NACIONAL - ENTREVISTA

Entrevista a Félix de Azúa:
«Los "patriotas" catalanes están deseando venderse a quien sea»

Los patriotas catalanes están deseando venderse a quien sea. La célebre “francofonía” impulsada por Maragall es un disparate más a añadir al conjunto de gestos dirigidos a Francia para que nos tome bajo su protección. Durante la guerra civil los vascos trataron de llegar a un acuerdo con Mussolini en Santoña, y los catalanes con Hitler (la delegación la dirigió Heribert Barrera), para convertirse en un protectorado. La genial idea no ha desaparecido.

Félix de Azúa (Barcelona 1944), poeta, novelista, ensayista, doctor en Filosofía y catedrático de Estética en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona es uno de los firmantes del Manifiesto “Por un nuevo partido político en Cataluña”. Políticamente, Félix de Azúa ha sido un referente para amplios sectores de la izquierda “no oficial” de Cataluña por la profundidad de su pensamiento, su independencia de criterio y su afilada capacidad de poner al desnudo a quienes utilizan la idea de Cataluña, considerándose sus propietarios, como una “abstracción metafísica que encubre un juego de intereses reales de los que nunca se habla”. Su activa participación en la publicación del Manifiesto –donde se reclama la creación de un partido político de izquierdas y no nacionalista en Catalunya– la explica él mismo por la inquietud que le produce “la extensión del odio a los españoles y el proyecto de los nacionalistas fanáticos para reproducir en Cataluña la situación vasca”. Reproducimos a continuación un extracto de la entrevista publicada en el número 29 de la revista Chispas.

Chispas.- Según la última encuesta del gobierno catalán, sólo un 5’9% de los catalanes considera prioritaria la reforma del Estatuto, y apenas un 0,4% cree que le afecte personalmente. ¿De dónde viene entonces esa urgencia del tripartito? ¿Por qué tiene tanta relevancia ese 6’3% y tanta irrelevancia el 93’7% restante?
Félix de Azúa.- Ese 6’3% corresponde, más o menos, a la burocracia creada por la Generalitat en los últimos veinte años. Unos 150.000 funcionarios y sus familias, todos ellos cooptados por CiU entre los fieles. A lo cual hay que añadir periodistas (comprados o por libre), locutores, jefes de programa etc. de los medios de comunicación así como los jefes de círculos empresariales integrados en el núcleo nacionalista. Con la llegada de Esquerra y los socialistas, sus diputados deben ampliar la clientela y para ello no tienen más remedio que exigir mayores cotas de poder, es decir, de dinero público (...) En Cataluña el poder económico está muy concentrado (...) Si alguien se tomara la molestia de hacer un mapa económico de Cataluña veríamos hasta qué punto cien personas controlan la totalidad del movimiento económico catalán a través de sus partidos: CiU, PSC, ERC y en mucha menor medida PP. Es exactamente lo mismo que sucede con el PNV en el País Vasco. Es un oligopolio económico.

Ch.- ¿No cree que lo que está ocurriendo hoy en España es que la existencia de 17 marcos paraestatales (las autonomías) ha dado lugar al surgimiento de unas nuevas burguesías burocrático-administrativas, dotadas de un enorme poder local y cuya razón de existencia es arrebatar más y más competencias al Estado central?
F. A.- Exactamente. Supongo que ya debe de haber algún historiador de la economía que esté trabajando sobre el mapa neo-caciquil español, para ver si hay muchas diferencias con el de los tiempos de Maura. Yo creo que el poder de los caciques es el mismo desde el siglo XIX.

Ch.- Se ha convertido en un lugar común hablar del supuesto déficit fiscal de Cataluña con el Estado, pero nadie, o casi nadie, habla del déficit social, del abismo de clase que existe en Cataluña. Y que recurrentemente aparece en estado puro, como en el caso del Carmelo. ¿Por qué de esto último no se dice nada?
F. A.- El poder político catalán existe para proteger a una clase dirigente que figura entre las más reaccionarias de Europa. Ha vivido siempre del proteccionismo y cuando “los de fuera” se han puesto molestos han creado bandas de asesinos a sueldo para matar sindicalistas. Desde el pretendiente austríaco, hasta el carlismo y el franquismo, Cataluña siempre estuvo del lado integrista, es decir, el de los más ricos y totalitarios. Un país no cambia en dos décadas.

