EDITORIAL NACIONAL

Muy deficiente

El año que Zapatero ha perdido por no abordar estas asignaturas significa que ha seguido profundizándose la precariedad que tanto criticó al gobierno de Aznar

Debajo de cada una de las asignaturas económico-sociales que el gobierno de Zapatero no ha aprobado en el año que lleva gobernando, está destilada la vida de millones de trabajadores españoles, en paro o trabajando, jubilados o en activo, sanos o enfermos, jóvenes y mujeres, que ven como la precariedad sigue arruinando vidas, muchos de sus anhelos e ilusiones; mientras la oligarquía y sus monopolios siguen sumando beneficios en su cuenta de resultados y las burguesías burocráticas de las nacionalidades, insolidaria y excluyente, afila sus exigencias para sacar el máximo beneficio de su extorsión fraccionalista.

Resulta curioso que el editorial del diario El País dedicado al nuevo curso, titulado “Septiembre”, sólo se refiera a las reformas estatutarias y las reuniones previstas de Zapatero con Maragall e Ibarretxe, sin mencionar siquiera las reformas económicas y sociales prometidas pendientes. El año que Zapatero ha perdido por no abordar estas asignaturas significa que ha seguido profundizándose la precariedad que tanto criticó al gobierno de Aznar y castiga a las clases populares y trabajadoras de todas y cada una de las nacionalidades y regiones de España.

Que la reforma laboral esté empantanada significa que la tasa de temporalidad sigue creciendo y llega ya al 33’3%, que los salarios están al nivel de hace diez años, han seguido perdiendo poder adquisitivo, bajando un 0’8% en el segundo trimestre de este año; y que oligarquía y multinacionales están imponiendo en los tajos unas condiciones asiáticas de explotación.

Que el sistema de pensiones siga como estaba supone, entre otras cosas, que tres millones de personas mayores vivan por debajo del umbral de la pobreza con menos de 400 euros de pensión al mes.

Que la política de vivienda haya quedado reducida a convertir la Agencia de Alquiler y los mini pisos de 30 metros en las medidas “estrella” del flamante Ministerio de la Vivienda, quiere decir que se ha venido abajo el sueño de muchas de las familias que aspiraban a una de las 180.000 viviendas dignas y asequibles prometidas en el programa electoral socialista. Pero quiere decir también que la corrupción y la especulación inmobiliaria siguen teniendo campo libre.

Que no se haya cumplido ninguna de las promesas sobre sanidad, sigue dañando gravemente la sanidad pública, que ha continuado deteriorándose en todo el territorio nacional, y la atención sanitaria de millones de ciudadanos, que ahora ven cómo se les amenaza con subirles los impuestos para financiarla, sin que el gobierno central y los autonómicos se comprometan a terminar con la burocracia y las corruptelas que chupan gran parte de los recursos sanitarios.

En la educación, donde Zapatero se ha comprometido en varias ocasiones personalmente con los jóvenes estudiantes, casi nadie confía en que las reformas emprendidas vayan a sacar a la enseñanza española del fracaso escolar en el que se ha metido; ni es consecuente con la promesa de que “la Universidad lidere la sociedad del conocimiento”, con el hecho de que las reformas universitarias se hayan dejado para el curso que viene a partir de 2006.

No se trata de pintar una situación catastrófica, sino de reflejar una realidad que es dura y sangrante para un 60% de la población trabajadora, pero sobre todo se trata de marcar las exigencias a un gobierno que llegó comprometiéndose con el “no nos falles” de la noche electoral y no está en camino de cumplirlo.