REPORTAJE HISTÓRICO

Argelia exige que Francia reconozca los crímenes de la colonización
El terror que viene de París

El mismo día que Francia se liberaba del dominio nazi, la burguesía gala aseinaba a miles argelinos que se habían atrevido a reclamar esa misma libertad

Todos conocemos el horror de los crematorios en los campos de exterminio nazis, pero pocos tienen noticia de que, paralelamente, cadáveres de argelinos asesinados por los colonizadores franceses eran incinerados en hornos de cal. El presidente argelino esgrimía este dato para justificar, como condición previa a la firma de un acuerdo bilateral, la exigencia de que París reconociera públicamente los crímenes cometidos como potencia colonizadora. Y es que se han dedicado muchas páginas a conmemorar la liberación de París del dominio nazi, pero pocas a recordar que, el mismo día que la nación francesa festejaba su recobrada libertad, la burguesía gala masacraba en Satif a 45.000 argelinos que reclamaban la independencia.

Los crímenes cometidos por el imperialismo galo, que hoy se perpetúan en Costa de Marfil o en Togo, se han enterrado bajo una alfombra de plomo. Y a esto se une la educación en la apología de las bondades del imperialismo galo que el gobierno de Chirac ha impuesto en todas las escuelas francesas. El pacifismo y el multilateralismo de Chirac termina donde empiezan los intereses de la burguesía gala.

El filósofo francés Paul Ricoeur se declara “perturbado por el inquietante espectáculo de demasiada memoria por un lado y demasiado olvido por el otro”. Y es que la burguesía gala –para mantener el escaparate pseudo pacifista con que esconde sus vergüenzas– ha condenado a toda la nación a la desmemoria. Mientras enfoca las cámaras hacia un Chirac que acaparaba el protagonismo de las conmemoraciones de la liberación nazi, esconde la responsabilidad de las élites galas en la entrega del país al terror hitleriano, cristalizado en la ignominia de Vichy. Y ahora arroja toneladas de censura sobre el hecho de que, el mismo 8 de mayo de 1945 en que se ponía fin al dominio nazi sobre Francia, el Estado galo “liberado” desataba la represión sobre miles de argelinos que se habían atrevido a reclamar la misma libertad que celebraba la metrópoli.

Ese día se celebraron en las principales ciudades argelinas manifestaciones. En Setif, centro de los movimientos por la independencia nacional, la policía pretende retirar todas las banderas y pancartas favorables a la independencia. Ante la negativa, dispara contra la población, iniciando así una brutal escalada de represión.
Al día siguiente, el ejército francés interviene, siguiendo la orden del subprefecto de Setif. La Marina bombardea las localidades costeras, la aviación descarga los proyectiles sobre las montañas donde se han refugiado los indepedentistas argelinos. Hasta 41 localidades son totalmente destruidas, provocando 45.000 muertos. En Chebruil se suceden los fusilamientos masivos. En Guelma, las milicias de colonos, armadas por el ejército, secuestran a la población, los asesinan e incineran los cadáveres. A la Legión Extranjera se le concede carta blanca para la ejecución de asesinatos y violaciones masivas.Ç

La “liberación” que se celebraba en París no podía extenderse a las posesiones imperiales de la burguesía francesa. Y para ello se empleó un terror muy similar al perpetrado por los nazis. Y no sólo en Argelia. Le siguió el bombardeo de Beirut, las masacres en Camerún y Madagascar, o la reconquista de Indochina. Es la diferencia entre quienes habían combatido al nazismo como la expresión más amenazante del imperialismo, y el resto de potencias, como Francia, que mientras se finiquitaba la IIª Guerra Mundial, no dudan en emplear la más sangrienta represión para evitar que el torrente antifascista se desborde hasta cuestionar sus intereses de explotación.

En París supondrá desatar una inmediata batalla para limitar la influencia del partido comunista –columna vertebral de la resistencia–, y en las colonias una intervención militar tras otra para mantener su dominio imperialista.

