y servicios, la “joya de la corona” de la economía india lo constituye, sin embargo, el sector de tecnologías de la información. En el que India produce el 30% del software asociado a internet en el mundo, aportando el 35% de los profesionales de la Nasa y Microsoft, y donde se encuentra la segunda fuerza científica laboral bilingüe del mundo. Se calcula que, de seguir su actual ritmo de desarrollo, la India –un inmenso país de más 1.000 millones de habitantes– será para el año 2050 la segunda economía mundial, sólo por detrás de China y a la par con EEUU. Pero no es esta realidad económica la que impulsa a Washington, sino criterios geopolíticos y militares que tienen como centro la contención y el cerco a China. Una realidad geopolítica Durante todo el período de la guerra fría, la actitud norteamericana hacia la India estuvo presidida por una marcada hostilidad, dado el carácter del país asiático como fundador del Movimiento de Países No alineados y su cercanía a Moscú. Hostilidad acrecentada cuando, desde mediados de los 80, Reagan convirtió a Pakistán –enemigo regional de India, con el que mantiene una violenta disputa fronteriza por la región de Cachemira– en la plataforma desde la que financiar, entrenar, armar y lanzar a muhidayines y talibanes contra el ejército soviético en Afganistán. Sin embargo, tras el 11-S, con el cambio de prioridades de la superpotencia yanqui y el desplazamiento del centro de gravedad de la política mundial hacia Asia provocado por la emergencia de China, la política norteamericana hacia Nueva Delhi ha dado un giro de 180º. Ya en la Cumbre de Shanghai del Foro de Cooperación y Seguridad Asia-Pacífico en noviembre de 2001, Bush impulsó un acercamiento hacia los dirigentes indios. Sin embargo, las condiciones en aquellos momentos todavía no estaban maduras. La necesidad de Washington de concluir con éxito la guerra de Afganistán, base desde la que extender su influencia hacia la estratégica región de Asia Central, obligaba a mantener a Pakistán en un statu quo privilegiado, suministrándole financiación y armamento y haciendo la vista gorda ante el terrorismo de las organizaciones fundamentalistas de Cachemira, históricamente tuteladas por los aparatos de Estado pakistaníes. Alcanzado en lo principal el objetivo del Pentágono de tener presencia militar directa en Asia Central, ahora Washington está en condiciones de “soltar” –al menos parcialmente– el lastre de sus estrechos vínculos con Pakistán y ofrecer a la India una alianza de largo alcance. Su objetivo no es otro que el de promover el fortalecimiento del único país asiático capaz de convertirse a medio plazo en un contrapeso creíble al creciente poderío chino. Estrechando relaciones con la India, Washington espera disponer de nuevas cartas con las que jugar activamente en el tablero asiático. Cuanto más capacidad de influencia disponga sobre Nueva Delhi, mayores posibilidades tendrá de intervenir en las previsibles disputas económicas, territoriales, de liderazgo o por zonas de influencia entre los dos gigantes de Asia. Los términos del acuerdo “No hay prioridad más grande durante el segundo mandato de Bush que el de ampliar y ensanchar nuestras relaciones con India” han declarado funcionarios de la Casa Blanca durante la visita del mandatario indio. Sin embargo, la tradición de independencia y soberanía nacional del coloso asiático no van a ser fácilmente manejables por Washington. De momento los dirigentes indios han situado ya cuatro exigencias para contemplar la seriedad de la posición norteamericana. Por un lado, la revisión de su política de alianzas en la región, en particular el abandono del trato preferencial económico, político y militar a Pakistán. Por otro, el apoyo a lo que constituye el objetivo central inmediato de la política exterior india: ocupar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En tercer lugar, el visto bueno norteamericano para la creación de un oleoducto que, atravesando el sur de Pakistán, lleve el petróleo iraní a la India. Y, por último, la única reivindicación que por el momento Washington ha atendido, la concesión de las mismas facilidades que poseen otros Estados con armamento nuclear: acceso a fuentes de combustible nuclear y transferencia de tecnología para el uso civil de la energía nuclear. Un asunto especialmente sensible para India cuya energía depende en un 97% del gas, petróleo y carbón. Puede que alrededor de estos asuntos pueda existir un campo común de intereses entre ambos países. Pero es bastante más dudoso, sin embargo, que los dirigentes indios vayan a conceder un cheque en blanco para que, con su ayuda, EEUU gane nuevas bazas para preservar su hegemonía mundial. A. Beloki |
Puede que alrededor de bastantes asuntos pueda existir un campo común de intereses entre ambos países. Pero es bastante más dudoso, sin embargo, que los dirigentes indios vayan a conceder un cheque en blanco para que, con su ayuda, EEUU gane nuevas bazas para preservar su hegemonía mundial.
|
||