EL RUIDO Y LA FURIA

París se quema

Si usted es un negro africano residiendo irregularmente en París en el siglo XXI, las probabilidades de morir abrasado en su vivienda se multiplican

Si usted fuera un negro afroamericano residente en Alabama en la primera mitad del siglo XX, las probabilidades de que su casa, con su familia dentro, fuera quemada por el Ku Kux Klan serían altas. Pero si usted es un negro africano residiendo irregularmente en París en el siglo XXI, las probabilidades de morir abrasado en su vivienda se multiplican. La comparación es pertinente.

Por tercera vez en lo que va de año, el incendio de un inmueble en un céntrico barrio parisino se llevaba por delante la vida de 17 inmigrantes africanos indocumentados, 14 de ellos niños. En sólo 4 meses, hasta un total de 48 inmigrantes han muerto en las mismas circunstancias. Edificios abandonados, en estado ruinoso, sin agua corriente ni electricidad, ocupados por inmigrantes africanos que, al no poseer papeles que regularicen su situación, están imposibilitados para alquilar una vivienda o solicitar ayuda oficial. Y que por ello se ven condenados a vivir con los suyos hacinados en fincas insalubres, verdaderos pozos de miseria en el corazón de la Ciudad de la Luz. Un auténtico infierno donde los techos se caen, las ratas son dueñas de los pasillos y las cucarachas de las cocinas.

Nada de esto es desconocido. El último edificio incendiado había sido objeto incluso de un reportaje televisivo el año anterior. El Ayuntamiento tenía prevista su rehabilitación. Demasiado tarde. Hasta 1.000 inmuebles más se calcula que existen en estas condiciones sólo en el municipio de París. Lo que significa que alrededor de 60, 70 u 80.000 inmigrantes africanos participan diariamente en esta macabra ruleta rusa. Es la otra cara. La del racismo, la explotación y la miseria sin límites. La cara oculta sin la que no sería posible el esplendor del París burgués y cosmopolita.

A. L.