La «Escuela francesa»

El ejército galo trasladó a la Escuela de las Américas las atrocidades cometidas en Argelia

“Aussaresses llegó a ser instructor de Fort Bragg porque era un especialista. Cuando los norteamericanos pidieron asesores técnicos supongo que el Estado Mayor del Ejército consultó sus listas y designó gente que hubiera estado en Argelia y hubiera tenido la misión de interrogar prisioneros”.
(Pierre Messmer, ministro de de Defensa francés entre 1959 y 1970)

“En Fort Bragg enseñé las condiciones en las que hice un trabajo que no era el normal en una guerra clásica, las técnicas de la Batalla de Argel, arrestos, inteligencia, torturas...”
(Paul Aussaresses, jefe del servicio de inteligencia galo en Argelia)

El rastro de la represión fascista en Hispanoamérica conduce a la casa matriz de Washington, pero la “fuente de inspiración” del terror estuvo en París. La Escuela de las Américas, en Panamá, creada en 1946 por EEUU, es también conocida como la “Escuela para dictadores”. Allí se formaron 60.000 oficiales hispanoamericanos en las técnicas de tortura y “lucha antisubversiva”. Uno de sus profesores eméritos era Roger Trinquier, coronel del ejército francés y principal ideólogo en temas de guerra sucia.

El ejército francés sistematizó y teorizó las prácticas represivas puestas en marcha en Indochina y Argelia, y que luego veremos reproducidas en todas las dictaduras: la tortura sistemática, los secuestros en plena noche, las desapariciones, los vuelos de la muerte... El ejército francés desarrolló los métodos con los cuales el imperialismo se enfrentará a los movimientos revolucionarios con amplio apoyo popular. Basadas en la extensión del terror con el objeto de persegir y asesinar a la estructura de cuadros de lucha y separar la organización del pueblo.

Una extensa red de asesores militares franceses se implantarán en Fort Bragg –sede de los grupos de operaciones especiales yanquis–, e instruirán directamente a casi todas las dictaduras americanas, extendiendo como una mancha de sangre las atrocidadades perpetradas en Argelia.

Apología del presente

A Tartufo se le ha caído la careta. En la genial obra de Molière, se desenmascara al beato religioso mostrando los intereses que su falsa piedad esconde. Varios siglos después, las ambiciones de Chirac-Tartufo autopresentado como referencia contra el unilateralismo de Bush– echan abajo el edificio de su falso pacifismo.

Una reciente ley del gobierno galo obliga, en su artículo 4, a los profesores a “reconocer el papel positivo de la presencia francesa en ultramar, particularmente en Africa del Norte”, además de rehabilitar a los miembros de la OAS –organización terrorista pergueñada por el ejército francés para extender el terror en Argelia–. La “laica y civilizada” enseñanza oficial francesa no puede soportar la “bárbara discriminación” que supone el velo, pero sí es capaz de aguantar la apología del crimén imperialista. Los niños galos serán educados en el “positivo papel” de un dominio imperial francés que sólo en Argelia provocó, desde 1830 a 1962, 3,5 millones de asesinatos.

El historiador francés Liauzu ha denunciado la existencia de un “movimiento evidente de rehabilitación del colonialismo”. Si antes los homenajes a los terroristas de la OAS estaban impulsados por irrelevantes grupos de extrema derecha, ahora hay una ley oficial que los respalda, restableciendo los derechos de asesinos y torturadores confesos e incluso estableciendo indemizaciones para quienes fueron condenados. ¡Y Chirac todavía se atreve a encabezar la denuncia a Bush por pretender impunidad ante el Tribunal Penal Internacional!

Todas estas medidas han provocado una ola de rechazo, pero la denuncia aparece muchas veces desenfocada. No se trata de una rehabilitación del pasado colonial, sino una apología del presente imperialista. Francia sigue perpetrando invasiones, golpes de Estado, genocidios..., en buena parte de sus ex colonias africanas. Dulcificando los antiguos asesinatos, se justifican los actuales crímenes. Educando en el “papel positivo” de la antigua dominación, se prepara el terreno para mantenerla en el presente.

Joan Arnau

Potencias imperialistas como Francia, mientras se finiquitaba al IIª Guerra Mundial, no dudan en emplear la más sangrienta represión para evitar que el torrente antifascista se desborde hasta cuestionar sus intereses de explotación.