Ch.- Lo cual, por otra parte, nos lleva a algo en lo que usted insiste mucho, el nacionalismo como un movimiento transversal para ocultar la existencia de clases. Y sus símbolos identitarios como abstracciones metafísicas para encubrir los intereses reales de quienes se consideran a sí mismos “el clan de los propietarios” de Cataluña.
F. A.- Cualquiera que haya tratado con la clase dirigente catalana sabe hasta qué punto se consideran los únicos propietarios del país. Y eso incluye, no ya a muchos socialistas, sino a bastantes excomunistas. El discurso bondadoso y tolerante con el inmigrante esconde la inmensa hipocresía de considerar inmigrante a un compatriota.

Ch.- Poner en marcha movimientos identitarios de este tipo, y dotarles además de cobertura burocrático-administrativa, ¿no es en perspectiva una amenaza para las libertades y la misma democracia?
F. A.- Es un viejo juego europeo, fracasado en Italia con Mussolini, con Hitler en Alemania, y con cientos de sátrapas menores en los países de segunda categoría. En la actualidad son los ensayos de Haider en Austria, de los nacionalistas padovanos de Bosi, de Le Pen en Francia, de los partidos nacionalistas de extrema derecha en Holanda y Bélgica... En fin, habrá que ver quién gana.

Ch.- ¿No cree que, de alguna forma, la desarticulación política del Estado que se persigue, el enfrentamiento entre regiones, la ruptura de los lazos de unidad y solidaridad se dirigen hacia ese objetivo?
F. A.- En realidad, apenas ha habido un estado, en España, que haya funcionado sin hacer uso de la dictadura. La articulación de los poderes locales se ha mostrado imposible. El problema es que el gobierno socialista parece estar empeñado en debilitar lo poco que queda del Estado. Con esa destrucción sólo pueden ganar los más poderosos.

Ch.- Usted ha dicho que es imposible que “una Cataluña realmente independiente pudiera sobrevivir en el mundo actual, sin ser inmediatamente absorbida por otras naciones más poderosas, como ha sucedido con los países del área soviética”. Y la realidad es que casi todos los países bálticos, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia,... han quedado convertidos hoy en poco más que apéndices de su poderoso vecino germano.
F. A.- Por supuesto que la explosión de la república de Yugoslavia fue propiciada por Alemania. No me cabe la menor duda. Los grandes siempre han dividido a los pequeños. Si a eso se añade que el capital es cada vez menos localizable, más virtual, miel sobre hojuelas.

Ch.- Todos los nacionalistas coinciden hoy en levantar como propia la bandera de la “Europa de los pueblos”. Pero ésta, justamente, ha sido siempre la bandera de la burguesía monopolista alemana –incluso en tiempos de Hitler– para fragmentar los países europeos y someterlos a su influencia. ¿No estamos asistiendo, de alguna manera, a un resurgir del expansionismo alemán y de su viejo proyecto de una “Europa alemana”?
F. A.- Yo diría que ése es el problema que aterra a los ingleses. La política de Blair ha ido siempre en esa dirección: le espanta un continente europeo unificado bajo la dirección de Alemania. Los esfuerzos franceses por imponerse como fuerza mayor son patéticos. En Europa no hay alternativa, o estás con los ingleses, o con los alemanes. Estar con Francia es estar con Alemania.

Ch.- ¿Han considerado la posibilidad de promover una plataforma electoral con un carácter más amplio que integre a personalidades independientes y entidades cívicas y sociales?
F. A.- Estamos todavía sorprendidos por la respuesta ciudadana. Queríamos ir más despacio, pero no sé si podremos.

A. Lozano

La ideología vasca se hace en los caseríos guipuzcoanos, y la catalana en las masías. Si pudieran, los nacionalistas arrasarían Barcelona. Es su mayor obstáculo para acabar con la disidencia.